Estos acontecimientos llegan cuando la Administración Trump ve crecer la influencia de los escépticos de las vacunas, sobre todo tras la pandemia de coronavirus.
El diario 'The New York Times' reveló, citando a un responsable del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ha frenado en los últimos meses la publicación de estudios científicos que avalaban la seguridad de varias vacunas, una decisión que ha desatado una nueva ola de polémica sobre las políticas del Gobierno del presidente Donald Trump en materia de vacunación y salud pública.
Retirada de estudios
Según el reportaje, dos de los estudios que fueron retirados figuraban entre las investigaciones recientes más destacadas financiadas con fondos públicos y costaron varios millones de dólares en los últimos años.
En estos dos trabajos, científicos del departamento analizaron una amplia base de datos que incluía millones de historiales médicos de pacientes con el objetivo de evaluar la seguridad de las vacunas contra la Covid-19, y concluyeron que los efectos secundarios graves asociados a las vacunas de uso generalizado son extremadamente infrecuentes.
El diario añadió que en octubre pasado los científicos recibieron órdenes de retirar ambos estudios, pese a que varias revistas médicas ya habían aceptado publicarlos, lo que ha suscitado numerosas preguntas en los ámbitos científico y médico sobre el alcance de las injerencias políticas en la investigación sanitaria.
En una respuesta oficial sobre el caso, el portavoz del Departamento de Salud y Servicios Humanos, Andrew Nixon, afirmó en un correo electrónico citado por el diario que los estudios "se retiraron porque sus autores llegaron a conclusiones generales que no respaldan los datos subyacentes", y aseguró que la FDA "actuó para proteger la integridad del proceso científico y garantizar que los trabajos relacionados cumplan sus elevados estándares".
Crece el discurso contrario a las vacunas en la Administración Trump
Estos acontecimientos se producen en un momento en que gana peso dentro de la Administración Trump la influencia de figuras y corrientes escépticas con las vacunas, especialmente tras la pandemia de coronavirus, que estuvo acompañada por una fuerte difusión de teorías de la conspiración e información sanitaria engañosa.
Durante su campaña electoral de 2024, Trump prometió otorgar al activista antivacunas Robert F. Kennedy hijo un papel destacado en el área de la sanidad en la Casa Blanca, antes de anunciar posteriormente su nominación como secretario de Salud y Servicios Humanos tras ganar las elecciones.
La candidatura de Kennedy desató una amplia oleada de objeciones, ya que más de 75 laureados con el premio Nobel y unos 17.000 médicos expresaron públicamente su rechazo a su nombramiento debido a sus posturas controvertidas sobre las vacunas y a su respaldo a teorías conspirativas relacionadas con la salud.
Kennedy se ha distinguido por difundir afirmaciones desmentidas por la ciencia, entre ellas que las vacunas provocan autismo y que las llamadas 'líneas chemtrail', una teoría de la conspiración que sostiene que las estelas blancas que dejan los aviones en el cielo son productos químicos rociados deliberadamente, se utilizan para dañar a la población, además de otras acusaciones no probadas, como vincular la circuncisión con el autismo. Pese a ello, el Senado de Estados Unidos aprobó su nombramiento por un margen muy ajustado, en una votación marcada en gran medida por la división partidista.
Amplios cambios en la política de vacunación de Estados Unidos
Desde su llegada al cargo, Kennedy ha impulsado una serie de cambios que han suscitado duras críticas en la comunidad médica estadounidense. En febrero de 2025 obligó a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) a suspender las campañas de promoción de las vacunas contra la gripe, mientras que un comité asesor compuesto en su mayoría por personas nombradas por él mismo votó a favor de poner fin a la recomendación de los CDC de administrar a los recién nacidos la vacuna contra la hepatitis B.
En una medida calificada de inédita, Kennedy destituyó a todos los miembros del Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, el órgano encargado de formular las recomendaciones científicas sobre vacunas en Estados Unidos.
Las destituciones provocaron fuertes críticas de destacadas figuras del ámbito de la salud pública. El doctor Georges Benjamin, director ejecutivo de la Asociación Estadounidense de Salud Pública, calificó la decisión de ataque contra las instituciones sanitarias.
Benjamin declaró, en unas declaraciones recogidas por la agencia 'Associated Press', que "esta no es la manera en que funcionan las democracias, y tampoco es buena para la salud de la nación", en referencia a la creciente preocupación por la politización de las decisiones sanitarias y científicas en Estados Unidos.