Las imágenes llegadas desde Kiev durante la noche mostraban ráfagas de luz de los sistemas de defensa aérea ucranianos que iluminaban el cielo, mientras los residentes buscaban refugio ante una nueva oleada de ataques rusos. Las explosiones resonaron en toda la capital mientras la población se protegía en el subsuelo, a la espera de que amainara la amenaza. El ataque se enmarca en una campaña sostenida de Moscú contra infraestructuras críticas y zonas urbanas densamente pobladas en toda Ucrania, que entra ya en su tercer año de guerra a gran escala.
Según las autoridades, el ataque activó las sirenas antiaéreas durante varias horas y obligó a miles de vecinos a bajar a las estaciones de metro y a los refugios habilitados. En el interior, las familias se apiñaban sobre colchonetas, algunas levantaban tiendas improvisadas ante la posibilidad de una estancia prolongada. Los testigos describieron un ambiente tenso, marcado por el sordo impacto de las interceptaciones y por los temblores esporádicos provocados por la caída de escombros.
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, y el jefe de la administración militar de la ciudad, Tymur Tkachenko, informaron de que varios distritos se vieron afectados tanto por impactos directos como por fragmentos de misiles y drones interceptados. Los servicios de emergencia se desplegaron por toda la ciudad para evaluar los daños, sofocar incendios y asistir a los vecinos. Al menos seis personas resultaron heridas, aunque las autoridades advirtieron de que el balance podría aumentar a medida que avanzan las labores de evaluación.
Las autoridades militares señalaron que durante la noche se detectaron nuevos lanzamientos de misiles, lo que motivó advertencias urgentes para que la población permaneciera en los refugios. La Fuerza Aérea ucraniana aseguró que sus sistemas de defensa seguían actuando para interceptar las amenazas entrantes, un reflejo de la intensidad sostenida de la campaña aérea rusa contra la capital y otras grandes ciudades.