Entre sedimentos del mar del Norte, unos investigadores han descubierto restos genéticos de un árbol que se creía extinguido desde hace 400.000 años. Los hallazgos apuntan a una Doggerland sorprendentemente verde: una posible 'Atlántida del mar del Norte'.
Entre miles de muestras de sedimentos del lecho marino del mar del Norte apareció de repente algo que sencillamente no debería estar ahí: rastros genéticos de un árbol que se consideraba extinguido en el noroeste de Europa desde hacía al menos 400.000 años. El wingnut tree, Pterocarya en latín, estaba de vuelta, al menos en los datos que los científicos acaban de publicar en un artículo.
Para el equipo de investigación dirigido por Robin Allaby, de la Universidad de Warwick, el descubrimiento fue inicialmente difícil de creer. Y siguieron otros descubrimientos: hace más de 16.000 años, en plena última glaciación, ya crecían robles, olmos y avellanos en la zona del Mar del Norte. Los investigadores se refieren ahora a la zona como una posible 'Atlántida del mar del Norte'.
En el territorio continental británico, estas especies arbóreas sólo pueden rastrearse en grandes cantidades entre 10.500 y 9.500 años antes de la actualidad. Por tanto, Doggerland estaba poblada de bosques miles de años antes que su vecina Europa.
Doggerland hace referencia a la zona donde hoy se encuentra el mar del Norte: una enorme masa de tierra que conectaba Gran Bretaña con el continente europeo. Hace unos 8.000 años, la gente vivía, cazaba y pescaba aquí, hasta que el aumento del nivel del mar inundó la tierra poco a poco.
Jabalíes hace 16.000 años
Los científicos saben desde hace un siglo que Doggerland era una zona boscosa. Pero hasta ahora no se sabía con exactitud cuándo se formaron los bosques ni si la zona era habitable antes que la Europa circundante.
El equipo de investigadores analizó 252 muestras de sedimentos procedentes de 41 testigos de perforación que atraviesan el sistema fluvial meridional, un río reconstruido que antaño fluía por el sudeste de Doggerland. Su método: ADN sedimentario antiguo, o sedaDNA para abreviar. Este método permite extraer material genético de las capas de sedimentos y reconstruir así la flora del pasado.
El árbol de las alas también aparece en los datos. La conclusión de los investigadores: Pterocarya estuvo presente en esta región hasta la última glaciación. Por tanto, su extinción final en el noroeste de Europa se produjo mucho más tarde de lo que se suponía.
Detrás de este hallazgo se esconde un viejo problema científico conocido como la paradoja de Reid: ¿cómo pudieron las especies arbóreas recolonizar el norte de Europa tan rápidamente tras la Edad de Hielo si su ritmo natural de dispersión no fue realmente suficiente? El nuevo estudio aporta una posible respuesta: retiros septentrionales, los llamados refugios, en los que las plantas sobrevivieron a los periodos fríos y volvieron a expandirse desde allí en una fase temprana. Doggerland puede haber sido precisamente un refugio de este tipo.
El bosque estaba acompañado de fauna: hay pruebas de jabalíes de hace 16.000 años, un indicio de un hábitat que podía ser utilizado por los humanos. Esto sitúa a Doggerland en el punto de mira como posible lugar de asentamientos humanos tempranos, mucho antes de que se hicieran tangibles las culturas más antiguas conocidas de la región.
Una piedra de martillo recuperada recientemente en la región apunta en la misma dirección: es el primer hallazgo arqueológico recuperado en esta zona. Queda por saber a qué cultura pertenece. Pero el equipo de investigadores está convencido de que se producirán nuevos hallazgos.