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África entra en la carrera espacial: 18 países ya tienen satélites en órbita

Imagen impresionante de la Tierra, con África y Europa sobre el fondo negro del espacio
Impresionante imagen de la Tierra muestra África y Europa sobre el negro vacío del espacio Derechos de autor  Zelch Csaba/Pexels
Derechos de autor Zelch Csaba/Pexels
Por Indrabati Lahiri
Publicado última actualización
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Dieciocho países africanos ya han puesto en órbita satélites, mientras el continente desarrolla su propio sector espacial y busca reducir su dependencia de potencias occidentales.

La carrera espacial mundial se ha intensificado en los últimos años, impulsada por la rivalidad geopolítica entre grandes potencias como Estados Unidos y China por el dominio comercial y el control de los recursos.

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El polo sur de la Luna, codiciado por sus depósitos de hielo de agua, es hoy el principal campo de batalla, con varios países compitiendo por levantar bases lunares permanentes antes de que termine la década.

Los cohetes reutilizables y más baratos de proveedores privados como SpaceX y Blue Origin han reducido el coste de llegar a la órbita y alimentan aún más esta carrera.

Ahora también los países africanos se han sumado a la contienda, saturan un terreno ya muy competitivo y están redefiniendo qué forma adopta la ambición espacial global.

Qué países africanos han entrado en la carrera espacial

Dieciocho países africanos han puesto ya en órbita al menos un satélite, frente a apenas unos pocos hace una década, y más de 21 cuentan ahora con programas espaciales específicos, según el Africa Center for Strategic Studies.

Egipto, Sudáfrica, Argelia, Nigeria y Marruecos encabezan la región en infraestructura y tecnología satelital, con grandes laboratorios nacionales para el montaje, integración y ensayo de satélites.

Egipto alberga además la sede de la recién creada Agencia Espacial Africana.

Muchos de estos países están impulsando empresas tecnológicas privadas y startups aeroespaciales, construyen desde cero un ecosistema basado en la investigación.

En los últimos años, Senegal, Ruanda, Yibuti y Zimbabue también han lanzado sus primeros satélites.

Control de los recursos y refuerzo de la resiliencia interna

La soberanía es el principal motor. Los países africanos quieren reducir su dependencia de potencias extranjeras y occidentales, especialmente en lo que respecta a datos geográficos y medioambientales.

Comprar en el exterior imágenes de satélite de alta resolución y capacidad de comunicación es caro, y las solicitudes pueden retrasarse o rechazarse directamente. Senegal, Egipto y Sudáfrica quieren en particular controlar sus propios datos.

Los satélites africanos supervisan hoy el estado de los cultivos, gestionan los recursos hídricos y ayudan a prever inundaciones y sequías. También vigilan la pesca ilegal, la seguridad fronteriza, la piratería, la minería clandestina y la deforestación, y son cada vez más esenciales para cerrar la brecha de telecomunicaciones en las zonas rurales donde no llega la infraestructura terrestre.

La Agencia Espacial Africana contribuye a coordinar las políticas espaciales transfronterizas y a poner en común recursos, mientras que los nuevos programas de ingeniería aeroespacial y ciencia de datos buscan retener el talento técnico joven en el continente.

Qué significa esto para Europa

El auge espacial de África podría empujar a Europa a abandonar su papel de proveedor de ayuda paternalista y a convertirse en un socio más igualitario.

Ese cambio ya está en marcha. El Programa de Asociación Espacial África-UE, dotado con 100 millones de euros, comparte infraestructuras y datos, y se esperan nuevas colaboraciones en campos como la vigilancia del clima y la agricultura.

Las empresas europeas también podrían ganar presencia en la pujante economía espacial comercial africana, lo que abriría oportunidades más allá de unos mercados occidentales ya saturados, mientras que sistemas como Galileo y Copernicus podrían contribuir a afrontar desafíos locales en África.

Pero las ambiciones espaciales de África subrayan igualmente la necesidad de que Europa profundice sus lazos diplomáticos y geopolíticos con el continente, en un momento en que rivales como China y Rusia amplían allí sus propias asociaciones espaciales.

Los desafíos que persisten

Pese a los avances, persisten los obstáculos. Los presupuestos públicos para el desarrollo espacial siguen muy por debajo de los occidentales, lo que deja muchos programas dependientes de préstamos externos y paquetes de ayuda condicionada.

Según la International Bar Association, la debilidad de los mercados locales de capital riesgo hace que las startups tengan a menudo dificultades para captar fondos, al tiempo que se enfrentan a elevados costes operativos.

Muchos cohetes siguen despegando desde territorio extranjero por la falta de puertos espaciales locales, mientras que el número limitado de estaciones terrestres restringe la descarga y el procesamiento de datos satelitales en tiempo real.

Y pese al aumento de la inversión en talento local, las carencias de competencias y la fuga de cerebros siguen siendo problemas persistentes que podrían tardar años en resolverse.

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