Tras la derrota de Viktor Orbán en las urnas y la decisión de Washington de suprimir gradualmente las exenciones al petróleo ruso, aumentan en Bruselas las esperanzas de que por fin se desbloquee un paquete de sanciones contra Moscú.
Durante más de dos meses, una nueva ronda de sanciones de la Unión Europea contra Rusia ha permanecido bloqueada en el ámbito político.
Primero fueron vetadas por Hungría y Eslovaquia debido a una disputa ajena a Ucrania sobre el oleoducto Druzhba. Posteriormente, las turbulencias en el mercado energético provocadas por la guerra entre Estados Unidos e Irán volvieron a poner en cuestión el paquete. Las medidas propuestas, que incluyen una prohibición total de los servicios marítimos para petroleros rusos, siguen, por tanto, a la espera de una resolución.
Sin embargo, los recientes acontecimientos en Budapest y Washington han mejorado de forma repentina las perspectivas, reavivando en Bruselas la esperanza de que el vigésimo paquete pueda desbloquearse en breve.
La contundente derrota del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, el pasado domingo podría transformar el equilibrio de poder y abrir una ventana de oportunidad para levantar los vetos pendientes, tanto sobre las sanciones como sobre el préstamo de 90.000 millones de euros destinado a Ucrania.
Aunque pocos funcionarios y diplomáticos esperan que Orbán, habitual foco de bloqueo dentro de la UE, cambie de postura antes de dejar el cargo en mayo, las expectativas son elevadas respecto a su sucesor, Péter Magyar, que ha prometido adoptar una actitud "constructiva" en la mesa de negociación.
Queda por ver cómo actuará el primer ministro eslovaco, Robert Fico, estrecho aliado ideológico de Orbán, tras este cambio de liderazgo. A diferencia del húngaro, que ha puesto a prueba en repetidas ocasiones los límites de las normas comunitarias, Fico suele optar por el diálogo con otros líderes para buscar compromisos que permitan levantar sus vetos.
Según el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, el oleoducto Druzhba estará reparado "no completamente, pero lo suficiente para funcionar" a finales de mes. La infraestructura resultó gravemente dañada a finales de enero por ataques con drones rusos.
La derrota de Orbán y la reparación de Druzhba podrían reforzar la posición de Fico. El dirigente eslovaco había señalado anteriormente que su principal preocupación no era el contenido de las sanciones, sino la interrupción del flujo de petróleo a través del oleoducto.
La oficina de Fico no respondió a la solicitud de comentarios.
La "irónica" ganancia inesperada de Rusia
Mientras tanto, en Washington, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, anunció que la Administración no concederá nuevas exenciones de sanciones a Rusia, una medida que se había introducido el mes pasado para hacer frente al impacto del cierre del estrecho de Ormuz.
El permiso temporal, que expiró el fin de semana, permitía a otros países comprar petróleo ruso que ya se encontraba en tránsito marítimo. "No renovaremos la licencia general sobre el petróleo ruso, ni la del petróleo iraní", declaró Bessent el miércoles en la Casa Blanca.
La decisión de aliviar temporalmente las sanciones a Rusia había indignado a los países europeos, que la consideraron una medida "unilateral", "equivocada" y "contraproducente" en un momento crítico, en el que Moscú estaba obteniendo beneficios extraordinarios.
El precio del crudo ruso de los Urales ha rondado los 110 dólares por barril (93,41 euros), su nivel más alto en más de una década. Como consecuencia, los ingresos de Rusia por petróleo y productos refinados se dispararon hasta los 19.000 millones de dólares (unos 16.000 millones de euros) en marzo, frente a los 9.700 millones de dólares (8.200 millones de euros) de febrero, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE).
Este incremento ha ayudado al Kremlin a amortiguar una tendencia de estancamiento económico que dejó un déficit de 60.000 millones de dólares (50.900 millones de euros) en el primer trimestre de 2026, muy por encima de las previsiones.
"Consideramos que, en general, cualquier alivio de las sanciones a Rusia en este momento no contribuye a mantener la presión", afirmó el jueves Paula Pinho, portavoz principal de la Comisión Europea. "Resulta irónico que Rusia se esté beneficiando de esta guerra en Oriente Próximo, pero, por irónico que sea, es la realidad".
Pinho expresó su esperanza de que las sanciones se aprueben pronto, citando los recientes ataques mortales de Rusia contra ciudades ucranianas como otro motivo para aumentar la presión.
No obstante, incluso si se levanta el veto y se aprueba el paquete, su elemento central sigue en entredicho. Cuando los embajadores de la UE negociaron las sanciones, acordaron que la prohibición total de los servicios marítimos debía aplicarse en coordinación con los aliados del G7.
Esta medida sustituiría al actual límite de precios del G7, que Bruselas considera obsoleto tras años en los que Moscú lo ha eludido mediante su llamada 'flota en la sombra'. Preguntada sobre si la UE debería esperar a un acuerdo en el seno del G7, por ahora incierto, Pinho dejó abierta la puerta a actuar por su cuenta.
"Si contamos con el apoyo internacional del G7, el impacto será mayor. Siempre tratamos de alinear nuestros esfuerzos", afirmó. "En este caso, seguimos trabajando en esa dirección. Sería el resultado ideal. Si no es posible, veremos cómo proceder".