El maná del turismo, y con él miles de puestos de trabajo, se ha esfumado del Algarve, en el sur de Portugal. Propietarios de hoteles, bares y restaurantes constatan con preocupación lo difícil que es sobrevivir en la llamada "nueva normalidad".
El maná del turismo, y con él miles de puestos de trabajo, se ha esfumado del Algarve, en el sur de Portugal. Propietarios de hoteles, bares y restaurantes constatan con preocupación lo difícil que es sobrevivir en la llamada "nueva normalidad".
"Abrimos y tuvimos que cerrar. Invertimos esperando que fuera un buen año. En esta época del año, deberíamos atender a entre 300 y 350 personas al día, incluyendo las comidas. Pero solo servimos entre 30 y 40", lamenta Carlos Guerreiro, propietario de un restaurante.
En estas condiciones, algunos sienten como una estocada las restricciones de horario y aforo impuestas por el Gobierno para evitar la propagación de la pandemia:
"Tenemos entre el 10 y el 20 % de nuestra capacidad de clientes durante el día. Y justo cuando empezamos a tener más movimiento, cuando la gente sale después de la cena, tenemos que cerrar a las once de la noche", explica João Santos, camarero.
Pero la puntilla la ha dado el Reino Unido al poner en cuarentena a quienes lleguen al país procedentes de Portugal, una decisión que ha espantado a muchos turistas británicos, los más asiduos del Algarve. Como gesto de solidaridad, el presidente de Portugal ha decidido pasar sus vacaciones en esta región del sur del país en la que la paro aumento un 200% el pasado mes de mayo.