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El gran fracaso de la COP25: ¿Qué impide a los países llegar a un acuerdo sobre mercados de carbono?

El gran fracaso de la COP25: ¿Qué impide a los países llegar a un acuerdo sobre mercados de carbono?
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AP - Sam McNeil
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Tras un fin de semana de largas y duras negociaciones el consenso al que han llegado los países que participan en la COP25 ha dejado un sabor agridulce, en palabras de Teresa Ribera, ministra de Transición Ecológica. Ni los dos días de retraso con los que se ha cerrado la Cumbre del Clima, han hecho posible el ansiado acuerdo para regular los mercados de carbono.

En su lugar, las delegaciones de los 200 países han conseguido llegar a un consenso por el cual, se comprometen a aumentar la ambición climática y reducir las emisiones de gases invernadero. La falta de acuerdo para modificar el artículo 6 del Acuerdo de París, referente a los mercados de carbono, escenifica el enfriamiento entre las partes y ha sido la gran decepción de la cumbre.

Este planteamiento se aleja del clamor de la sociedad civil y la comunidad científica que exigía regular la “compraventa de contaminación”. Para apaciguar los ánimos, han asegurado que este tema se debatirá un año después, en la próxima cumbre que tiene previsto celebrarse en noviembre de 2020, en Glasgow.

Las líneas rojas en la negociación

Aún está por determinar cómo se va a cerrar el mecanismo de regulación de los mercados de carbono. “Es triste no haber podido llegar a un acuerdo final, estuvimos tan cerca”, lamentó Carolina Schmidt, ministra chilena de Medio Ambiente y presidenta de la COP.

La principal línea roja, por la cual ha sido imposible llegar a un consenso, ha sido el debate por establecer un mercado de emisiones de carbono en el que se salvaguarden los derechos humanos.

“Algunos miembros de los grandes bloques de negociación, no querían ver -de ninguna manera- reflejados en el convenio los derechos humanos o ambientales y hay otros países que no concebían la regulación de estos mercados sin que figurasen estos derechos. Sin duda, esta ha sido una de las barreras imposibles de vencer ya que algunos países no han querido dar su brazo a torcer”, explica Raquel Montón, responsable de la campaña de cambio climático en Greenpeace.

Algunos miembros de los grandes bloques de negociación no querían ver, de ninguna manera, reflejados en el convenio los derechos humanos o ambientales
Raquel Montón
Responsable de la campaña de cambio climático en Greenpeace

“Los países que defendían el comercio de emisiones sin salvaguardas, además pretendían sacar un beneficio extra con los mercados de carbono. Un ejemplo claro es Brasil”, subraya la portavoz. Gracias al Amazonas, el país tiene la posibilidad de neutralizar una gran parte del dióxido de carbono que emite, lo que le da la opción de emitir más CO2. De esta forma vende su cuota de contaminación a empresas o países que sobrepasan su límite.

El principal problema radica en cómo se estableció en el Protocolo de Kioto. Por un lado, se encuentran los países desarrollados que deben recortar sus emisiones, y por el otro, los países en vías de desarrollo que no están obligados a ello. De esta forma, se distinguen compradores y vendedores de emisiones.

Al ratificar el Acuerdo de París, todos los países se convierten en iguales y deben acatar planes de recorte de las emisiones. Es por esto, que la experta señala a Brasil como uno de los protagonistas en la negativa a llegar a un consenso, con el empuje de Estados Unidos.

A estos dos gigantes, hay que sumarle la presión de Australia y China. Una negociación llena de intereses cruzados que dificulta el avance del tratado.

España pide mercados “sólidos y justos”

Un total de 27 países, entre los que se encuentra España, han presionado en las negociaciones exigiendo la incorporación de los ‘Principios de San José’ en la regulación de Mercados Internacionales de Carbono. Evitar la doble contabilidad de la que se benefician algunos países o asegurar la integridad ambiental están entre los once puntos que componen este documento.

La lista de países que apoyan estos principios son, en su mayoría, europeos. Además, la Unión Europea -a través de Copernicus, su servicio de observación de la Tierra- podría convertirse en el líder mundial en la vigilancia de emisiones de CO2. Algo crucial para poder cumplir con el artículo número 6 del Acuerdo de París.

Desde Greenpeace aseguran que la regulación de los mercados está alejando a los países del auténtico objetivo que consiste en reducir las emisiones tan rápido como se pueda. "Tenemos que reducir las emisiones globales a la mitad en los próximos diez, un reto inmenso que no se conseguirá mientras los mercados de carbono estén por el medio".

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