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El reto de los agricultores ante el coronavirus: menos manos y una nueva distribución

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El reto de los agricultores ante el coronavirus: menos manos y una nueva distribución
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En esta edición de Unreported Europe nos vamos a la campiña francesa, para profundizar en los temores de los agricultores. El Covid-19 está sacudiendo los viejos hábitos del siglo en toda Francia: los mercados agrícolas están cerrados. Y el virus aún no vencido interrumpe el libre flujo de mano de obra agrícola entre los países europeos.

Debido al Covid-19, los agricultores de Europa sienten amenazada su propia existencia: ¿Dónde encontrar trabajadores de temporada? ¿Cómo vender la cosecha? Son tiempos difíciles para los agricultores europeos.

Temporeros extranjeros que no pueden trabajar

Cailloux-sur-Fontaines es un pueblo cercano a Lyon. Mickael Bourguignon dirige la granja de 120 hectáreas de tercera generación. El negocio familiar depende de trabajadores temporales de Polonia.

Cuando los países europeos cerraron sus fronteras para detener el Covid19, a Mickael le faltaron de repente todas esas manos. Por eso la Comisión Europea pide a los estados miembros que faciliten el libre flujo de trabajadores temporeros.

"En este momento, no vemos la reapertura de las fronteras, tal vez esto cambie en unas pocas semanas. Pero nuestra situación es problemática hoy en día: sufrimos una falta crucial de mano de obra y los trabajadores estacionales no pueden viajar para trabajar con nosotros", lamenta Bourguignon.

Dorota Fuks, agricultora, dice que "más adelante en el año necesitaremos mucha más gente para trabajar aquí. La temporada de cosecha acaba de empezar. Normalmente necesitamos unas 30 o 35 personas para entonces. Hoy en día, sólo somos unas 15 personas y ya se necesitarían más manos."

Los trabajadores polacos están alojados en casas móviles. Algunos de ellos llegaron antes del brote de Covid-19, ahora están atrapados en Francia. Mientras que otros, todavía en Polonia, no pueden venir a Francia.

El gobierno francés pidió ayuda a los desempleados locales. Dimitri Angelin es uno de ellos. Normalmente cocina en un elegante restaurante de Lyon, pero la pandemia les obligó a cerrar. "Me dije a mí mismo: en lugar de quedarme en casa dejando pasar el tiempo, podría dar algo. Además, puedo completar mi paga por desempleo con el dinero que recibo por mi trabajo en la granja de aquí", explica.

Completar la paga por desempleo debido al Covid-19 con una remuneración por ayudar a los agricultores necesitados es perfectamente legal y es uno de los planes que se han puesto en marcha para evitar una interrupción de la producción de alimentos. Unas 240.000 personas ya se han registrado en línea. Pero Michael Bourguignon sigue preocupado:

"Por allí está nuestro campo de espinacas, detrás se ve el campo de maíz, y aún más lejos tenemos una parcela de tierra para cultivar cebollas, por allí, cerca de los invernaderos y el lote de tierra con la lechuga..."

Mickael cuenta que hoy ya tiene "una hectárea de lechuga lista para ser cortada. Pero si los mercados no cambian, es casi seguro que tendré que destruirlas. Por lo tanto, le pido al Estado francés que reduzca nuestras tarifas o incluso que las cancele todas, al menos durante este período, que sigue siendo difícil".

Apicultores avasallados por la pandemia

En Saint-Alban-d'Ay, en la región francesa de Ardèche, lo que parece un paraíso sorprende con algunos puntos peligrosos... que no tienen que ver con las abejas, en su mayoría del apicultor local Francis Gruzelle. El problema está en otra parte: los mercados agrícolas cerrados.

El Covid-19 envenena una profesión frágil: Hoy en día el número de apicultores franceses se ha reducido a 75.000, la mayoría de ellos pequeños. 15.000 apicultores se han rendido ya durante los últimos diez años, según alerta Gruzelle, y el Covid-19 acelerará esta tendencia.

"El COVID-19 y el confinamiento están matando el sustento de miles de apicultores. Son víctimas de la miel no vendida y de los mercados agrícolas cerrados... Es una catástrofe. El Covid-19 está acabando con los apicultores, que ya están aplastados por los insecticidas, los pesticidas, las colonias de abejas diezmadas y la espiral de los costes de producción", dice Gruzelle.

