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¿La falta de un confinamiento estricto ha protegido a los suecos del cansancio de la COVID?

Una pareja se abraza y se ríe mientras almuerzan en un restaurante de Estocolmo, Suecia, cuando la mayor parte de Europa está confinada, el 4 de abril de 2020.
Una pareja se abraza y se ríe mientras almuerzan en un restaurante de Estocolmo, Suecia, cuando la mayor parte de Europa está confinada, el 4 de abril de 2020.   -   Derechos de autor  AP Photo/Andres Kudacki, Archivo
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Durante meses, los europeos han tenido que convivir con medidas invasivas para hacer frente a la expansión de la COVID-19 que les han privado de libertades diarias que antes daban por sentadas y están alcanzando un punto de no más tolerancia: se están cansando del coronavirus y de todo lo que conlleva, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Este "cansancio de la COVID", que según los Estados miembros está surgiendo en sus poblaciones, plantea un problema porque disminuye el apoyo público a las estrategias de respuesta a la pandemia, añadió la OMS.

A su vez, esto representa una grave amenaza para los esfuerzos por controlar la propagación del nuevo virus.

La estrategia de Suecia ante la pandemia ha sido inconsistente con gran parte del mundo, y, en particular, con el resto de Europa - cuando países como Francia, Italia y España ordenaron estrictos confinamientos nacionales en marzo, el Gobierno de Suecia no hizo tal cosa.

Las guarderías, las escuelas primarias, las tiendas y los restaurantes permanecieron abiertos y los suecos fueron fotografiados socializando en cafés y haciendo ejercicio en gimnasios.

¿Pero ha servido su estrategia para protegerles de cansarse de las restricciones del confinamiento, mientras que la idea de otro encierro produce ansiedad en sus vecinos europeos?

A modo de comparación, Euronews comparó a la población francesa, donde se acaban de reintroducir nuevas medidas estrictas, incluyendo el toque de queda, con los suecos para ver qué opinaban de la estrategia de su país y si estaban experimentando el cansancio de la COVID.

¿Ha funcionado la estrategia de Suecia?

Algunos han visto en Suecia un precursor de la idea de la "inmunidad de rebaño"a pesar de que el embajador de Suecia en Reino Unido recientemente negó que esta fuera la estrategia de su país.

Su polémica estrategia también ha dividido a la comunidad científica y médica del país; un grupo de 50 científicos y más de 100 miembros conocido como Vetenskapsforum COVID-19 (Foro Científico COVID-19) se ha unido para pedir medidas más duras, argumentando que demasiados han muerto a causa de la estrategia actual.

Si observamos la tasa de mortalidad acumulada per cápita del país, el total de Suecia desde el comienzo de la pandemia rivaliza con el de Estados Unidos, según los datos del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDP).

El país ocupa el decimocuarto lugar en el mundo en términos de muertes por cada 100.000 habitantes (excluyendo a la minúscula Andorra y San Marino), siendo Italia, Reino Unido, España y Bélgica los únicos países europeos que se sitúan por encima de él.

Y cuando consideramos a los más vulnerables, alrededor del 7% de las 14.000 personas de las residencias de mayores de Estocolmo perdieron la vida debido al coronavirus.

¿Qué tienen que decir los suecos?

Mientras que muchas instituciones públicas y locales comerciales permanecieron abiertos, el Gobierno de Suecia introdujo algunas medidas al comienzo de la crisis del coronavirus en Europa, en marzo.

Las autoridades limitaron las reuniones sociales a 50 personas y pusieron fin a las visitas a las residencias de ancianos.

Estadísticas y datos procedentes del uso del teléfono móvil también han sugerido que muchos suecos prefirieron quedarse en casa de forma voluntaria.

Las autoridades sanitarias querían lograr la aceptación de "la nueva normalidad" y lo han conseguido.
Anamaria Dutceac Segesten
Profesora universitaria de estudios europeos de Lunds

Anamaria Dutceac Segesten, profesora titular de Estudios Europeos de la Universidad de Lunds, identificó la "cultura de la conformidad" de Suecia como una de las razones por las que no cree que un confinamiento estricto sea apropiado en su país.

También dijo a Euronews que la gente tiene "mucha confianza en el Gobierno" que, ella piensa, estaba enfocando su estrategia a largo plazo cuando eligió no cerrar completamente el país.

AP Photo
Un picnic durante las celebraciones anuales del solsticio de verano en Estocolmo, Suecia, el viernes 19 de junio de 2020.AP Photo

"Parecía algo razonable, la gente pensó 'puedo hacerlo'", dijo a Euronews. "Las autoridades sanitarias querían lograr la aceptación de la 'nueva normalidad' suavizando las restricciones y lo han conseguido".

