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Un siglo siendo los focos de infección: ¿por qué la COVID-19 se ceba con los barrios más pobres?

Una mujer camina en el barrio sur de Vallecas en Madrid, España, el lunes 21 de septiembre de 2020.
Una mujer camina en el barrio sur de Vallecas en Madrid, España, el lunes 21 de septiembre de 2020.   -   Derechos de autor  AP Photo/Bernat Armangue
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“Es un castigo a la clase obrera”, clama María José Berral, enfermera jubilada. Vive en Puente de Vallecas, uno de los barrios más desfavorecidos en los que el Gobierno regional madrileño ha aplicado restricciones y está convencida de que las medidas tienen un claro sesgo ideológico.

"Es un castigo para la clase obrera
María José Berral
Enfermera jubilada vecina de Puente de Vallecas

La estrategia para contener la incidencia del virus ha resultado en un confinamiento selectivo que afecta, en su mayoría, a las zonas más deprimidas del sur.

“Nos culpan de lo que está pasando. Dicen que son nuestros modos de vida y no nuestras condiciones de vida”, señala Berral, que además es miembro de la plataforma en Defensa de la Sanidad Pública.

“El 80% de los que viven en Vallecas no pueden teletrabajar. La mayoría de las mujeres se trasladan a los barrios del norte a cuidar, limpiar casas, en muchos casos sin ningún tipo de cobertura social, con lo cual, no tienen cómo justificar esos trabajos para poder desplazarse”, añade.

De las 37 áreas afectadas, la mayoría están por debajo del umbral de los 25.000 euros anuales de renta por familia. Solo seis de ellas llegan a los 30.000. Incluso uno de los barrios en Villaverde se encuentra entre los de renta más baja, con una media anual por persona de 6.000 euros, según el Instituto Nacional de Estadística.

La frontera marcada por las restricciones muestra cómo la pandemia de coronavirus, una vez más, ha golpeado con más fuerza las zonas más empobrecidas.

Una constante histórica

A Ricardo Campos, científico titular del Instituto de Historia del CSIC y presidente de la Sociedad Española de Historia de la Medicina, no le sorprende el dato: “Cuando hay desastres o epidemias las zonas más deprimidas tienen más contagios y más mortalidad. Es una constante histórica y un clásico del estudio de las pandemias”.

De hecho, un informe realizado hace 100 años por el médico higienista, César Chicote, ya señalaba los barrios del sur de Madrid como focos de infecciones, donde las pandemias se propagaban con mayor rapidez, y apuntaba a la infravivienda como una de las razones.

Según cuenta el experto, históricamente, estas zonas recibieron un aluvión de inmigrantes de distintas regiones de España que venían a trabajar en las fábricas. En tan solo veinte años algunas llegaron a pasar de 5.000 habitantes a unos 200.000.

¿Las consecuencias? “Se construyeron casas muy pequeñas muy rápidamente. Casas de 40 metros cuadrados donde vivían familias enteras. Viviendas con muy poca luz, falta de ventilación. Barrios muy densamente poblados, en los que la gente vive muy hacinada”, cuenta Campos.

“La enfermedad de la vivienda”

El médico lo llegó a denominar la “enfermedad de la vivienda” porque las pandemias tenían un índice de mortalidad que se duplicaba en las zonas empobrecidas del sur.

Tal y como está sucediendo hoy en día con el coronavirus, el índice de zonas como Puente de Vallecas ronda los 1.200 casos por cada 100.000 habitantes. Una incidencia muy superior a la media nacional y a la propia media de Madrid que ronda los 600 casos por cada 100.000 habitantes.

En señalar la infravivienda como una posible causa de propagación coinciden tanto la enfermera como el investigador. Berral asegura que hay que trabajar en reforzar las condiciones de vida. “¿Cómo se puede cumplir el confinamiento cuando viven cuatro en una misma habitación? Que nos lo diga el Gobierno”.

¿Qué ha cambiado en un siglo?

Si el doctor Chicote hizo su informe en 1914 para constatar que nada había cambiado con respecto a estudios anteriores. Ahora, Campos cuenta que sí han mejorado las condiciones de vida, pero hay una constante que se mantiene: la desigualdad económica repercute en la desigualdad en salud.

“Hoy en día, hay familias muy grandes que conviven en casas muy pequeñas. La diferencia en la clase social les lleva a vivir en unas condiciones más precarias y cuando viene una pandemia como la actual, se nota mucho más la diferencia entre barrios”, sostiene el investigador.

Las conclusión del informe era clara y concisa, la solución pasa por intervenir los barrios para mejorar las condiciones higiénicas y disminuir la precariedad. Algo que en la práctica no se ha podido llevar a cabo tan rápido como se debería.

“Esto es un desastre, es un abandono de muchos años y aún más desde que empezó el coronavirus”, reitera la enfermera. “Hay que poner más medios. Ni un solo rastreador ha llamado a alguien de Puente de Vallecas para hacer un seguimiento. Confinar por barrios no es una solución, ni la vamos a aceptar”.

Para el investigador estas restricciones tampoco tienen mucho sentido. “En una megalópolis como es Madrid es imposible confinar por partes. Hay que confinar poblaciones enteras. Al estar tan interconectados o confinas todo Madrid o es un parche que no sirve para mucho”.

El círculo de Horwitz

Existe un término científico que explica las palabras de Campos: El círculo de Horwitz. Una teoría que establece cierta circularidad entre pobreza y enfermedad. En resumen: “Hombres y mujeres enferman porque son pobres, se vuelven más pobres porque están enfermos y más enfermos porque son más pobres”.

“Hombres y mujeres enferman porque son pobres
Doctor Abraham Horwitz

El patrón de Madrid se repite en otras ciudades de la península. Con el círculo de Horwitz en la mano, un estudio realizado en Barcelona por el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas, demostró que, en los barrios más pobres de la ciudad condal, la incidencia de COVID-19 fue mucho mayor que en los barrios con rentas más altas.

Según este trabajo, llevado a cabo entre el 26 de febrero y el 19 de abril, durante la primera oleada, Nou Barris, la zona con la renta más baja, registró una incidencia 2,5 veces más alta que en Sarrià Sant-Gervasi, los barrios con la renta más alta.

La doctora María Grau, investigadora principal del estudio, explica, coincidiendo con el doctor Campos, que en el caso de Barcelona la precariedad laboral y las peores condiciones de vivienda son dos de las razones que influyen en esta diferencia. Además, explica Grau, "Los trabajos que no se pueden realizar telemáticamente son los más arriesgados".

La doctora tiene claro que, para evitar esta diferencia y romper el círculo vicioso entre pobreza y enfermedad, hay que hacer un mayor esfuerzo para atajar el problema en las zonas más desfavorecidas: “Esto lo que nos dice es que hay población más vulnerable a la COVID-19 Hay que enfocarse en esta población e ir más allá, no solo llevando el mensaje sino con un esfuerzo económico, ERTES, renta básica o PCR masivas”.