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La científica de la vacuna COVID-19 acusada de colaborar con el Comunismo: "soy inocente"

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Por Orlando Crowcroft
Velas en el Muro de los Héroes frente al Museo de la Casa del Terror para rendir su homenaje con motivo del Día de la Memoria de las Víctimas del Comunismo
Velas en el Muro de los Héroes frente al Museo de la Casa del Terror para rendir su homenaje con motivo del Día de la Memoria de las Víctimas del Comunismo   -   Derechos de autor  Zsolt Szigetvary/MTVA - Media Service Support and Asset Management Fund
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Katalin Kariko acababa de conseguir su primer trabajo como asistente de investigación en Szeged, Hungría, en 1978, cuando la policía secreta llamó a su puerta.

A Kariko le dieron a elegir: aceptar cooperar con el aparato de seguridad del Estado comunista o aceptar que su carrera en la investigación científica se acabara antes de empezar.

"Sabía cómo funcionaba el sistema, tenía miedo, así que firmé el documento de reclutamiento", dijo en una declaración más de cuatro décadas después, el 24 de mayo de 2021.

Kariko tenía buenas razones para tener miedo. Desde el aplastamiento de la revolución de 1956 por los tanques soviéticos, cientos de personas habían sido ejecutadas y cientos de miles de húngaros habían huido del país bajo el paranoico régimen de Janos Kadar, respaldado por los soviéticos. Además de las ejecuciones, los que no cumplían eran a menudo deportados a la Unión Soviética.

A Kariko le advirtieron que si no firmaba la seguridad del Estado haría saber que su padre había sido condenado a una pena de prisión suspendida por su papel "pecaminoso" en las protestas de 1956, cuando un levantamiento húngaro contra el gobierno comunista fue brutalmente reprimido.

Más tarde, su padre fue despedido de su trabajo y no pudo trabajar durante cuatro años.

Mis perspectivas eran sombrías.
Katalin Kariko

Entre 1978 y 1985, Kariko figuró en la lista de activos de contrainteligencia, encargada de identificar a cualquier persona de su instituto que robara o intentara robar secretos industriales o científicos. Sin embargo, durante ese tiempo nunca lo hizo.

"Nunca hice ningún informe ni identifiqué a nadie que intentara robar secretos, porque no había ninguno", dijo a Euronews en un correo electrónico.

Rosta Tibor/MTVA - Médiaszolgáltatás-támogató és Vagyonkezelõ Alap
La científica Kariko en una foto de archivoRosta Tibor/MTVA - Médiaszolgáltatás-támogató és Vagyonkezelõ Alap

Durante su estancia en Hungría, Kariko nunca cambió de trabajo, nunca fue ascendida y nunca asistió a conferencias o reuniones en el extranjero. Se casó, tuvo una hija y pasó el tiempo en casa criando al bebé. Ni siquiera se relacionaba, y el poco tiempo que tenía lo dedicaba a trabajar en su doctorado, que obtuvo en 1983 en la Universidad de Szeged.

"Mis perspectivas eran sombrías", dice.

"Siempre quise investigar, crear algo que curara a la gente, pero dondequiera que estuviera, siempre me acosaban y me perseguían".

Así que, en 1985, Katalin Kariko se trasladó a Estados Unidos.

Una vez en Estados Unidos, Kariko realizó posdoctorados en bioquímica en Pensilvania y Washington antes de asumir una cátedra en la Universidad de Pensilvania, donde sigue enseñando 32 años después. Desde 2013, también es vicepresidenta sénior de BioNTech, que desarrolló las vacunas COVID-19 de Pfizer y Moderna.

Su campo de especialización ha sido el ARNm, también conocido como ARN mensajero, la tecnología utilizada para desarrollar vacunas pero también para curar heridas, reconstruir huesos y ayudar a tratar el cáncer. El trabajo de Kariko le ha valido numerosos premios y recientemente la ha hecho candidata al Premio Nobel de 2021. También ha sido aclamada en Hungría, país que abandonó hace 35 años.

Y ahí empezaron los problemas.

El 22 de mayo se informó de que Kariko iba a ser nombrada ciudadana honoraria de Szeged, donde comenzó sus estudios a principios de los años setenta. Viajó a Szeged para recibir el galardón y rememorar con sus antiguos compañeros la época en que estudiaban allí.

Durante su estancia en Hungría, un portal web de extrema derecha, Kuruc, publicó una noticia sobre su reclutamiento por los servicios de seguridad del Estado, citando un libro publicado en 2017. Kariko reconoció rápidamente que había sido reclutada y emitió un comunicado a través de los medios de comunicación.

En él, no solo negaba haber delatado a nadie durante su estancia en Hungría, sino que subrayaba cómo la experiencia la había llevado a dejar su país para seguir trabajando.

Kariko se mostró reacia a hablar en detalle de su vida en Hungría bajo el régimen comunista.

"No pienso hablar de esos años, de vivir con miedo, de notar que alguien estaba en mi apartamento mientras yo estaba trabajando, y de saber que por mucho que trabaje estoy [a] merced de alguien. Que pueden destruirme si lo desean", dijo a Euronews.

Pero también dijo que la experiencia la había dado fuerzas.

"Llevo 36 años realizando mis investigaciones y actividades para curar a la gente. Nunca más, nadie podrá doblegarme, apartarme de mis objetivos", dijo Kariko.

En cuanto a la razón por la que un portal de noticias neonazi y antisemita ha decidido ponerse de repente en contra de una bioquímica por unos hechos que tuvieron lugar hace más de treinta años, Kariko sólo puede especular.

"La motivación podría ser política o, más probablemente, un acto del movimiento antivacunas. Pero, honestamente, no me importa", dijo. "Soy inocente, [yo] no hice ningún daño".

"Hay gente que no ha hecho nada importante en su vida, pero disfruta destruyendo a otros que sí lo hicieron".