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Nagorno Karabaj: el conflicto más indeseado pero no sorpresivo de 2020

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Nagorno Karabaj: el conflicto más indeseado pero no sorpresivo de 2020
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Desde septiembre, Armenia y Azerbaiyán se han visto envueltas en una feroz guerra por Nagorno Karabaj y sus alrededores, una región de importancia estratégica por ser el corredor de oleoductos y gasoductos que transportan petróleo y gas natural desde el Mar Caspio para el resto del mercado mundial. El enclave separatista es reconocido internacionalmente como parte de Azerbaiyán pero habitado mayoritariamente por armenios.

El conflicto histórico que tiene sus raíces en la disolución de la Unión Soviética y que continúa esporádicamente a pesar del alto el fuego acordado en 1994. Pero esta vez la situación ha sido diferente: se trató del período más largo de violencia y de una operación militar mucho más amplia, que se cobró más de 4.000 de vidas, incluidas las de civiles.

Una escalada armada con múltiples causas: un proceso de negociación estancado durante años, un Azerbaiyán más asertivo debido a su creciente poderío económico y militar bajo la constante presión de su población, las actitudes agresivas expresadas repetidamente tanto por los dirigentes como por la ausente comunidad internacional.

Finalmente, el apoyo extranjero que ambos lados recibieron. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan prometió apoyo a Azerbaiyán. Rusia, tradicionalmente aliada de Armenia, desempeñó por su parte un fuerte papel de mediadora.

Según cifras del Gobierno ruso, al menos unas 8.000 personas resultaron heridas y decenas de miles fueron expulsadas de sus hogares. No hubo consenso en ninguno de los dos lados sobre quién es responsable de la violencia.

Un acuerdo de paz negociado por Rusia, firmado el 10 de noviembre, entregó varias regiones a Azerbaiyán, una parte de la propia Nagorno Karabaj y tres territorios a su alrededor. El acuerdo también prevé el despliegue de personal ruso de mantenimiento de la paz y el establecimiento de un centro de observación.

Si el acuerdo es respetado por las partes, la libre circulación y la construcción de carreteras podría hacerse realidad, siempre y cuando bajo el control de las tropas rusas que salvaguardan el proceso de paz.

Pero los armenios no están contentos con el desenlace del conflicto. El acuerdo se ha convertido para ellos en una tragedia nacional que ha despertado la furia contra el primer ministro Nikol Pashinián. Armenia lleva días bajo una ola de protestas que exigen su renuncia. Se calcula que uno 90.000 armenios han sido desplazados. Muchos no tienen a donde ir tras haber quemado sus casas antes de que las tropas azerbaiyanas ocuparan la zona.

La paz, no ha traído sosiego para los residentes del enclave separatista Por ahora, el acuerdo ratifica la influencia rusa y turca, y reduce el papel de Europa en la región.

Fuentes adicionales • Adaptado por Blanca Castro