Grecia bloquea el avance de las nuevas sanciones de la UE al exigir una excepción al veto total del GNL ruso, una postura que ha indignado a varios Estados miembros y que un diplomático ha tachado de "descarada".
El impulso de la Unión Europea para aprobar una nueva ronda de sanciones contra Rusia se ha topado con un obstáculo formidable, Grecia. El país, que alberga la mayor flota mercante del mundo, ha plantado cara y exige ajustar la prohibición a escala de la UE sobre el gas natural licuado (GNL) ruso, que está previsto que entre plenamente en vigor el primer día de 2027.
La prohibición, tal y como se acordó el año pasado, vetará la "compra, importación o transferencia, directa o indirecta" de GNL que "tenga su origen en Rusia o se exporte desde Rusia". Grecia pretende ahora reabrir la medida e introducir una excepción que permita seguir transportando GNL ruso hacia clientes de todo el mundo fuera de la UE.
El país costero no busca comprar GNL para consumo interno, sino conservar las oportunidades de negocio que ofrece el transporte marítimo global.
Los responsables griegos sostienen que prohibir el transporte sería "todo dolor y ningún beneficio", porque Moscú encontraría otros países, en particular China, dispuestos a asumir esa tarea crucial y conservaría sus ingresos energéticos como hasta ahora. (Grecia ya empleó un argumento similar a principios de este año para frenar una prohibición total de los servicios marítimos a los petroleros rusos).
Pero el resto de Estados miembros discrepa tajantemente y está perplejo ante el intento de Grecia de cuestionar de forma retroactiva un texto jurídico que fue aprobado por unanimidad en octubre.
El bloque ha recurrido a las sanciones para reforzar su retirada progresiva del gas ruso y permitir que los operadores privados invoquen fuerza mayor y rompan contratos de larga duración. La presión de Grecia para obtener una excepción que proteja sus intereses empresariales está frustrando a muchos diplomáticos.
Algunos consideran que el país ha mostrado una tolerancia mucho menor al sacrificio económico que el resto del bloque, que ha asumido renuncias muy superiores en su esfuerzo por reducir sus vínculos con Rusia. "Sin vergüenza", dijo un diplomático.
En el centro de la disputa está Dynagas, una empresa especializada en navegación en temperaturas bajo cero y propiedad del multimillonario griego George Prokopiou, que también controla otra compañía que gana millones transportando petróleo ruso por vía marítima.
Dynagas y su filial han fletado 11 buques, entre ellos siete rompehielos preparados para el Ártico, para la planta de Yamal, el mayor productor de GNL de Rusia. La compañía advierte de que la entrada en vigor de la prohibición del GNL en 2027 conllevará el riesgo de una pérdida significativa de ingresos, un impacto material adverso e incluso el incumplimiento de sus acuerdos de deuda.
También sostiene que sus rompehielos quedarán sin utilidad si dejan de operar en Yamal. "Es realmente un dilema", admitió otro diplomático. "Me alegro de no ser el primer ministro griego".
Negociaciones caóticas
El bloqueo griego se ha enquistado hasta tal punto que ha puesto en peligro uno de los elementos centrales del nuevo paquete de sanciones, el tope al precio del petróleo ruso. Según las normas, el tope, fijado actualmente en 44,10 dólares por barril, debe ajustarse automáticamente cada seis meses para mantenerse un 15% por debajo del precio medio de mercado.
Desde que el precio del crudo ruso se disparó tras el cierre del estrecho de Ormuz, la revisión elevará el tope hasta 58 dólares por barril, lo que daría un respiro al Kremlin en un momento en que Ucrania gana impulsoen el campo de batalla.
La Comisión Europea considera inaceptable este escenario y ha propuesto aplazar la revisión hasta enero del próximo año para mantener el tope en 44,10 dólares por barril.
La revisión estaba inicialmente prevista para el 15 de julio. Pero, a medida que se prolongaban las tensiones en torno al GNL, los embajadores decidieron aplazarla brevemente hasta el 23 de julio para darse más tiempo y lograr un acuerdo adecuado sobre el conjunto del paquete.
Tras varias rondas de negociaciones, algunos elementos, como la banca, las criptomonedas y la flota oscura, se han cerrado, mientras que otros, como la pesca y las sanciones a el patriarca Kirill, se han abandonado por completo. Mientras tanto, la prohibición de entrada para soldados rusos se ha rebajado de nuevo.
La última versión recoge el compromiso de seguir ajustando la medida para garantizar que pueda aplicarse con éxito en la práctica. Francia e Italia habían expresado su preocupación por la carga administrativa y la responsabilidad jurídica que recaería en los servicios consulares.
Esto implica que la prohibición no se aplicará hasta que los Estados miembros estén convencidos de que funcionará. Se ha utilizado una redacción igualmente ambigua para apaciguar a Austria respecto a su controvertida petición de levantar las sanciones sobre Rasperia, una compañía de inversión incluida en la lista negra, con el fin de compensar una pérdida de 2.100 millones de euros sufrida por Raiffeisen Bank International en Rusia.
A diferencia de lo que ocurrió el año pasado, cuando la petición fue rechazada de plano, los embajadores han mostrado en esta ocasión una mayor comprensión y han prometido a Viena que buscarán una solución más adelante.