Los científicos descubren nuevas pruebas de que el ejercicio podría ayudar a frenar la progresión del párkinson mediante señales biológicas liberadas por los músculos.
Una revisión publicada en la revista 'Neuroprotection' sostiene que el ejercicio no solo mejora la fuerza, el equilibrio y la movilidad. También estimula la liberación de moléculas conocidas como "exerkines", que viajan por el torrente sanguíneo y pueden reducir la inflamación, proteger las células nerviosas y favorecer el funcionamiento del cerebro. Esto abre nuevas preguntas sobre si los sistemas sanitarios deberían dar mayor importancia a la actividad física como parte de la atención neurológica habitual.
Los investigadores advierten que buena parte de las pruebas siguen siendo preclínicas, pero los resultados apuntan a una comprensión cada vez mayor de cómo el músculo esquelético se comunica con el cerebro.
"Hemos comprobado que las exerkines actúan como mediadores del diálogo entre el músculo y el cerebro", afirmó el autor del estudio, Salomón Páez-García. "Aunque el cerebro controla los músculos, los músculos en actividad envían señales beneficiosas de vuelta al cerebro a través de las exerkines".
La enfermedad de Parkinson afecta a más de diez millones de personas en todo el mundo y se espera que su prevalencia siga aumentando a medida que envejecen las poblaciones. Los tratamientos actuales se centran en gran medida en controlar los síntomas más que en frenar el proceso patológico de fondo, lo que convierte las intervenciones sobre el estilo de vida en un ámbito de investigación cada vez más importante.
Los resultados respaldan además la petición de las asociaciones de pacientes de que el ejercicio se considere un componente central de la atención al Parkinson y no un complemento opcional. Aunque los neurólogos ya recomiendan la actividad física, los servicios específicos de rehabilitación suelen estar restringidos por la falta de personal y la presión sobre la financiación.
Los investigadores procuran no exagerar el alcance de estas conclusiones. La revisión señala que gran parte de las pruebas sobre las moléculas de señalización derivadas del músculo proceden de estudios de laboratorio y en animales, y que todavía hacen falta grandes ensayos clínicos para determinar si actuar sobre estas vías puede modificar la evolución de la enfermedad de Parkinson en las personas.
"Las exerkines están surgiendo como posibles biomarcadores y mediadores de la neuroprotección inducida por el ejercicio, pero se necesitan más estudios de alta calidad", señalaron los investigadores.