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Los rohinyás, un año abandonados a su suerte

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Los rohinyás, un año abandonados a su suerte

Los rohinyás, un año abandonados a su suerte
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Un año abandonados a su suerte. Se cumplen doce meses desde el éxodo masivo de los rohinyás que huyendo de violencia en la antigua Birmania, encontraron refugio en la vecina Bangladés.

Un refugio provisional que va camino de convertirse en permanente con 700.000 personas viviendo en este campo de Kutupalong, el más grande del mundo.

El día a día es duro pero el tiempo pasa y la esperanza por un futuro mejor se desvanece

"Ha pasado un año desde que llegamos, mi hijo tiene ahora ocho meses. Me produce ansiedad pensar en su futuro, en su educación. Si volvemos ¿qué pasará? Ni aquí ni allí hay posibilidades para su educación. ¿Al volver, cuál será la situación? No sabemos. Me preocupa. No veo futuro en ninguna parte", explica Rashida Begum, refugiada rohinyá.

Los rohinyás son una minoría de religión musulmana que viven en el oeste de Myanmar, perseguidos en un país mayoritariamente budista. Naciones Unidas advierte de la falta de educación para el medio millón de niños rohinyás refugiados en Bangladés.

Si regresan seguirán en peligro.

"La necesidad prioritaria es garantizar que estén a salvo y seguros cuando regresen. Necesitan libertad de movimientos. Tener además unas condiciones claras para que los que tienen derecho puedan obtener su ciudadanía. A su regreso, básicamente necesitan poder integrarse en la sociedad como personas normales", comenta el coordinador de Naciones Unidas (ONU), Knut Ostby.

El gobierno de la antigua Birmania, que firmó un acuerdo de repatriación, está dispuesto a aceptar la vuelta de los refugiados.

No obstante, la mayoría tienen miedo, piensan que su seguridad en la región de Rakáin de la que proceden no está garantizada.