Tras su regreso a la Tierra, los 4 astronautas de la misión Artemis II han compartido su experiencia en el espacio. El comandante Reid Wiseman calificó el sobrevuelo como "la cosa más majestuosa que verán los ojos humanos", mientras la tripulación analiza los riesgos de la reentrada en el futuro.
Ha pasado casi una semana desde que los cuatro astronautas de la misión Artemis II completaron su histórico viaje alrededor de la Luna, y la tripulación reconoce que, al menos mentalmente, aún no ha vuelto del todo a la Tierra en su primera rueda de prensa desde su regreso.
Los tres estadounidenses y el canadiense aseguran que su sobrevuelo lunar sitúa a la NASA en una posición mucho mejor de cara a un alunizaje tripulado dentro de dos años y a una futura base en la Luna. Han comparecido desde el Centro Espacial Johnson de la NASA, en Houston, su base de operaciones.
"Esta misión me enseñó que lo desconocido da mucho más miedo que lo conocido", dijo la astronauta Christina Koch. "Cada vez que completábamos un objetivo de prueba de la misión, nos mirábamos y pensábamos: 'en realidad ha salido bastante bien'".
El comandante Reid Wiseman contó después a la agencia 'Associated Press' que ha estado tan ocupado desde su regreso que todavía no ha tenido tiempo ni de levantar la vista hacia la Luna, y mucho menos hacia el cráter Carroll, el nombre sugerido por la tripulación para un brillante cráter lunar en honor de su difunta esposa.
"Estar a 252.000 millas de casa fue la cosa más majestuosa y hermosa que unos ojos humanos podrán contemplar jamás", dijo en una entrevista con 'AP'.
Pero atravesar de regreso la atmósfera a 39 veces la velocidad del sonido, "eso sí que da miedo y entraña riesgo". Por eso, a mitad de vuelo, añoraba volver a casa. "Solo quieres abrazar a tus hijos y que sepan que estás a salvo".
Wiseman, el piloto Victor Glover, Koch y el canadiense Jeremy Hansen despegaron rumbo a la Luna desde Florida el 1 de abril, la primera tripulación lunar de la NASA en más de 50 años y con diferencia la más diversa.
Se convirtieron en los viajeros que más se han alejado de la Tierra, superando el récord del Apolo 13, cuando dieron la vuelta a la cara oculta de la Luna, lo bastante iluminada como para revelar accidentes nunca vistos antes por el ojo humano. La visión de un eclipse lunar total añadió aún más asombro.
Su cápsula Orion, a la que bautizaron con el nombre de Integrity, amerizó en el Pacífico el viernes pasado con paracaídas y puso fin a un viaje de casi diez días. El regreso a Houston de la misión Artemis II al día siguiente coincidió con el 56º aniversario del lanzamiento del Apolo 13.
Wiseman explicó que él y Glover "quizá vieron en dos momentos una ligera pérdida de material carbonizado" en el escudo térmico mientras Integrity atravesaba la fase más rápida y caliente de la reentrada. Una vez a bordo del barco de recuperación, se asomaron todo lo que pudieron al fondo de la cápsula, inclinándose para comprobar cualquier signo de daño. Detectaron una pequeña pérdida de material quemado en el 'hombro', donde el escudo térmico se une a la cápsula.
"Para cuatro personas mirando simplemente el escudo térmico, nos pareció estupendo. Se veía muy bien y el descenso fue realmente increíble", dijo Wiseman.
Sin embargo, advirtió de que aún tienen que realizarse análisis detallados. "Vamos a revisar con lupa cada, ni siquiera cada molécula, probablemente cada átomo de este escudo térmico", señaló.
El escudo térmico del primer vuelo de prueba de Artemis en 2022, sin tripulación, regresó tan lleno de marcas y surcos que obligó a retrasar Artemis II meses, si no años. En lugar de rehacerlo, la NASA optó por cambiar la trayectoria de entrada de la cápsula para minimizar el calentamiento. Las futuras cápsulas incorporarán un nuevo diseño.
Cuando se soltaron los paracaídas justo antes del amerizaje, Glover contó que sintió que estaba en caída libre, como si se lanzara de espaldas desde un rascacielos. "Es lo que se sintió durante cinco segundos", dijo, y añadió que cuando el descenso se suavizó "fue maravilloso".
Desde su regreso, los cuatro astronautas han pasado por sucesivas tandas de pruebas médicas para comprobar su equilibrio, visión, fuerza muscular y coordinación, así como su estado de salud general.
Incluso se han puesto los trajes para paseos espaciales para realizar ejercicios en condiciones que simulan la sexta parte de la gravedad terrestre en la Luna y evaluar cuánta resistencia y destreza podrán tener los futuros caminantes lunares en el momento del alunizaje.
La NASA trabaja ya en Artemis III, el siguiente paso en sus ambiciosos planes para construir una base lunar. La plataforma desde la que despega el cohete regresó el jueves al Edificio de Ensamblaje de Vehículos del Centro Espacial Kennedy, donde se preparará para el lanzamiento de Artemis del próximo año.
Aún sin tripulación asignada, Artemis III permanecerá en órbita alrededor de la Tierra mientras los astronautas practican el acoplamiento de su cápsula Orion con uno o dos módulos de alunizaje que desarrollan SpaceX, de Elon Musk, y Blue Origin, de Jeff Bezos.
Artemis IV llegará después, en 2028 según el último calendario de la NASA, con dos astronautas que alunizarán cerca del polo sur de la Luna.
La NASA aspira esta vez a mantener una presencia sostenible en la Luna. Durante las misiones Apolo, las estancias de los astronautas fueron breves. Un total de 12 astronautas exploraron la superficie lunar, empezando por Neil Armstrong y Buzz Aldrin en el Apolo 11 en 1969 y terminando con Gene Cernan y Harrison Schmitt en el Apolo 17 en 1972.
Koch aseguró que, desde su regreso, ella y sus compañeros de tripulación se sienten "aún más ilusionados y preparados para asumir ese reto como agencia".
Hansen señaló que todo el mundo tendrá que aceptar un riesgo adicional para lograrlo y confiar en que cualquier problema futuro pueda resolverse en tiempo real.
"No vamos a poder dejarlo todo atado antes de partir. Tendremos que confiar unos en otros", afirmó.
Y aunque para ellos todo salió sin contratiempos, "también nos quedó muy claro que las cosas se pueden complicar bastante", dijo. Las futuras tripulaciones tendrán que "entender que todo puede ponerse muy turbulento en muy poco tiempo".