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La UE estudia la iniciativa Un billete, un viaje para revolucionar el tren low cost en Europa

Unión Europea, 2025
Unión Europea, 2025 Derechos de autor  EC - Audiovisual Service. European Union , 2025
Derechos de autor EC - Audiovisual Service. European Union , 2025
Por Evi Kiorri
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La propuesta de la Comisión Europea propone un sistema para que reservar viajes transfronterizos en tren sea tan sencillo como volar. ¿Busca así recortar distancias con los vuelos de bajo coste?

Para toda una generación, los vuelos por 19,99 euros eran casi la norma. Compañías como Ryanair no solo trasladaban a las personas, también acortaban las distancias percibidas. Estudiar en el extranjero pasó a ser algo habitual y las escapadas de fin de semana a ciudades como Lisboa se hicieron de lo más comunes. Como resultado, Europa se percibía más pequeña y el propio concepto de ser europeo fue cambiando.

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Ahora la Comisión quiere que el ferrocarril impulse esa misma transformación, no tanto gracias al precio como por la comodidad. Sin embargo, Bruselas ha presentado su iniciativa Un viaje, un billete, un paquete de normas que permitirá buscar, reservar y pagar un viaje en tren transfronterizo operado por varias compañías en una sola operación, con todos los derechos de los pasajeros cubriendo el trayecto completo si algo sale mal.

Bruselas se mueve con determinación. El transporte es el único sector de la UE en el que las emisiones siguen aumentando. El 60% de los europeos renuncia a reservar billetes de tren porque el proceso es un laberinto, según la organización Transport & Environment.

"Tenemos la mitad de las rutas que se pueden hacer en avión sin ninguna conexión en tren", afirma Lena Schilling, eurodiputada verde implicada en las discusiones parlamentarias. "Y luego decimos a la gente que siempre puede elegir. Pero la verdad es que todavía no es así".

Los fallos son elementales. Los pasajeros españoles no pueden reservar en su propia aplicación el tren directo París-Barcelona. Los viajeros entre Viena y París se ven obligados a desviar la reserva a través de Alemania. No se trata de problemas de infraestructuras, sino de billetes y de coordinación.

La comparación con las aerolíneas de bajo coste es real

Las aerolíneas de bajo coste reconfiguraron la movilidad en Europa, convirtieron en algo rutinario los desplazamientos transfronterizos para ir a trabajar, los intercambios Erasmus y las escapadas de fin de semana. Las relaciones personales, las carreras profesionales y la vida social se extienden hoy con naturalidad más allá de las fronteras.

La Comisión confía en que el tren pueda provocar el mismo cambio psicológico, no solo modificando la forma de viajar, sino también lo que la gente considera posible.

Alberto Mazzola, director general de la Comunidad de Empresas Ferroviarias y de Infraestructura Europeas (CER), asegura que los operadores ferroviarios están avanzando y advierte a Bruselas contra la tentación de ir demasiado rápido.

"En Alemania, Deutsche Bahn vendió un 75% más de billetes internacionales en los tres primeros meses de este año que en el mismo periodo del año pasado", explica. "Estamos cumpliendo. El estándar para intercambiar datos de billetes entre operadores se aprobó a finales del año pasado, tras cuatro años de trabajo y una inversión de casi 1.000 millones de euros en el mercado europeo".

Lo que le preocupa es que la propuesta obligue a los operadores a compartir sus datos de billetes con plataformas de terceros.

"¿Obligaría usted a todos los hoteles a facilitar sus ofertas a Google?", plantea. "En cuanto una plataforma se vuelve dominante, fija las condiciones. Es lo que ocurrió con Booking.com. Pedirá márgenes más altos y eso significa billetes más caros".

El argumento refleja una tensión real en la propuesta, la Comisión quiere la simplicidad de un sistema de reservas unificado sin reproducir los monopolios que hoy dominan las plataformas de viajes y alojamiento en línea.

Schilling no se deja convencer por las objeciones de los operadores. "La mayoría de los operadores ferroviarios reciben dinero público", señala. "Así que el argumento de la libertad de mercado es engañoso cuando tu producto ya se financia con los impuestos de los ciudadanos. Los trenes son un bien común, como las carreteras. La cuestión es qué papel queremos que tenga el transporte en nuestra sociedad".

Una reforma de billetes por sí sola no transforma el ferrocarril europeo

Europa ha perdido en torno a 12.000 kilómetros de líneas ferroviarias desde 1995 mientras la red de autopistas se expandía. El continente sigue funcionando con unos 30 sistemas nacionales de señalización, redes eléctricas diferentes y normas técnicas que complican los servicios transfronterizos. Obtener la autorización para que un tren nuevo circule en rutas internacionales puede llevar años.

"Primero está la infraestructura, luego los trenes y después los billetes. No se empieza por los billetes", sostiene Mazzola.

Schilling coincide en que la inversión en infraestructuras debe llegar, pero defiende que facilitar la compra de billetes es un primer paso imprescindible.

"Si los precios del tren bajan y el acceso es más sencillo, más gente lo utilizará. Esa es la idea. No es solo algo elitista".

El gran escollo sigue siendo el precio. En muchas rutas, el avión continúa siendo mucho más barato que el tren, especialmente para los viajeros jóvenes. Reducir esa diferencia exige decisiones políticas más amplias, impuestos sobre el combustible de aviación, una reforma del IVA de los billetes de tren y un mayor apoyo a los trenes nocturnos, nada de lo cual figura en la propuesta actual.

Una visión "simple" y "atractiva"

"Ahora mismo, a veces me preocupa que algo vaya a salir mal. Busco ya el siguiente tren antes incluso de subir al que tengo", argumenta Schilling. "En el futuro, abrirás una sola aplicación, buscarás la conexión, la comprarás con un clic y tendrás todos los derechos de pasajero para todo el viaje. Y luego, por fin, con suerte, llegarás. Y si no pasas por Alemania, quizá incluso a la hora prevista".

La broma funciona porque el trasfondo es serio: la confianza. Las aerolíneas baratas cambiaron Europa no solo al abaratar los billetes, también al hacer que viajar pareciera lo bastante fácil y fiable como para que la gente reorganizara su vida en torno a esa movilidad.

La propuesta de "un viaje, un billete" iniciará ahora su recorrido en el Parlamento Europeo y el Consejo, donde se prevé que se intensifiquen las batallas sobre el intercambio de datos y las normas de responsabilidad. Pero la demanda de tren ya existe. Los trenes en toda Europa se llenan con frecuencia. La generación Interrail no deja de crecer. Cada vez más trabajadores en remoto quieren vivir en un país y trabajar en otro. Los viajeros preocupados por el clima buscan alternativas al avión, pero a menudo se topan con sistemas de reserva que hacen que el ferrocarril internacional parezca innecesariamente complicado.

Los vuelos baratos cambiaron Europa al permitir que millones de personas adaptaran discretamente su vida a una nueva forma de movilidad. El tren cuenta con las bases para hacer lo mismo.

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