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¿Es compatible el Ramadán con el distanciamiento social que exige la pandemia del coronavirus?

Virus Outbreak Ramadan
Virus Outbreak Ramadan   -   Derechos de autor  Fareed Khan/Copyright 2020 The Associated Press. All rights reserved.
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El jueves 23 de abril el mundo musulmán comienza con la luna nueva un complejo mes del Ramadán: confinado en su gran mayoría y ante el dilema de cómo preservar sus tradiciones lo más posible sin que se dispare el número de contagios del nuevo coronavirus.

Junto a la dificultad de abstenerse de comer y beber durante muchas horas al día, al Ramadán de este año se une el desafío de conseguir recrear el espíritu comunitario tradicional de esta festividad de forma virtual.

Durante el Ramadán, familias y amigos se reúnen para romper el ayuno al atardecer con grandes comidas, conocidas como iftars. En algunos países, las cafeterías y los eventos culturales se llenan hasta altas horas de la noche. Además los musulmanes van a las mezquitas para las horas de oración vespertina, o tarawih. Y muchos aprovechan este mes para dedicarse a obras de caridad.

Sin embargo, este año la gran mayoría de los musulmanes se encuentran aislados de todas las actividades sociales que hacen que este mes sea especial.

Muchos países han cerrado mezquitas y prohibido la tarawih para evitar las multitudes. Prominentes clérigos, incluso en Arabia Saudí, han instado a la gente a rezar en casa y la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha pedido a los musulmanes contagiados con COVID-19 que no ayunen.

En Europa, las principales mezquitas, que llevan cerradas desde el inicio del confinamiento en sus respectivos países, han lanzado iniciativas virtuales para conectar con sus fieles.

Por ejemplo, la Gran Mezquita de París ha anunciado una retransmisión diaria especial en Youtube durante el mes del Ramadán, mientras que el Centro Musulmán de Londres organiza debates con la aplicación de videoconferencia Zoom sobre cómo "maximizar nuestros esfuerzos mientras estamos confinados".

En los países de mayoría musulmana, los gobiernos están tratando de equilibrar las restricciones con las tradiciones.

En Bosnia y Herzegovina, las mezquitas han sido desinfectadas antes del mes santo islámico, aunque no se espera que los miembros de la comunidad musulmana asistan a ningún servicio, ya que el gobierno les ha ordenado quedarse en casa y rezar.

Sólo se permite a los líderes religiosos y a unos pocos miembros de la congregación acudir a las mezquitas hasta que se relajen o se levanten las medidas de distanciamiento social impuestas por el gobierno que limitan las reuniones a un máximo de cinco personas.

AP/Kemal Softic
Trabajos de desinfección de la mezquita de Cobanija en Sarajevo, Bosnia y Herzegovina, el martes 21 de abril de 2020.AP/Kemal Softic

El Líbano, Irak, Siria y Egipto se han flexibilizado los toques de queda, retrasándolos para que comiencen entre media hora y 90 minutos después de la puesta del sol. Esto da un margen para que las familias que vivan cerca se puedan reunir para las grandes cenas del iftar y todavía tengan tiempo de volver a dormir a sus casas.

Otros países han prohibido los viajes internos de largo recorrido. Siria levantó la prohibición de desplazarse entre provincias durante dos días y luego la restauró.

En Indonesia, la nación musulmana más poblada del mundo, el gobierno ha prohibido a millones de empleados gubernamentales, soldados y policías que viajen a sus casas para celebrar el Aíd al Fitr, la fiesta que marca el final del Ramadán.

Resistencia en Bangladés y Pakistán

Sin embargo, algunos líderes religiosos no están predicando las recomendaciones de distanciamiento social.

En Bangladés, aunque el gobierno laico ha pedido que se reduzca la asistencia a las mezquitas, los imanes están pidiendo a los fieles que se congreguen.

Rezar en la mezquita es "obligatorio" para los musulmanes sanos, dijo Mojibur Rahman Hamidi, miembro del grupo extremista Hefazat-e-Islam, que representa a estos imanes.

Decenas de miles de bangladeshíes se reunieron el viernes para celebrar la muerte de un prominente predicador, desafiando las órdenes de confinamiento.

AP/Masuk Hridoy
El sábado 18 de abril de 2020, miles de musulmanes de Bangladés se reúnen para asistir al funeral de un popular predicador islámico.AP/Masuk Hridoy

En Pakistán, la fé ha prevalecido sobre todas las demás consideraciones desde el comienzo de la pandemia. Mientras que las autoridades han tratado de limitar la asistencia a las mezquitas o cerrar algunas de ellas, los fieles han rezado en las calles adyacentes, hombro con hombro, desafiando cualquier regla de distanciamiento social.

A pesar de este rechazo al confinamiento, se ha demostrado los riesgos de propagación del virus a través de reuniones religiosas. En marzo, grandes congregaciones de misioneros musulmanes del movimiento Tablighi provocaron el contagio de cientos de personas en Malasia, India y Pakistán.

Impacto en las donaciones y en las actividades de ocio

La OMS ha pedido que se respeten las reglas de distanciamiento social cuando se hagan las donaciones o limosnas voluntarias del Ramadán.

La cancelación de las tradicionales comidas colectivas de caridad será particularmente doloroso, puesto que coinciden con un período de crisis en el que muchas personas han perdido sus trabajos por las restricciones del coronavirus.

Algunos se apresuran a llenar el vacío. En Cachemira, el territorio de mayoría musulmana disputado por India y Pakistán, voluntarios con mascarillas y guantes dejaron sacos de arroz, harina, lentejas y otros alimentos básicos para el Ramadán a las puertas de los necesitados en la ciudad de Srinagar.

Pero no todo son tradiciones religiosas durante el Ramadán.

Egipto es conocido por las comedias televisivas y las series dramáticas que produce durante el mes, que se emiten entre las comida del iftar y la previa al amanecer. Este año se ha producido un nuevo lote, a pesar de las restricciones del coronavirus.

Pero los iraquíes tendrán que renunciar a una tradición única del Ramadán: los torneos de un juego por equipos llamado "Mheibes".Las autoridades sanitarias pidieron a Jassim al-Aswad, el antiguo campeón y organizador del torneo, que lo cancelara por el bien de la seguridad pública.

"Me siento muy triste", dijo. "El Ramadán estará desprovisto de estos rituales populares este año que Dios se vengue del corona, que nos privó de nuestro pasatiempo más bello”.