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Violencia contra las mujeres: ¿Qué es el Convenio de Estambul y qué impacto ha tenido?

Organizaciones de derechos de la mujer de Polonia protestan contra los planes del Gobierno de retirarse de la Convención de Estambul.
Organizaciones de derechos de la mujer de Polonia protestan contra los planes del Gobierno de retirarse de la Convención de Estambul.   -   Derechos de autor  AP Photo/ Czarek Sokolowski
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Varios países han expresado recientemente su deseo de abandonar la Convención de Estambul, el primer instrumento jurídicamente vinculante que establece un conjunto de normas jurídicas para combatir la violencia contra la mujer.

Pero, ¿qué es el Convenio de Estambul y ha marcado realmente la diferencia hasta ahora?

¿Quién estableció el Convenio de Estambul y por qué?

El nombre original del Convenio de Estambul es "Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica". Dado que ese nombre es bastante largo, se le conoce sobre todo como el Convenio de Estambul, que se estableció por primera vez el 11 de mayo de 2011.

El Consejo de Europa ya había puesto en marcha varias iniciativas para promover la protección de las mujeres contra la violencia desde el decenio de 1990. Con el paso de los años y a lo largo de varias campañas se hizo cada vez más evidente la necesidad de contar con un conjunto de normas jurídicas para garantizar que las víctimas en cualquier lugar pudieran beneficiarse del mismo nivel de protección.

En 2008, el Comité de Ministros de Justicia del Consejo de Europa estableció un grupo de expertos encargado de redactar una convención que estableciera las normas para prevenir y combatir la violencia contra la mujer y la violencia en el hogar.

El proyecto final estuvo listo dos años más tarde, en 2010. Pero antes de que estuviera terminado, varios países habían intentado suavizar el lenguaje y eliminar ciertos párrafos, para consternación de las organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional.

El 11 de mayo de 2011, la convención se abrió a las adhesiones en Estambul, Turquía. A día de hoy, 12 países la han firmado sin ratificarla, y 34 países que la han firmado, la han ratificado y la han hecho cumplir. Entró en vigor el 1 de Agosto de 2014.

¿Quién no lo ha firmado y quién no lo ha ratificado?

Turquía fue el primer país en ratificar el convenio el 12 de marzo de 2012. Seguido por otros 33 países. En 2017, la UE finalmente también firmó.

Varios países han firmado pero nunca lo han ratificado, lo que significa que nunca se ha aplicado. Entre esos países se encuentran Armenia, Bulgaria, Hungría, Letonia, Liechtenstein, Lituania, República Checa, Moldavia, Ucrania y Reino Unido.

Otros pocos se negaron a firmar, como Rusia y Azerbaiyán.

¿Qué dice y qué no dice el Convenio de Estambul?

El Convenio de Estambul es el primer conjunto de directrices jurídicamente vinculantes que crea "un marco jurídico y un enfoque amplios para combatir la violencia contra la mujer" y se centra en la prevención de la violencia doméstica, la protección de las víctimas y el enjuiciamiento de los agresores acusados.

También establece que la violencia contra la mujer es una violación de los derechos humanos y una forma de discriminación.

El Convenio establece cuáles son los actos que deben ser penalizados por los países participantes. Estos delitos incluyen la violencia psicológica, el acoso, la violencia física, la violencia sexual (incluida la violación), todos los actos no consentidos de naturaleza sexual con una persona, el matrimonio forzado, la mutilación genital femenina, el aborto forzado y la esterilización forzada, los crímenes de honor y el acoso sexual.

Se encargó a un grupo independiente de expertos llamado GREVIO (siglas de Grupo de Expertos en la Lucha contra la Violencia contra la Mujer y la Violencia Doméstica) la tarea de vigilar la aplicación de la convención.

Ha habido algunos puntos de discusión, que han provocado críticas de los firmantes potenciales y actuales. Uno de los principales puntos de crítica es que el convenio define el término "género" como "las funciones, los comportamientos, las actividades y los atributos socialmente construidos que una sociedad determinada considera apropiados para las mujeres y los hombres".

Algunos países consideraron que esta definición era demasiado amplia y temían que pudiera interpretarse para dar paso a la concesión de un tercer género. Sin embargo, según el Convenio, el género y el sexo son dos conceptos separados y la definición no tiene por objeto sustituir los términos "mujeres" y "hombres".

No hay ninguna mención explícita de los términos "intersexual" y "transexual" en el Convenio de Estambul. Sin embargo, las partes deben evitar toda discriminación basada en el género o la identidad sexual de una persona, así como en su raza, color, idioma, religión, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, asociación con una minoría nacional, patrimonio, nacimiento, edad, estado de salud, discapacidad, estado civil, condición de migrante o refugiado.

Otro aspecto por el que algunos países dudan en adherirse es que el Convenio de Estambul exige a las partes que incluyan material didáctico sobre los roles de género no estereotipados. En ocasiones, esto se percibe como un intento de imponer un estilo de vida liberal y occidental en las sociedades más tradicionales y conservadoras.

¿Tiene el Convenio de Estambul un impacto real?

Según la Asamblea Parlamentaria del Consejo Europeo, el Convenio de Estambul ya ha tenido un impacto tangible, puesto que en varios países se han introducido normas legislativas y políticas más elevadas en la legislación nacional, y ha aumentado la sensibilización de la sociedad en general.

En algunos países, como Montenegro, la convención ha tenido un efecto positivo en la legislatura que protege a la mujer, según se señala en un informe. Sin embargo, hay margen de mejora, según el informe de la OSCE (Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos Humanos).

La Asamblea Parlamentaria del Consejo Europeo también señaló que el Convenio de Estambul ayudó a crear conciencia sobre la violencia doméstica y ayudó a educar a las víctimas, además de estimular el debate sobre el tema, dijeron los parlamentarios.