Una planta de robótica militar situada en la España rural se ha convertido en un actor clave de la industria de Defensa europea, exportando tecnología a más de 20 países y transformando la economía y el empleo de una pequeña localidad aragonesa.
En Binéfar, un pueblo aragonés de poco más de 10.000 habitantes, situado entre Huesca y Lérida, en el noreste de España, se encuentra la mayor planta de robótica militar del país. Desde esta localidad del Alto Aragón se diseñan y fabrican robots terrestres que hoy se utilizan en escenarios de guerra, operaciones de desactivación de explosivos y misiones de apoyo logístico en más de 20 países.
La planta pertenece a EM&E Group (Escribano Mechanical & Engineering) y es una de las piezas clave del crecimiento del sector de Defensa español en un contexto marcado por la guerra en Ucrania y el auge de las tecnologías no tripuladas.
Aunque hoy es un referente europeo, la historia de la planta de Binéfar comenzó lejos del campo de batalla. Según explica Rafael de Solís, director de la Unidad de Robótica de EM&E Group, en una entrevista con 'Euronews', la fábrica se creó en 1988 y estaba inicialmente dedicada a sistemas de seguridad bancaria.
"El origen de la planta es completamente local. La fundaron tres inventores de la zona con muchas inquietudes técnicas", explica. Uno de ellos sigue vinculado a la empresa como director de ingeniería.
El giro decisivo llegó en 2001, en pleno contexto de amenaza terrorista de ETA en España. "La Policía Nacional no podía manipular los explosivos que ETA colocaba en los vehículos, por su peso. Nos pidieron diseñar un robot nuevo, y ahí empezó realmente nuestra especialización en robótica", señala De Solís.
Desde entonces, la planta ha evolucionado hasta centrarse exclusivamente en robots para desactivación de explosivos, protección nuclear, biológica, radiológica y química, y más recientemente en vehículos terrestres no tripulados (UGV) con usos militares.
El uso de robots en la guerra moderna
Estos sistemas, controlados a distancia por operadores humanos, pueden transportar munición, suministros, combustible o evacuar heridos del campo de batalla. También pueden integrar sistemas de armas desarrollados por el propio grupo.
"La guerra de Ucrania ha puesto el foco en los drones aéreos, pero los drones terrestres están ganando mucha importancia", explica De Solís. "Hay zonas a unos 15 kilómetros del frente donde mover tropas es extremadamente peligroso por la amenaza aérea, y ahí estos robots permiten reducir bajas".
EM&E Group exporta desde hace más de dos décadas y tiene clientes en Asia, África, Oriente Medio, Europa y países de la OTAN. "Estamos presentes en más de 20 países, especialmente en regiones con alto riesgo terrorista", añade.
A diferencia de otros competidores europeos, la planta de Binéfar destaca por su escala, sobre todo a nivel europeo. "No hay nada comparable en Francia", asegura De Solís. "En Alemania había un competidor importante, pero fue adquirido por una empresa estadounidense. Nuestros principales rivales hoy son norteamericanos y canadienses", añade.
Tecnología y territorio: un freno a la despoblación
En un contexto de pérdida de población en amplias zonas del interior de España, la implantación de industria tecnológica avanzada en municipios pequeños se perfila como una de las pocas vías capaces de generar empleo cualificado y estable.
Más allá del ámbito militar, la planta de robótica se ha convertido en un motor económico clave para Binéfar y su entorno. Actualmente, emplea a más de 150 trabajadores, con planes de alcanzar los 300. "En poco más de un año hemos duplicado la plantilla", explica De Solís. "El 80% de los trabajadores son de la zona o de comarcas cercanas. También hay gente que se había ido a grandes ciudades y ha decidido volver".
Y ese impacto es visible en la localidad. Para Patricia Rivera, alcaldesa de Binéfar, la planta ha reforzado el papel del municipio como polo industrial y tecnológico. "Binéfar ya tenía un fuerte sector agroalimentario, pero esta empresa ha impulsado claramente el ámbito tecnológico y ha dado un salto cualitativo", afirma en una entrevista con 'Euronews'.
El crecimiento, sin embargo, plantea retos para la pequeña localidad. "Ha sido muy rápido, y como administración tenemos que reaccionar deprisa para ofrecer servicios, vivienda e infraestructuras", reconoce Rivera. "No es fácil, pero estamos trabajando para acompañar ese desarrollo".
Un modelo descentralizado de industria
La planta de Binéfar forma parte de una estrategia más amplia de EM&E Group para distribuir su actividad por el territorio español. La empresa mantiene su sede principal en Madrid, pero ha creado centros especializados en distintas regiones: software e inteligencia artificial en Barcelona, sistemas de armas en Córdoba y Linares, investigación en Asturias y desarrollos en fotónica en Valencia.
"No queríamos seguir concentrando todo en Madrid", explica De Solís. "La idea es regionalizar la producción y aprovechar talento en distintos puntos del país".
Para el Ayuntamiento, esta apuesta refuerza la posición estratégica de Binéfar. "Estamos en un punto clave entre Aragón y Cataluña, con buenas comunicaciones y empresas que llevan décadas asentadas. No es tanto atraer nuevas empresas, sino ayudar a que las que ya están puedan crecer", subraya la alcaldesa.
Desde esta localidad aragonesa, la guerra, la tecnología y la España rural se cruzan en una misma cadena de producción. Robots diseñados para salvar vidas, y para combatir, salen de una planta que, al mismo tiempo, contribuye a fijar población y a redefinir el papel de la industria en el medio rural.