Euroviews. Petro:"Es hora de que el Amazonas lidere en transición justa, descriminalización y acción climática"

El Presidente de Colombia, Gustavo Petro
El Presidente de Colombia, Gustavo Petro Derechos de autor Presidency of Colombia/Euronews
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Por Gustavo Petro, presidente de la República de Colombia
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Este artículo se publicó originalmente en inglés

Parece más fácil resignarse a un mundo marcado por constantes catástrofes climáticas que imaginar una realidad en la que nuestras economías y sistemas energéticos se liberen de los grilletes de la industria de los combustibles fósiles.

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En la conferencia de las Naciones Unidas sobre el clima celebrada en Dubai el año pasado, llamé a la crisis climática "la crisis de la vida" y me uní a los Estados insulares para pedir una eliminación equitativa del carbón, el petróleo y el gas.

A pesar de un nuevo acuerdo mundial que señala como solución el abandono de los combustibles fósiles, los Gobiernos y las empresas siguen haciendo caso omiso de los imperativos científicos.

La cruda realidad sigue siendo que la única manera de evitar lo peor del cambio climático es detener la producción de nuevos combustibles fósiles y negociar un proceso justo para eliminar progresivamente su uso, de acuerdo con las recomendaciones científicas.

Es muy lamentable, realmente descorazonador, observar la falta de compromiso con estos principios y con el establecimiento de una transición energética rápida y equitativa.

No es una idea descabellada. Desde que se añadieron las palabras "abandonar los combustibles fósiles en los sistemas energéticos" al acuerdo mundial sobre el clima, el pasado diciembre, Estados Unidos anunció una pausa en la construcción de terminales de exportación de gas natural; Europa puso sobre la mesa el objetivo de reducir sus emisiones en un 90% para 2040 e, incluso, Arabia Saudí frenó sus planes de expansión de la producción de petróleo.

Todas estas son señales de que podemos planificar nuestro futuro sin carbono y de que la transición está en marcha.

La crisis que padecemos no es sólo climática

Mientras Colombia se prepara para acoger la próxima Conferencia de la ONU sobre Biodiversidad, y Brasil se pone al frente del G20 y de las negociaciones de la ONU sobre el clima en 2025 en la COP30, los países amazónicos nos encontramos en una posición única para liderar la acción global en favor de las personas y el planeta.

Al igual que nuestros bosques expiran vida, debemos inspirar a los líderes mundiales para que se fijen como objetivo la retirada gradual de los combustibles fósiles, en la que los países ricos sean los primeros en poner fin a su uso.

El G20 y las próximas negociaciones internacionales sobre el clima son los escenarios ideales para establecer marcos para esta trasición, de manera que permita al mismo tiempo el desarrollo sostenible continuado del Sur Global.

Debemos poner fin al ciclo actual, en el que los segmentos pobres de nuestras sociedades -tanto en el Norte Global como en el Sur Global- se ven obligados a pasar a la clandestinidad, empobreciendo regiones que están esencialmente bloqueadas ante las oportunidades económicas, y nuestros jóvenes humillados por la falta de un trabajo significativo, por peligrosas vías migratorias y por el bautismo de la violencia
Un indígena pasa su mano sobre la bandera brasileña durante las reuniones del Diálogo Amazonas en el centro de convenciones Hangar en Belem, agosto de 2023.
Un indígena pasa su mano sobre la bandera brasileña durante las reuniones del Diálogo Amazonas en el centro de convenciones Hangar en Belem, agosto de 2023.Eraldo Peres/Copyright 2023 The AP. All rights reserved

Dando prioridad al bienestar de nuestros pueblos, protegiendo la biodiversidad y salvaguardando la vida en la Tierra para las generaciones presentes y futuras, podemos inaugurar una nueva era de prosperidad.

La crisis climática no se limita a las preocupaciones del medio ambiente; es una evidente amenaza para el tejido mismo de nuestras sociedades.

Mientras nos desintoxicamos del venenoso goteo de los cárteles del petróleo, también debemos reconocer el flagrante fracaso -y las graves consecuencias- de la llamada "guerra contra las drogas", otra Crisis de Vida para nuestra región.

