Un estudio de la UPF y la UB constata que las decisiones sobre tener hijos o casarse responden también a las expectativas económicas ligadas al color político del Gobierno.
¿Puede el resultado de unas elecciones cambiar decisiones tan íntimas como tener un hijo o casarse? Un estudio elaborado por investigadores de la Universidad Pompeu Fabra y la Universidad de Barcelona, publicado en el Journal of Population Economics, sostiene que sí.
El trabajo toma como caso de estudio las elecciones generales de 2004, cuando el PSOE se impuso al PP en un vuelco que las encuestas no anticipaban. Los autores cruzan ese resultado con los datos de natalidad, nupcialidad e interrupciones del embarazo en los meses posteriores, y encuentran un patrón claro en los municipios donde el PP había cosechado más apoyo: sus habitantes vivieron un deterioro agudo de sus expectativas económicas, y ese pesimismo se tradujo en menos embarazos, menos bodas y más abortos en las semanas siguientes.
En cifras: los embarazos mensuales cayeron 0,14 puntos por cada 1.000 mujeres en esos municipios, la tasa de interrupciones voluntarias repuntó casi 0,05 puntos por cada mil mujeres durante el mes posterior, y los matrimonios bajaron 0,05 por cada 1.000 mujeres.
El estudio demuestra así que las decisiones reproductivas no dependen sólo de factores personales o económicos sino también de la confianza (o desconfianza) que nos genera el partido que gobierna. Cuando gana el partido en el que uno confía, crece el optimismo y cuando pierde, gana el pesimismo también en todas las esferas de nuestra vida privada.