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La OMS desaconseja el Remdesivir en pacientes de COVID-19, la UE ha comprado medio millón de dosis

Un frasco de Remdesivir en un hospital húngaro
Un frasco de Remdesivir en un hospital húngaro   -   Derechos de autor  Zsolt Czegledi/MTVA - Media Service Support and Asset Management Fund
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Era el medicamento estrella contra la COVID-19. Ahora la Organización Mundial de la Salud desaconseja utilizar el antiviral Remdesivir en pacientes de coronavirus.

Se trata de un nuevo giro en los ires y venires de las autoridades sanitarias y los laboratorios farmacéuticos sobre los posibles tratamientos contra la pandemia.

La OMS, en un comunicado emitido hace unas horas ha desaconsejado el tratamiento con el fármaco desarrollado contra el ébola, de la compañía estadounidense Gilead porque no hay evidencias de que mejore la supervivencia y otros factores en los pacientes. "El antiviral Remdesivir no se recomienda a los pacientes ingresados en el hospital por la Covid-19, independientemente de la gravedad de su enfermedad, ya que actualmente no hay pruebas de que mejore la supervivencia o impida que se les coloque en ventilación artificial" dice el comunicado.

Llaman, eso sí, a continuar los ensayos clínicos para ver si el medicamento sirve en categorías de pacientes específicas.

La noticia ha debido caer como un jarro de agua fría en Europa. La Agencia Europea del Medicamento lo aprobó como el primer tratamiento válido contra la COVID-19 y la Comisión Europea se apresuró a firmar un acuerdo para comprar más de medio millón de dosis en un contrato que supera los 63 millones de euros, en previsión de posibles problemas de suministro.

Estados Unidos acaparó la mayor parte de las existencias mundiales cuando se conocieron los primeros resultados prometedores, pero la UE consiguió hacerse un hueco.

Contactados por euronews, un portavoz de la Comisión Europea explica que "toman nota" del cambio de punto de vista de la OMS pero que están esperando a que se les comuniquen los datos completos del estudio Solidarity que lo ha motivado y otras informaciones para ver si la autorización de puesta en el mercado necesita actualizarse. "Por el momento, no hay cambios en los usos autorizados de Remdesivir" dice el portavoz.

La Comisión precisa que ya sabían que Remdesivir no tiene demasiados efectos en la mortalidad, pero que se basaron en otro estudio, el estadounidense NIAID-ACTT-1, que confirmaba una reducción del tiempo de convalecencia de 15 a 11 días para pacientes con síntomas moderados y de 18 a 12 en pacientes con necesidad de oxígeno.

Así pues se consideró que los beneficios compensaban los riesgos que se asumía.

El portavoz nos precisa que, aunque la Comisión haya firmado un contrato marco de adquisición con el fabricante Veklury, estos contratos no obligan a los países miembros a comprar, y cada uno puede decidir cuándo adquirirlos.

"Como el tiempo apremia - estamos en una situación de emergencia de salud pública - no sólo tenemos que invertir por adelantado en el desarrollo de vacunas sino también en el acceso a terapias. Por ello, la Comisión seguirá confiando en los conocimientos científicos de la EMA y garantizará que el acceso a la terapéutica, que puede ser beneficioso en el tratamiento de los pacientes con COVID-19, esté disponible a través de los instrumentos necesarios" nos comenta el portavoz.

La Agencia Europea del Medicamento (EMA) nos ha ha respondido en la misma línea. Señalan que la autorización condicional de puesta en el mercado es una medida de urgencia que conlleva seguir recabando información sobre el fármaco. El comité de medicinas humanas de la organización está estudiando, por ejemplo, los datos de mortalidad a partir del día 28 recibidos recientemente y hará lo mismo cuando la OMS les transmita los resultados completos "para ver si es necesario introducir algún cambio en la autorización de comercialización de Veklury en la UE. La EMA comunicará si es necesario realizar algún cambio en el actual asesoramiento sobre el tratamiento" nos dice un portavoz.

El laboratorio Gilead lamenta que la OMS no tome en cuenta los buenos resultados del estudio NIAID-ACCTT-1. "Lamentamos que las recomendaciones de la OMS no tengan en cuenta estos datos en un momento en que el número de nuevos casos está aumentando drásticamente en todo el mundo y los médicos están utilizando Veklury, el primer y único tratamiento aprobado para la COVID-19 en más de 50 países de todo el mundo", reaccionó Gilead en un comunicado. La compañía ha ganado 900 millones de dólares en el tercer trimestre con este medicamento.

Los vaivenes en los tratamientos, una constante en la crisis de la COVID-19

Según la agencia estadounidense que regula los medicamentos, en un argumento retomado por su homóloga europea, el Remdesivir es útil para reducir el tiempo de convalecencia en pacientes con síntomas moderados.

El responsable para España del estudio NIAID-ACTT-1,Roger Paredes, del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona, nos decía en junio que Remdesivir reducía un 30% el tiempo de convalecencia. Y celebraba que es el primer medicamento que ha demostrado eficacia en condiciones reales y no sólo en laboratorio como la hidroxicloroquina.

Para los pacientes más graves, en cuidados intensivos, la agencia europea recomienda el antiinflamatorio dexametasona.

Este es el último giro en los tratamientos de una larga serie.

El más célebre es la hidroxicloroquina, que Donald Trump hizo célebre, asegurando tomarla. Sin embargo cuando se contagió por COVID-19 Trump no recibió ni cloroquina ni Remdesivir sino un puntero tratamiento experimental a base de anticuerpos.

La OMS primero retiró los ensayos clínicos con hidroxicloroquina, después de un estudio publicado en la revista médica especializada The Lancet. Cuando The Lancet decidió retirar el artículo por fallos muy graves en sus fuentes, la OMS volvió a autorizar ensayos clínicos con hidroxicloroquina, pero el mal, en términos de confusión de la opinión pública, ya estaba hecho.

Uno de los grandes defensores de la hidroxicloroquina, el microbiólogo francés Didier Raoult, denucia intereses en contra de este medicamento barato y accesible, alimentando teorías conspiracionistas.

Estos vaivenes son normales entre la comunidad científica pero nunca antes, por razones evidentes, el público, la prensa y las redes sociales habían estado tan atentas a cada anuncio similar.