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Esperanza y prudencia en México ante la reforma migratoria de EE.UU.

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El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador
El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador   -   Derechos de autor  AP Photo
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Un muro sin terminar de construir... así ha quedado el tristemente célebre muro de Donald Trump, cuyos cimientos abiertos simbolizan ahora la nueva política migratoria de EE.UU..

El presidente Joe Biden ha anunciado que a partir del próximo 19 de febrero se retomarán los casos de miles de solicitantes de asilo devueltos a México por su antecesor.

La iniciativa concierne a 60.000 indocumentados que cruzaron la frontera y fueron devueltos a México a partir del plan que Trump puso en marcha en enero de 2019.

La nueva administración demócrata ha anunciado además que paralizará la expulsión por el covid de menores migrantes no acompañados.

La nueva Administración de EE.UU. avanza en la reforma migratoria para revertir las políticas de Trump.

La primera fase del plan está dirigida a unas 25.000 personas con "casos abiertos" que permanecen en territorio mexicano.

La decisión no concierne a nuevos solicitantes de asilo ni debe interpretarse como una invitación a la migración irregular. Las restricciones y requerimientos legales para el ingreso a México y Estados Unidos.

El presidente de México Andrés Manuel López Obrador aplaudió "el compromiso de Estados Unidos de trabajar conjuntamente ante el fenómeno de la migración", pero advirtió a los migrantes que no es momento de dirigirse a la frontera. Recordó además, las restricciones vigentes a raíz de la pandemia de COVID-19.

Para los migrantes que llevan meses varados en la frontera mexicana se renuevan las esperanzas. Algunos llevan más de un año aguardando su cita para el trámite de solicitud de asilo, interrumpido desde que comenzó la pandemia. Ilusiones y sueños que vuelven a tomar forma tras el anuncio de la nueva administr ación demócrata de Joe Biden.

El Gobierno estadounidense espera poder procesar 300 casos diarios. Según el diario Los Ángeles Times, el plan podría arrancar en los puertos de entrada de San Isidro, en California, así como en El Paso y Brownsville, ambos en Texas.