Aunque Mauricio es famosa por sus bellas playas y su mar turquesa, la isla ofrece muchas más experiencias por descubrir.
Mauricio lleva mucho tiempo siendo un destino de primer orden para quienes buscan vacaciones de playa y complejos costeros de ensueño. Pero este país insular, situado frente a la costa sudoriental de África, quiere ampliar la mirada de quienes lo visitan.
Está atrayendo a los visitantes hacia su paraíso natural del interior mediante el deporte y el turismo de aventura al aire libre, y anima a los huéspedes de los hoteles a acercarse a sus localidades para descubrir su identidad multicultural.
"Mauricio es un destino de isla tropical, así que somos muy conocidos por nuestras hermosas playas y el Índico de color turquesa", explica Dinesh Burrenchobay, presidente de la Autoridad de Promoción Turística de Mauricio, a 'Euronews Travel' en la feria de turismo ITB de Berlín.
Pero recalca que en la isla hay muchas más experiencias por descubrir. Anima a los visitantes a hacer senderismo con guía hasta el Geoparque de las Siete Tierras de Colores, una formación geológica multicolor en la llanura de Chamarel.
En el extremo suroccidental de Mauricio se alza Le Morne Brabant, un lugar declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO con una montaña basáltica de 556 metros. Los senderistas disponen además de más de 50 kilómetros de caminos dentro del Parque Nacional de las Gargantas del Río Negro, el mayor espacio natural protegido de Mauricio.
Burrenchobay recomienda también acercarse a la costa oeste para avistar delfines y ballenas y tomar una embarcación en la costa norte para descubrir pequeños islotes con tranquilas zonas de baño.
Asegura que la isla ya nota que los viajeros son más aventureros y pasan más tiempo fuera de sus hoteles. "Algunos hoteles también animan a la gente a salir, lo cual es estupendo", añade. "En diez días se puede hacer mucho más que tumbarse en la tumbona".
Una isla multicultural
Pasar tiempo fuera del resort también significa conectar con la rica identidad multicultural de la isla. "Me gusta decir que somos una sola isla, pero también varios continentes en una isla", afirma Burrenchobay.
Una forma clave de adentrarse en esta mezcla cultural es a través de la comida. Recomienda ir a la capital, Port Louis, donde se encuentra cocina china en el barrio chino, revitalizado por la comunidad china local, además de restaurantes indios y criollos. Después está la gastronomía mauriciana, que combina el arroz con salsas como la rougaille, un guiso de tomate especiado, lentejas y el tradicional curry de ciervo.
Los visitantes también pueden recorrer los distintos lugares de patrimonio. En Port Louis merece la pena visitar Marie Reine de la Paix, un santuario católico situado en la ladera sobre la ciudad, y la mezquita Jummah, una de las más antiguas del océano Índico. En el centro de la isla se encuentra Ganga Talao, un lago sagrado en un cráter rodeado de templos y santuarios, considerado el lugar hindú más sagrado de Mauricio.
"Creo que muchos turistas que vienen a Mauricio se quedan sorprendidos de que un país tan pequeño reúna a personas que viven unas junto a otras y en gran armonía", señala Burrenchobay.
Turismo regenerativo
Aunque la isla ofrece infinidad de experiencias, las playas y la costa de Mauricio siguen siendo uno de sus grandes atractivos. Burrenchobay subraya que las autoridades se centran en combatir los efectos del cambio climático en estas zonas, por ejemplo con medidas de protección frente a la erosión costera y una apuesta creciente por las energías renovables.
La isla quiere además avanzar en el turismo regenerativo. "Creo que deberíamos involucrar a los turistas en acciones que ayuden a la comunidad local en torno a los hoteles", sostiene.
"Ya se están llevando a cabo iniciativas, pero creo que podemos hacer más y, sobre todo, hacer cosas que nos conviertan en un lugar mejor". Quiere que los turistas "marquen la diferencia", que se vayan de la isla con la sensación de que "quieren volver".