A los 13 años, el joven Francis consiguió su primera colmena. Hoy en día, Gruzelle representa a 725 apicultores de la región de Ardeche y Drome.

El sector está al borde del colapso, dice. Gruzelle tomó medidas y escribió una carta al ministro de agricultura. ¿Qué se debería hacer para salvar a los apicultores de un colapso total por el Covid-19?

Gruzelle cree que "para salvar a los apicultores el gobierno debería reducir el IVA a la mitad, repartir subvenciones para el azúcar a los apicultores, eximirlos de las contribuciones a la seguridad social y lanzar una campaña televisiva para invitar a los consumidores a comprar de nuevo la miel de su apicultor local".

Adaptar la distribución para dar salida a los cultivos locales

Las colinas de Irigny están cubiertas de árboles frutales en flor. Jérémy Beroud dirige un negocio agrícola familiar de 20 hectáreas. Cuando se enteró del cierre total de todos los mercados agrícolas, se enfadó.

Antes del Covid-19, Beroud vendía cada semana sus productos en ocho mercados en Lyon. De un día para otro, estableció un sistema de distribución completamente diferente (por teléfono y redes sociales. La gente pide cestas de verduras para llevar. Beroud y su equipo las preparan.

"El cierre de los mercados agrícolas fue un golpe brutal. Surgieron muchas preguntas: ¿Qué debemos hacer con nuestros productos y con todas esas verduras todavía en el suelo, que van a ser recogidas pronto? ¿Todo este trabajo para nada? Pero no había tiempo para quedarse en modo pánico: el ayuntamiento estaba reaccionando. Comprendieron inmediatamente que tras el cierre de los mercados agrícolas se necesitaba una logística diferente para alimentar a la población y que los productores debían hacer su trabajo en este contexto económicamente difícil", dice Jérémy Bérou.

El primo de Jeremy solía conducir camiones blindados llenos de dinero. Pero en estos días de Covid-19 es un camión de frutas y verduras.

En todo Lyon, los alcaldes y productores del distrito establecieron una red de puntos de distribución. La diferencia con los mercados agrícolas es que hay menos gente reunida y un estricto control del distanciamiento social.

Desde el Covid-19, la gente compra menos comida fresca, eso es parte del problema.

Corinne Barret dirige una asociación de vecinos en el tercer distrito de Lyon. Ella tomó medidas: "Los residentes prefieren comprar productos locales en lugar de ir a un supermercado, eso es todo. Además, es una oportunidad para que los productores trabajen... las frutas y verduras siguen creciendo, sería una lástima desperdiciarlas y no cultivar, eso es todo."

El agricultor voluntario Jean-Louis Vignes cuenta que es la primera vez que hace esto de esa manera: "protegiéndome, poniéndome guantes... bueno, tienen algunos agujeros, voy a cambiarlos..., poniéndome una máscara, diciéndole a la gente que mantenga la distancia de seguridad para mantenerse a salvo y para mantenernos a salvo también, eso es todo."

Normalmente Francia importa un 40 por ciento de sus frutas y verduras. Desde la pandemia, el patrón cambió. Cerrar todos los mercados agrícolas en las ciudades francesas: ¿es una buena o mala idea?

Camille, vecino de Lyon cree que "el cierre de los mercados agrícolas es una buena idea. Todo el mundo está en estrecho contacto con los demás y no sabemos con seguridad si todo está desinfectado. Ahora mismo tenemos una pequeña alternativa a los enormes mercados de granjeros, eso es genial".

Délia, otra residente de la zona, dice que "es complicado poner en práctica todas esas medidas de seguridad que deben ser respetadas por todo el mundo en los mercados agrícolas. Por eso este sistema no está nada mal. Pero entiendo perfectamente que es muy difícil para los productores. Si puedo añadir otro punto: tengo que admitir que es un poco caro. Es la primera vez que vengo a un lugar así, pero no creo que esté aquí todas las semanas."

La crisis del Covid está alimentando otro debate, en Francia y en otros lugares: ¿Están los consumidores dispuestos a pagar más por los productos cultivados localmente?

Los patrones de compra podrían cambiar, incluso después del Covid-19.