La visita esta semana a China del presidente estadounidense Donald Trump llega cuando la rivalidad entre las dos mayores economías se define más por la competencia económica, el liderazgo tecnológico y la influencia mundial.
Mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llega este miércoles a Pekín para una cumbre de tres días que concluirá el viernes, el simbolismo por sí solo tiene un peso considerable.
Es la primera visita de Estado a China de un presidente estadounidense en ejercicio desde el anterior viaje de Trump en 2017, hace casi nueve años, en la fase inicial de su primer mandato.
El telón de fondo geopolítico de esta visita es notablemente más inestable que entonces. La guerra en Irán ha sacudido los mercados energéticos mundiales, ha alterado las rutas marítimas y ha reavivado el temor a una escalada regional más amplia.
Al mismo tiempo, China trata de presentarse como un factor de continuidad económica y estabilidad diplomática, reforzando los lazos comerciales en el Sudeste Asiático, el Golfo y partes de África y América Latina.
Además de su implicación en Oriente Medio, Estados Unidos también está consolidando activamente su influencia en el hemisferio occidental mediante una renovada 'Doctrina Monroe'.
La Administración Trump ha logrado apartar al régimen venezolano de China mediante acciones militares, ha presionado económicamente al régimen cubano hasta llevarlo al borde del colapso con sanciones y ha creado una nueva coalición de seguridad con varios países de América Latina y el Caribe bautizada como 'Shield of the Americas'.
La estrategia estadounidense ha reafirmado su primacía militar y económica en la región con el claro objetivo de contener la influencia china y asegurar cadenas de suministro críticas. Por ejemplo, Estados Unidos y China mantienen en estos momentos una agria disputa por el control de los puertos en el canal de Panamá.
Estados Unidos sigue siendo más rico, pero China ha transformado la economía mundial
Desde la visita de Trump a China en 2017, Estados Unidos ha seguido encabezando la economía mundial.
Según las últimas previsiones del FMI, publicadas en abril, el PIB nominal de Estados Unidos superará los 30 billones de dólares (25,5 billones de euros) en 2026, frente a unos 20 billones de dólares (17 billones de euros) en el caso de China, lo que supone aproximadamente un 25 % y un 17 % de la economía mundial, respectivamente.
Estados Unidos y China ocupan desde hace más de una década los dos primeros puestos de la clasificación mundial por PIB nominal, pero la brecha, aunque amplia, se va reduciendo poco a poco a medida que China crece más deprisa.
De acuerdo con las cifras del FMI, la tasa media anual de crecimiento del PIB real de China ha sido del 5,48 % desde 2017, frente al 2,5 % de Estados Unidos y el 3,26 % del conjunto del mundo. En esencia, la economía china crece al doble de ritmo que su rival estadounidense y muy por encima de la media global.
Un factor clave que explica ese rendimiento superior es que China fue el único gran país que cerró 2020 con crecimiento económico tras la devastación de la pandemia de la covid-19 sobre la economía mundial.
Para este año se prevé que el crecimiento anual del PIB real de China sea del 4,4 %, frente al 2,3 % de Estados Unidos y el 3,1 % a escala mundial.
China también superó a Estados Unidos en 2016 como mayor economía del mundo en términos de paridad de poder adquisitivo (PPA), y desde entonces ha ampliado la brecha. Esta medida ajusta los datos a los niveles de precios internos y refleja la verdadera escala de la producción y el consumo dentro de una economía.
Este cambio pone de relieve que China se ha situado en el centro de la fabricación mundial, las cadenas de suministro y la demanda de materias primas.
Sin embargo, los niveles de vida entre ambos países siguen siendo muy diferentes.
Las proyecciones del FMI sitúan el PIB per cápita de Estados Unidos en 2026 por encima de los 94.000 dólares (79.850€), mientras que el de China ronda los 15.000 dólares (12.750€) y el del conjunto del mundo se sitúa en casi 16.000 dólares (13.600€).
Pese a décadas de rápida expansión, la economía china sigue afrontando retos estructurales como un consumo interno débil, un elevado desempleo juvenil, la desaceleración del sector inmobiliario y presiones demográficas vinculadas al envejecimiento de la población.
Choques entre Estados Unidos y China por Panamá
La disputa más reciente estalló en abril, cuando el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, acusó a China de practicar 'bullying' por retener decenas de buques con bandera panameña después de que el país anulase a comienzos de año los contratos que permitían a una filial de Hong Kong de la china CK Hutchison gestionar dos terminales portuarias.
Las tensiones comerciales siguen siendo un elemento central de la relación entre Estados Unidos y China, pese a varias rondas de negociaciones en el último año.
Aunque ambos países relajaron algunos aranceles y restricciones a la exportación a finales de 2025, continúan los choques en torno a los semiconductores, los vehículos eléctricos, la inteligencia artificial y el acceso a minerales críticos.
La lista de empresarios invitados, o excluidos, para acompañar al presidente estadounidense, Donald Trump, en este viaje a China ilustra los temas principales sobre la mesa. El grupo, formado por más de una decena de altos ejecutivos, incluye a Elon Musk y al todavía consejero delegado de Apple, Tim Cook, pero deja fuera de forma llamativa al máximo responsable de Nvidia, Jensen Huang.
La Administración Trump ha restringido la venta a China de los chips de inteligencia artificial H200 de Nvidia, alegando su posible uso con fines militares. Las exportaciones están limitadas por una serie de condiciones, como pruebas de terceros para comprobar su rendimiento antes de enviarlos a clientes chinos.
Desde entonces, Nvidia ha intensificado la presión sobre la Casa Blanca para que levante estas restricciones.
