Un amplio estudio con más de 500.000 personas en Reino Unido y Dinamarca concluye que un índice de masa corporal elevado incrementa directamente el riesgo de demencia vascular y señala la obesidad y la hipertensión como factores clave prevenibles.
Tener sobrepeso aumenta de forma significativa el riesgo de desarrollar demencia vascular, según un amplio estudio. La obesidad se ha vinculado desde hace tiempo a un mayor riesgo de demencia vascular, una enfermedad cerebral progresiva que daña las neuronas.
Sin embargo, hasta ahora no estaba claro si el exceso de peso impulsa directamente la enfermedad o refleja otros problemas de salud subyacentes que aumentan el riesgo de demencia.
Investigadores del Reino Unido y Dinamarca analizaron datos de más de 500.000 participantes en los dos países y constataron que un índice de masa corporal (IMC) más alto eleva de forma directa la probabilidad de demencia vascular.
La demencia vascular es la segunda forma más común de demencia tras la enfermedad de Alzhéimer, según la Sociedad de Alzhéimer en el Reino Unido, y se debe a la reducción del flujo sanguíneo al cerebro.
"Este estudio demuestra que un peso corporal elevado y la hipertensión no son solo señales de alerta, sino causas directas de demencia", afirmó Ruth Frikke-Schmidt, autora del trabajo, profesora en la Universidad de Copenhague y médica jefe en el Hospital Universitario de Copenhague, en un comunicado.
El equipo de investigación empleó un método llamado aleatorización mendeliana, que compara a personas que nacen con genes que las predisponen a un IMC más alto con quienes no los tienen. El estudio halló que las personas con un IMC genéticamente más alto tenían un riesgo de demencia vascular sustancialmente mayor.
Los investigadores también analizaron por qué el exceso de peso eleva el riesgo de demencia. Descubrieron que la hipertensión explica una parte significativa del efecto. Los hallazgos sugieren que mantener un peso saludable y controlar la tensión arterial pueden ser pasos importantes para reducir el riesgo de demencia más adelante en la vida.
La prevención de la obesidad es la clave
"El tratamiento y la prevención del IMC elevado y de la hipertensión representan una oportunidad aún no aprovechada para prevenir la demencia", señaló Frikke-Schmidt.
Aunque un estudio reciente sobre el efecto de los fármacos adelgazantes para frenar el deterioro cognitivo en fases tempranas de la enfermedad de Alzhéimer no mostró beneficios, aún hay que comprobar si "un tratamiento para perder peso iniciado antes de la aparición de síntomas cognitivos puede proteger frente a la demencia", dijo Frikke-Schmidt.
"Nuestros datos actuales sugieren que intervenir pronto para reducir el peso prevendría la demencia, especialmente la demencia vascular", añadió. La demencia es un desafío creciente de salud pública a escala mundial, sin cura disponible por ahora. Cada año se registran casi diez millones de nuevos casos en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Quienes padecen demencia sufren un deterioro grave de las capacidades mentales, entre ellas la memoria, el pensamiento y el razonamiento.