27 detenidos, tres de ellos en prisión provisional, y cuatro laboratorios desmantelados en Madrid, Toledo y Badajoz tras año y medio de investigación con conexión directa a los carteles colombianos.
La cocaína viajaba escondida entre madera, fruta, cemento y chatarra. Así entraba en Europa a través de puertos belgas la droga que después llegaba a España para su procesamiento, según ha revelado la Policía Nacional tras desarticular una organización criminal dedicada a la producción y distribución de clorhidrato de cocaína.
El operativo, resultado de año y medio de investigación iniciada en la Comunidad de Madrid, se ha saldado con 27 detenidos: 23 en distintas localidades españolas (14 de ellos en la capital) y otros cuatro arrestados en Australia. A todos se les imputan delitos de pertenencia a organización criminal y tráfico de sustancias estupefacientes.
De fincas rústicas a dimicilios particulares
La estructura de la red seguía un patrón claro: la cocaína llegaba en su forma bruta y se procesaba en laboratorios clandestinos instalados en fincas rústicas de zonas despobladas, para después trasladarla a un segundo escalón de laboratorios ubicados en domicilios particulares donde se cortaba y adulteraba. En total, los agentes han desmantelado cuatro de estas instalaciones, repartidas entre Don Benito (Badajoz), Madrid, Leganés e Illescas (Toledo).
El balance material del operativo incluye 163 kilos de cocaína intervenidos, cerca de 98.000 euros en efectivo, un arma de fuego, doce vehículos y 1.000 litros de precursores químicos, además de prensas, básculas de precisión y material para el envasado. La investigación ha derivado también en el bloqueo de activos por valor de casi 115.000 euros en vehículos y 258.000 euros en inmuebles.
Los tres cabecillas, detenidos
Los tres presuntos cabecillas de la organización ya han ingresado en prisión provisional. El considerado líder, conocido por los alias de "el gordo" y "quemado", se encargaba de alquilar las fincas y contratar a los operarios de los laboratorios. Según la Policía, mantenía contacto directo con carteles colombianos, especialmente el de Cali, y viajaba con frecuencia a Panamá y Bélgica, países clave en la ruta de entrada y salida de la droga.
Por debajo del líder operaban su sobrino, apodado "el artista" y encargado de la adulteración de la sustancia, y el "llanero", responsable de los almacenes y la gestión del dinero. El transporte final se realizaba mediante la técnica conocida como "Go-Fast", con vehículos de carga y turismos equipados con compartimentos ocultos para el traslado de la mercancía por carretera.