Las nuevas directrices de la Iglesia católica fijan los criterios médicos y éticos para los trasplantes de órganos animales a seres humanos.
La Iglesia católica no se opone al uso de animales como fuente de órganos, tejidos o células para trasplantes en seres humanos y reclama que se apliquen los mismos criterios bioéticos vigentes para cualquier intervención médica.
A medida que avanzan y se generalizan los procedimientos médicos que implican animales, el Vaticano presentó el martes 24 de marzo un nuevo documento de la Pontificia Academia para la Vida en el que se exponen las consideraciones médicas y éticas de estas prácticas.
"La teología católica no establece prohibiciones, desde el punto de vista religioso o ritual, al uso de cualquier animal como fuente de órganos, tejidos o células para trasplantes en seres humanos", señala el documento.
El Vaticano añadió que las cuestiones éticas que plantea el xenotrasplante, es decir, el trasplante de órganos, tejidos o células de una especie a otra, no pueden abordarse sin reflexionar tanto sobre la persona humana como sobre los animales que aportan el material para el trasplante.
Las directrices, elaboradas con la participación de expertos de Austria, Italia, Países Bajos y Estados Unidos, responden al desarrollo de la biotecnología en las últimas décadas, que ha acercado estas innovaciones a su viabilidad clínica.
Aunque el trasplante de órganos se utiliza cada vez más como tratamiento médico, el número de intervenciones está limitado por la escasez de órganos, tejidos y células de origen humano, señaló el Vaticano. Los estudios apuntan a que el volumen de trasplantes de órganos cubre entre el 5% y el 10% de la demanda mundial.
El xenotrasplante ofrecería un suministro ilimitado de órganos, tejidos y células para trasplantes, lo que aliviaría la "crónica" escasez de donantes humanos, señala el texto.
Sin embargo, en el uso de animales el Vaticano subrayó una serie de condiciones. Los procedimientos deben realizarse solo cuando sean necesarios y razonables, deben evitarse las modificaciones genéticas que puedan alterar la biodiversidad y es preciso prevenir el sufrimiento animal innecesario.
Los xenotrasplantes deben minimizar cualquier posibilidad de que el genoma del receptor sea alterado o influido de forma intencional, añadió el documento. "Por ejemplo, es de máxima importancia descartar el xenotrasplante de aquellas células cerebrales asociadas a la cognición desde animales al cerebro de seres humanos si no puede garantizarse la identidad personal del paciente", escriben los autores.
En cambio, los tratamientos celulares en el cerebro destinados a corregir defectos fisiológicos, como la enfermedad de Párkinson, mediante la inyección de células suprarrenales porcinas, es muy improbable que entrañen esa amenaza y podrían considerarse éticamente justificables por parte de la Iglesia católica.