Medio siglo de "guerra contra las drogas" sólo ha empeorado las cosas

El tráfico ilícito de drogas ha distorsionado la agricultura en toda la Amazonia, ha aumentado la tala de árboles, ha reforzado la minería ilegal, ha acelerado la destrucción del medio ambiente y ha extendido la violencia por toda la región.

Debemos poner fin al ciclo actual, en el que los segmentos pobres de nuestras sociedades -tanto en el Norte Global como en el Sur Global- se ven obligados a pasar a la clandestinidad, empobreciendo regiones que están esencialmente bloqueadas ante las oportunidades económicas, y nuestros jóvenes humillados por la falta de un trabajo significativo, por peligrosas vías migratorias y por el bautismo de la violencia.

Esta es una realidad innegable que ya no podemos permitirnos ignorar. Estas calamidades no son, de ninguna manera, sucesos aislados, sino síntomas de un planeta que se enfrenta a las consecuencias de nuestra adicción colectiva a los combustibles fósiles, y a la implacable deforestación, especialmente en el Amazonas
Trabajadores de rescate señalan un incendio en las laderas de las montañas que rodean Nemocon, al norte de Bogotá, enero de 2024.
Trabajadores de rescate señalan un incendio en las laderas de las montañas que rodean Nemocon, al norte de Bogotá, enero de 2024.AP Photo/Ivan Valencia

Los defensores de un enfoque más severo de la guerra contra las drogas - una desastrosa política con 50 años de edad impuesta sobre nuestra región - no reconocen que poner fin a la prohibición y regular estos mercados de drogas podría ser una solución inteligente con la que todos saldríamos ganando, ya que se abordarían, simultáneamente, los problemas económicos, sociales y climáticos.

Y lo que es más preocupante, la carga de todas estas amenazas, incluidos los devastadores impactos climáticos -desde los mortíferos incendios en Chile y Colombia hasta las sequías de larga duración en Europa y el norte de África y las olas de calor en América Latina y del Sur, que el 16 de marzo provocaron temperaturas de sensación de 62ºC en Río de Janeiro, e incluso las trágicas guerras en todo el mundo- recae desproporcionadamente sobre los hombros de los pobres, poniendo en peligro décadas de progreso en la reducción de las desigualdades.

Podemos forjar el camino hacia un mundo mejor

Esta es una realidad innegable que ya no podemos permitirnos ignorar. Estas calamidades no son, de ninguna manera, sucesos aislados, sino síntomas de un planeta que se enfrenta a las consecuencias de nuestra adicción colectiva a los combustibles fósiles, y a la implacable deforestación, especialmente en el Amazonas.

Este panorama crea un terreno fértil para los peligrosos discursos de las fuerzas antidemocráticas de extrema derecha, que aprovechan el caos para defender el libre mercado y la desregulación como panacea.

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Sin embargo, es más fácil resignarse a un mundo marcado por constantes catástrofes climáticas, que imaginar una realidad en la que nuestras economías y sistemas energéticos se liberen de los grilletes de la industria de los combustibles fósiles.

Armados con conocimientos, tecnología, apoyo popular y una obligación moral, tenemos los medios para forjar un camino hacia un mundo mejor.

Colombia está demostrando que el crecimiento económico, y la mejora de los medios de subsistencia vienen de la mano de la protección de la biodiversidad, la paz y la energía limpia. Esta transición energética, que emana de nuestros bosques vivos, puede crear un efecto dominó, inspirando a otras naciones a seguir nuestro ejemplo.

Juntos podemos superar las limitaciones de la dependencia de los combustibles fósiles y la guerra contra las drogas, adoptando un desarrollo sostenible, integrador e inteligente.

Los beneficios son múltiples: desde la protección del medio ambiente, hasta la creación de mejores condiciones para el florecimiento de la democracia.

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Es hora de que estemos a la altura de las circunstancias. Es hora de que reconozcamos nuestra responsabilidad y actuemos con decisión. El mundo nos observa y las decisiones que tomemos hoy definirán nuestro legado para las generaciones futuras

El Dr. Gustavo Petro Urrego es el 34º Presidente de la República de Colombia.

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