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La app de verificación de edad de la UE, el esperado 'parche técnico'

Bélgica, la UE e Internet
Bélgica, la UE e Internet Derechos de autor  AP Photo
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Por Evi Kiorri
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Bruselas asegura que su aplicación de verificación de edad ya está lista, pero críticos sostienen que la Comisión llega tarde y se centra en el problema equivocado. La presentación ha desatado un debate sobre su seguridad y eficacia.

La aplicación de verificación de edad de la Comisión Europea permite a los usuarios demostrar que son mayores de 18 años sin compartir datos personales. La presidenta von der Leyen la presenta como una solución gratuita y que da prioridad a la privacidad para las plataformas que tienen dificultades para cumplir las obligaciones de protección de la infancia de la Ley de Servicios Digitales.

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El lanzamiento se recibió con escepticismo. Pocos días después de su debut en abril, un vídeo mostró cómo podía eludirse el prototipo de la aplicación en menos de dos minutos. La Comisión publicó un parche y calificó los fallos de problemas "propios de la fase de prototipo".

Una solución que llega tarde

Para la eurodiputada Christel Schaldemose, ponente del informe del Parlamento Europeo que reclama fijar en toda la UE una edad mínima de 16 años para usar las redes sociales, la aplicación es un paso positivo pero insuficiente, y uno que ha tardado demasiado en llegar.

"Me alegra saber que la herramienta estará lista para usarse pronto. Creo que es un buen primer paso", declaró a 'Euronews', aunque el alivio es relativo. Von der Leyen anunció un grupo de expertos sobre seguridad digital infantil en septiembre de 2024. En abril de 2026, ese grupo apenas había empezado a trabajar.

"De septiembre a abril es bastante tiempo", señaló Schaldemose. "No sé si están retrasándolo a propósito, pero sí creo que van demasiado despacio en este asunto".

El retraso tiene un coste. Los Estados miembros ya han avanzado con sus propias restricciones de edad y normas para las redes sociales. Francia, España, Grecia, Irlanda y otros países están creando exactamente el paisaje fragmentado que la UE pretendía evitar.

"El peligro es que acabemos haciendo muy complicado encontrar soluciones para proteger a los menores y que haya resquicios", advirtió Schaldemose. "Si en Alemania no hay ninguna herramienta de verificación pero sí en Dinamarca, los jóvenes encontrarán muy rápido la manera de usar una VPN. Sin un enfoque armonizado, se debilita la protección de los menores".

"Un apaño técnico rápido"

Las organizaciones que defienden los derechos de la infancia rechazan que el debate se centre en los plazos. La verificación de edad, sea cual sea su diseño, no aborda las verdaderas fuentes de daño a las que se enfrentan los menores en internet.

Francesca Pisanu, responsable de incidencia ante la UE en Eurochild, valora que exista una infraestructura de la Comisión en lugar de depender solo de empresas privadas. Sin embargo, considera problemática la forma en que se plantea la aplicación.

"La aplicación no debe verse como una solución mágica, sino como una herramienta dentro de un enfoque mucho más amplio basado en los derechos de la infancia", afirmó. "Si se presenta como la solución, existe un riesgo real de que se convierta en un apaño técnico rápido para un problema estructural".

Ese problema estructural, según Eurochild, no es el acceso de los menores a las plataformas, sino las propias plataformas. Los sistemas de recomendación, la publicidad basada en el comportamiento, la optimización de la interacción y los diseños adictivos son los mecanismos que generan el daño. Una aplicación que solo comprueba la edad del usuario a la entrada deja todo eso intacto.

Pisanu considera que el debate público se centra demasiado en el acceso de los menores y muy poco en el diseño de las plataformas. Restringir el acceso no aborda los sistemas perjudiciales.

Privacidad: una promesa aún no demostrada

La Comisión insiste en que la aplicación cumple "los estándares de privacidad más altos". Los usuarios verifican su edad con un pasaporte o un documento de identidad, pero la plataforma solo recibe una confirmación de sí o no, no su nombre, ni su fecha de nacimiento ni ningún otro dato personal. El diseño utiliza pruebas de conocimiento cero y es de código abierto.

Los defensores de la privacidad siguen sin estar satisfechos. Los documentos de identidad deben escanearse, las integraciones de terceros amplían la posible exposición de datos y unos tokens o registros mal gestionados pueden vincular a los usuarios entre distintas plataformas. La Comisión no ha respondido de forma directa a estas objeciones.

Schaldemose, por su parte, está menos preocupada por la privacidad que antes. "Hace dos años quizá habríamos tenido algunos problemas de protección de datos, pero las herramientas que se han desarrollado hoy están concebidas de manera que abordan ese problema", afirmó. "No creo que tengamos que tener miedo a la privacidad".

Pero añade una advertencia contundente. "Si tanto miedo te da, entonces no deberías usar las plataformas, porque tienen tus datos seas quien seas".

Pisanu marca una línea roja. Cualquier sistema de verificación de edad debe ser "respetuoso con la privacidad, fiable, robusto, preciso, proporcionado y estar respaldado por garantías más amplias. Si no, la atención se desplazará hacia el control de acceso mientras se ignoran los modelos de negocio y los diseños de las plataformas que están en el núcleo del riesgo".

Las plataformas siguen siendo el problema

Los expertos coinciden en que Bruselas no acaba de reconocer que la responsabilidad principal recae en las plataformas, pese al tiempo del que han dispuesto para demostrar que están a la altura.

"Saben que es perjudicial y deberían dejar esas prácticas ya hoy", dijo Schaldemose sobre las funciones de diseño adictivas. "Ganan bastante dinero, es evidente, basta con mirar sus beneficios. Así que creo que pueden permitírselo".

Pisanu recuerda que las empresas tecnológicas diseñan estos entornos y se benefician de ellos. "La responsabilidad debería recaer ante todo en las empresas tecnológicas, porque ellas diseñan estos entornos y se benefician de ellos", señaló. "Los padres pueden desempeñar un papel crucial, pero no se les puede exigir que asuman la responsabilidad principal de gestionar riesgos creados por potentes sistemas comerciales".

La aplicación de la Comisión podría facilitar el cumplimiento y reducir la exposición de datos. Pero, sin normas vinculantes sobre el diseño de las plataformas, la transparencia algorítmica y la rendición de cuentas, y sin un marco obligatorio y unificado que sustituya al mosaico de leyes nacionales, seguirá siendo un apaño técnico y no una estrategia política completa.

Como resume Schaldemose, "no podemos seguir esperando una señal de la Comisión sobre lo que piensa hacer".

Se espera que la aplicación europea de verificación de edad esté disponible para su descarga pública antes del verano de 2026, con integraciones en monederos digitales previstas en Francia, Dinamarca, Grecia, Italia, España, Chipre e Irlanda.

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