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El espejismo económico chileno: El mundo se olvidó de mirar más allá de la macroeconomía

El espejismo económico chileno: El mundo se olvidó de mirar más allá de la macroeconomía
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REUTERS/Pablo Sanhueza
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Considerado ejemplo a seguir y referente económico de América Latina, Chile lleva semanas de protestas en las calles, sumergido en una profunda crisis social que ha obligado al Gobierno de Sebastián Piñera a cancelar uno de los eventos internacionales más importante del año, la cumbre del clima COP25, y a anunciar el acuerdo para una nueva Constitución.

Es como una niña que se ve muy bonita de lejos, pero a medida que se acerca se aprecian las arrugas, explica a Euronews con esta metáfora Marta Lagos, analista política y directora fundadora de Latinobarómetro, la imagen que proyectaba el país y que ahora no se sostiene."Las cosas hay que observarlas más de cerca para apreciarlas".

Lagos dice que Chile "se vendió bien", pero vendió con "una realidad que no se concreta". "Todos los chilenos sabíamos que esa visión desde fuera de Chile era una visión idealizada y absolutamente poco realista", afirma.

El motivo de esta distorsión, a su juicio, fue confiar en los positivos datos macroeconómicos que ponían en valor los Gobiernos chilenos. "Las noticias que salían de Chile eran todas sobre la macroeconomía. Chile es un campeón de la macroeconomía, pero cuando se mira solo una causa o variable, no se están mirando las otras. Nadie miró al resto del país".

"El equilibrio fiscal, la inflación...son una serie de indicadores que, sin duda son positivos, pero no dicen nada al respecto de las personas dentro de una sociedad", agrega.

REUTERS/Goran Tomasevic

"El problema en Chile es la mala distribución de la riqueza", señala Lagos quien asegura que no basta con crecer: "es cómo se crece, con qué tipo de equilibrios se crece y quién recibe los beneficios del crecimiento".

"Hay una mitad del país que no recibe ningún beneficio del crecimiento", asegura. La analista considera que los protestantes en las calles no tienen nada que perder, porque del crecimiento de la economía chilena no han obtenido nada.

El hecho de que los manifestantes pertenezcan a clases bajas dice que le asemeja a la ola de protestas que vive la región este año, que comenzaron en Ecuador y se han recrudecido en Bolivia y, recientemente, en Colombia, y le aleja de protestas europeas como "los chalecos amarillos" en Francia.

La diferencia con las protestas europeas es que los europeos están protestando por las cosas que han perdido, mientras que los latinoamericanos están tomando las calles por las cosas que nunca han tenido.

"La expectativa de garantías sociales que la democracia no ha cumplido nunca marca la diferencia con las protestas en países desarrollados, donde la gente protesta porque ha perdido algo", explica. "En América Latina la gente nunca ha tenido eso".

Lagos dice que punto de inflexión fue la crisis económica mundial de 2008. "La gente que había salido de la pobreza, que había logrado tener una condición de clase baja, empieza a estancarse y empieza a tener una condición muy vulnerable a perder esa condición".

La promesa de Piñeira de un cambio de una Constitución promulgada por el dictador Augusto Pinochet hace más casi cuatro décadas no ha calmado las calles en Chile. Era indispensable, pero no es suficiente, defiende Lagos. "Se requiere un mayor gasto fiscal significativo, una reforma tributaria para recaudar el dinero que se necesita usar para las clases vulnerables y una reforma política", concluye.

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