Aunque Dutceac Segesten no cree que todos los suecos hayan seguido esta línea, puesto que considera que los estudiantes respetan las reglas en los campus de las ciudades universitarias pero no fuera de ellas.

Estamos acostumbrados a seguir las instrucciones de las autoridades.
Hans Lindberg
Arquitecto de Mariestad

Hans Lindberg, un arquitecto de 72 años de Mariestad, está de acuerdo con esta observación sobre la generación más joven, ya que cree que la gente de 20 a 26 años en Estocolmo, especialmente los estudiantes, "no se preocupan" por la COVID-19 y por las medidas de distanciamiento social.

A pesar de ello, dijo a Euronews que la mayoría de la gente se distanciaría socialmente de forma voluntaria: "creemos en lo que dicen las autoridades y creemos en sus restricciones".

"Estamos acostumbrados a seguir las instrucciones de las autoridades, la gente está aceptando la situación".

Lindberg no cree que la fatiga pandémica se haya establecido y argumentó que sus compatriotas "seguirían fácilmente las restricciones de nuevo" ahora que el verano ha terminado.

La única cosa de la que la gente se está cansando es de hablar de la pandemia.
Max Faxälv
Estudiante y desarrollador de software

Max Faxälv, un estudiante y desarrollador de software, piensa que el enfoque del Gobierno sueco ha significado que la gente haya experimentado menos repercusiones psicológicas negativas que las de los países que tenían confinamientos estrictos.

Tiene familia en la vecina Dinamarca, que cerró temprano, y considera que la "COVID los ha aislado realmente".

Faxälv dice que le preocupan las "masas de gente" que trabajan desde su casa y su falta de contacto social cuanto más tiempo dure la pandemia - la Agencia de Salud Pública pidió a los empleadores de Estocolmo y sus alrededores que permitieran el trabajo a distancia siempre que fuera posible.

Está de acuerdo en que es menos probable que los jóvenes respeten el distanciamiento social en todo momento, y añade que él entra en esta categoría pero que "no vive con gente mayor".

"La única cosa de la que la gente se está cansando es de hablar de la pandemia", dijo.

¿Qué tienen que decir los franceses?

Los ciudadanos franceses de todo el país fueron sometidos a un estricto confinamiento durante dos meses en primavera, y las autoridades hicieron cumplir la normativa: durante un período, sólo se permitió a las personas salir durante una hora al día en un radio de 1 km de sus hogares y se impusieron multas a los que fueron sorprendidos infringiendo las normas.

El país, que ahora se encuentra en medio de una segunda oleada del virus, ha vuelto a endurecer las restricciones, con la imposición de toques de queda en París y en otras grandes ciudades.

AP Photo/Lewis Joly
Un camarero cierra la terraza de un típico bistrot parisino la noche en que entró en vigor el toque de queda de las 21 horas en la ciudad. 17 de octubre de 2020.AP Photo/Lewis Joly

Pero, ¿están los franceses cansados de las medidas para combatir el virus?

Nikky Lorcerie, una florista de Lyon en el este, no ha observado esto entre su clientela: "Cuanto más tiempo pase (la pandemia), más probable es que la gente siga las reglas".

"Todos estamos hartos de esto, de la COVID, pero no tenemos elección. Vemos que cada vez más gente cercana a nosotros enferma, así que tenemos cuidado", dijo a Euronews.

La población francesa es la que busca la revolución, así que si se ponen reglas, buscaremos desafiarlas.

Lea Cailleau vive en el centro de Lyon pero que trabaja en Suiza. No está de acuerdo y afirma que es menos probable que los franceses respeten las medidas de protección como el distanciamiento social al cabo de medio año de la pandemia.

"Las personas no tienen cuidado. Si miras a la gente en un mercado, se rozan entre sí y se pegan a las personas que están delante de ellos". Es bastante desagradable dada la situación", dijo.

"La gente está harta. Hemos dejado de vivir. Los bares y restaurantes están cerrando, hay nuevas reglas sobre cuándo deben cerrar las cosas, está empezando a desgastar a los franceses".

Cailleau dice que el comportamiento de la gente en Suiza es muy diferente, pero que las ciudades también están menos densamente pobladas, lo que facilita el distanciamiento social.

Piensa que los franceses necesitan que se establezcan reglas estrictas para que las cumplan: "La población francesa es una población que busca la revolución, así que si se establecen reglas, trataremos de empujarlas, de desafiarlas. Es una fortaleza de nuestro país, pero también una gran debilidad".

A medida que se acerca el invierno, la eficacia de las medidas que las autoridades de cada país han decidido imponer se pondrá a prueba cuando sus poblaciones se enfrenten a la perspectiva de restricciones durante al menos varios meses.