En conjunto, Washington acusa a Pekín de utilizar subvenciones estatales y políticas industriales para distorsionar los mercados globales, mientras que las autoridades chinas sostienen que los controles a la exportación de Estados Unidos buscan frenar el desarrollo tecnológico de China.
Las reservas exteriores de Pekín
Aun así, Pekín conserva una importante capacidad financiera.
Según datos de la Administración Estatal de Divisas de China y de la agencia oficial Xinhua, las reservas de divisas del país siguen siendo las mayores del mundo, con más de 3,2 billones de dólares (2,8 billones de euros).
Estos fondos ofrecen a las autoridades un amplio margen para gestionar episodios de volatilidad financiera y sostener el yuan o renminbi chino.
Estados Unidos dispone de reservas comparativamente menores, pero sigue beneficiéndose de la condición del dólar como moneda dominante en el comercio internacional y en las reservas de los bancos centrales.
Las reservas de oro ilustran otra dimensión de esta rivalidad. Según el Consejo Mundial del Oro, Estados Unidos mantiene oficialmente la mayor reserva nacional, con más de 8.100 toneladas.
No obstante, China ha ampliado de forma constante sus propias tenencias en los últimos años, mientras Pekín busca diversificar sus reservas alejándolas de los activos denominados en dólares y reforzar la confianza a largo plazo en el renminbi.
Este mismo mes, el Banco Popular de China encadena 18 meses consecutivos de compras, la racha ininterrumpida más larga de adquisición de oro por parte del banco central chino. Sus reservas totales han alcanzado niveles récord y superan ya las 2.300 toneladas.
La inteligencia artificial y el gasto militar se han convertido en campos de batalla centrales
La competencia económica entre Washington y Pekín es cada vez más inseparable de la rivalidad militar y tecnológica.
Según datos publicados el mes pasado por el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), los tres mayores gastadores militares del mundo siguen siendo Estados Unidos, China y Rusia, que en conjunto representan el 51 % del total global.
En 2025, Estados Unidos gastó 954.000 millones de dólares (810.300 millones de euros), una cifra en realidad alrededor de un 7,5 % inferior a la del año anterior, pero solo porque no se aprobó nueva ayuda financiera para Ucrania.
Aun así, el país incrementó las inversiones en capacidades militares nucleares y convencionales con el objetivo de mantener su dominio en el hemisferio occidental y disuadir a China en el Indopacífico, prioridades declaradas de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos.
El gasto aprobado por el Congreso estadounidense para este año ya supera el billón de dólares (849.400 millones de euros), lo que supone un aumento de más del 5 % respecto a 2025, y podría elevarse aún más hasta 1,5 billones de dólares (1,275 billones de euros) en 2027 si se aprueba la última propuesta presupuestaria del presidente Donald Trump.
El SIPRI calcula que el presupuesto de defensa de China en 2025 rondó los 336.000 millones de dólares, aunque varios analistas creen que un gasto más amplio vinculado a la seguridad podría elevar técnicamente la cifra real.
China ha modernizado rápidamente sus fuerzas armadas en la última década, ampliando su capacidad naval, sus sistemas de misiles y sus herramientas de guerra cibernética, mientras que Estados Unidos mantiene aún una ventaja significativa gracias a su red global de alianzas, incluidas las asociaciones en el marco de la OTAN y los vínculos de seguridad en el Indopacífico con Japón, Corea del Sur y Australia.
Taiwán sigue siendo el asunto más delicado en la relación. Pekín considera que la isla, autogobernada, forma parte de su territorio y ha criticado en repetidas ocasiones la ayuda militar de Estados Unidos a Taipéi.
Washington sostiene que preservar la estabilidad en el estrecho de Taiwán es esencial para la seguridad regional y los flujos del comercio mundial, especialmente dado el papel central de Taiwán en la producción de semiconductores avanzados.
La tecnología, en particular la inteligencia artificial, se ha convertido quizá en el principal terreno de competencia.
Estados Unidos mantiene importantes fortalezas en el diseño de chips avanzados, la industria aeroespacial, el software y la capacidad de investigación. Por su parte, China se ha hecho con posiciones dominantes en baterías para vehículos eléctricos, infraestructuras de energías renovables, equipos de telecomunicaciones y manufactura industrial.
Las empresas chinas representan ya más del 90 % de la capacidad mundial de fabricación de módulos solares fotovoltaicos y más del 70 % del mercado global de baterías para vehículos eléctricos, según informes de Bruegel y SNE Research.
Pekín considera estos sectores estratégicos para su futura influencia económica.
Al mismo tiempo, Washington ha endurecido las restricciones a la exportación de semiconductores avanzados ante la preocupación por sus aplicaciones en el ámbito de la inteligencia artificial y el uso militar.
Por ello, es probable que la visita de Trump se evalúe menos por los acuerdos inmediatos que pueda producir y más por su capacidad para evitar un deterioro adicional de las relaciones entre dos potencias cuya rivalidad marca cada vez más el comercio, la inversión y la seguridad a escala mundial.
Estados Unidos sigue siendo la principal potencia militar y financiera, respaldada por el papel global del dólar y la profundidad de sus mercados de capitales.
China, sin embargo, se ha convertido en un rival sistémico con la escala industrial, el alcance exportador y la capacidad de inversión respaldada por el Estado necesarios para influir en las cadenas de suministro, las infraestructuras y los alineamientos geopolíticos en todo el mundo.
Para Pekín, la cumbre es una oportunidad para proyectar confianza y estabilidad en medio de una mayor incertidumbre internacional. Para Washington, supone una prueba sobre si Estados Unidos puede seguir marcando las reglas económicas y estratégicas de un mundo cada vez más multipolar.