El probable futuro presidente del Gobierno laborista presentó en un discurso en Manchester un plan económico a 10 años, con más poder para las regiones y un giro respecto a la teoría del goteo.
Andy Burnham ha aprovechado su primer gran discurso programático como favorito para liderar el Partido Laborista para prometer la mayor reorganización del poder político en la historia reciente de Reino Unido, comprometiéndose a otorgar amplias nuevas competencias a los dirigentes locales y a trasladar parte de la oficina del primer ministro a Manchester.
En una intervención en el People's History Museum de la ciudad en la que pasó nueve años como alcalde, Burnham presentó un plan a 10 años para reactivar una economía británica que describió como estancada desde la crisis financiera de 2008.
"El crecimiento no se puede decretar desde arriba. De hecho, solo puede fomentarse desde abajo", dijo el lunes al público.
El eje de su propuesta fue la creación en Manchester de un nuevo centro gubernamental que bautizó como 'No 10 North' (Número 10 del Norte, por el 10 de Downing Street, la residencia oficial del primer ministro británico), del que afirmó que se convertiría en "el centro neurálgico de un Reino Unido reconfigurado". Los alcaldes regionales recibirían más competencias en vivienda, bienestar social y educación dentro de este esquema, que Burnham presentó como "el mayor reequilibrio de poder que ha vivido nuestro país".
Su enfoque se inspira en lo que él llama "manchesterismo", una filosofía que en otras ocasiones ha descrito como un "socialismo favorable a la empresa" y un rechazo de la economía del goteo. Durante su etapa como alcalde, esa línea política se tradujo en iniciativas como la Bee Network, el sistema de autobuses bajo control público de Manchester, y el Good Growth Fund, que canalizó inversiones hacia cada uno de los distritos del Gran Manchester. Burnham apuesta ahora por escalar ese modelo al nivel nacional.
También prometió crear nuevos empleos industriales, ampliar las oportunidades educativas y atajar lo que calificó de derroche en los sectores privatizados del agua y la energía en Reino Unido.
Una coronación casi asegurada
Burnham es, con diferencia, el sucesor más probable de Keir Starmer, que anunció su dimisión el 22 de junio tras dos años en el cargo marcados por el desplome en las encuestas, las dimisiones ministeriales y una serie de sonoras derrotas electorales. Su marcha llegó después de meses de creciente presión interna, que culminaron en los catastróficos resultados de las elecciones locales de mayo, en las que el Labour perdió casi 1.500 concejales, muchos de ellos en favor del Reform UK de Nigel Farage.
Burnham ganó las elecciones parciales de Makerfield el 18 de junio, un escaño que se había dejado libre expresamente para permitir su regreso a Westminster, al lograr en torno al 55% de los votos en un resultado que superó las previsiones previas. Y prestó juramento como diputado el 22 de junio, el mismo día en que Starmer hizo pública su decisión de dimitir.
Desde entonces, su camino hacia Downing Street se ha ido despejando. El exministro de Sanidad Wes Streeting, considerado en su momento su rival más probable, le brindó su apoyo la semana pasada. El ministro Darren Jones también se descartó el miércoles, al declarar en 'Sky News': "Andy Burnham va a ser el próximo primer ministro". Las candidaturas para el liderazgo se abren el 9 de julio y se cierran una semana después, si nadie se presenta contra él, podría estar en Downing Street el 17 de julio.
Viejos retos, nuevo rostro
Pese a su impulso y al entusiasmo genuino que su nombre despierta en parte del movimiento laborista, Burnham heredará una situación política extremadamente complicada. La economía británica sigue débil, los servicios públicos están tensionados y los presupuestos familiares, ahogados, las mismas condiciones que erosionaron la posición de Starmer. Además, estará atado a los compromisos del programa electoral de 2024 del Labour, entre ellos la promesa de no subir los impuestos a los trabajadores.
El Partido Conservador se apresuró a desacreditar el discurso del lunes. "La gran idea de Andy Burnham es mover el poder entre políticos", afirmó el presidente tory Kevin Hollinrake. "No arreglar el sistema de bienestar. No recortar los impuestos que asfixian a las familias trabajadoras y a las empresas británicas. No financiar la defensa que nuestro país necesita desesperadamente".
En materia de defensa, se espera que Burnham herede los compromisos recogidos en el largamente esperado plan de inversiones del Gobierno, cuya publicación llevó al ministro de Defensa John Healey a dimitir el 11 de junio, antes de la cumbre de la OTAN en Turquía los días 7 y 8 de julio.
La política exterior plantea sus propias presiones. El viceprimer ministro David Lammy declaró a 'Euronews' la semana pasada que espera continuidad en cuestiones clave como el apoyo a Ucrania y el esfuerzo en curso para estrechar lazos con la UE. Una cumbre prevista entre Reino Unido y la UE para el 22 de julio se ha pospuesto a la luz de la transición de liderazgo y siguen las dudas sobre la posición de Burnham respecto al mercado único, con algunos diputados laboristas pro-UE que ya le instan a abandonar las líneas rojas mantenidas por su predecesor.
Por ahora, Burnham es el claro favorito y el discurso del lunes fue su primera oferta para convencer a votantes, mercados y a su propio partido de que el hombre que transformó Manchester está preparado para hacer lo mismo con Reino Unido.