La dependencia energética del bloque aumentará en 2026, cuando el 66% del GNL llegará de Washington. El informe del IEEFA advierte del riesgo de sustituir la dependencia de Rusia por la de un único proveedor, tras gastar 117.000 millones de euros en gas estadounidense desde 2022.
La dependencia de Europa del gas natural licuado estadounidense seguirá aumentando el próximo año, a medida que la UE continúa sus esfuerzos para eliminar gradualmente las importaciones de combustibles fósiles rusos, según un nuevo análisis publicado el miércoles por el IEEFA.
El informe calcula que Estados Unidos podría suministrar cerca de dos tercios de las importaciones europeas de GNL en 2026, lo que consolidaría la posición dominante de Washington en el mercado gasista del continente después de que la invasión rusa de Ucrania y la guerra en Irán hayan reconfigurado los flujos energéticos mundiales.
Según el IEEFA, Estados Unidos ya representó el 57% de las importaciones europeas de GNL en 2025, un fuerte aumento respecto a los niveles anteriores a la guerra.
La organización advirtió de que esta cuota podría seguir aumentando en los próximos años si se mantienen las tendencias actuales de importación y entran en vigor nuevos contratos de suministro a largo plazo.
Estas conclusiones llegan en un momento en que la mayoría de los gobiernos europeos intentan eliminar por completo las importaciones de gas ruso de aquí a 2027, en el marco de la estrategia REPowerEU de la Comisión Europea.
Desde 2022, los Estados miembros de la UE han incrementado con rapidez las compras de GNL, especialmente a Estados Unidos, para compensar el descenso de los envíos de gas ruso por gasoducto.
El IEEFA señaló que este cambio ha mejorado la seguridad energética de Europa a corto plazo, pero también ha creado un riesgo de concentración creciente.
El centro de estudios sostiene que sustituir la dependencia del gas ruso por una fuerte dependencia de otro único proveedor alternativo podría exponer a Europa a futuras inestabilidades políticas y de mercado.
Menor demanda, pero más importaciones e inversión
El informe señala que las importaciones de GNL procedentes de Estados Unidos suelen ser más caras que el gas por gasoducto debido a los costes de licuefacción, transporte marítimo y regasificación.
El IEEFA calcula que los países de la UE gastaron en torno a 117.000 millones de euros en importaciones de GNL estadounidense entre comienzos de 2022 y mediados de 2025.
Varios responsables políticos y reguladores europeos ya habían advertido anteriormente del riesgo de una dependencia excesiva del GNL importado.
A comienzos de este año, la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Teresa Ribera, afirmó que el bloque debe evitar sustituir una dependencia energética por otra y, en su lugar, acelerar la inversión en energías renovables y electrificación.
La Agencia de la Unión Europea para la Cooperación de los Reguladores de la Energía también ha expresado su preocupación por los riesgos de concentración de suministros vinculados al creciente papel del GNL estadounidense en el mercado europeo.
El aumento de las importaciones de GNL se produce además pese a un descenso más amplio del consumo de gas en Europa en los últimos años.
Los elevados precios tras la crisis energética, la debilidad industrial, las medidas de ahorro de energía y el despliegue más rápido de las energías renovables han contribuido a reducir la demanda.
Los datos del IEEFA muestran que las importaciones europeas de GNL disminuyeron en 2024, cuando el consumo de gas cayó a su nivel más bajo en más de una década. Sin embargo, las importaciones repuntaron en 2025 debido a unas condiciones meteorológicas más frías y a los esfuerzos de los gobiernos por rellenar los almacenamientos.
Al mismo tiempo, varios países de la UE siguen ampliando las infraestructuras de importación de GNL.
Alemania, que antes dependía en gran medida del gas ruso por gasoducto, ha desarrollado con rapidez terminales flotantes de GNL y se ha convertido en uno de los mayores compradores de GNL estadounidense en Europa.
Los analistas también se preguntan si Europa corre el riesgo de construir una capacidad de importación de GNL excesiva, dado que se prevé que la demanda de gas a largo plazo siga debilitándose durante la transición energética de los próximos años.