This content is not available in your region

Ante la invasión de Ucrania, la ofensiva de Occidente es cortar a Rusia del resto del mundo

Access to the comments Comentarios
Por Amaranta Zermeno Jimenez
ARCHIVO - El presidente ruso Vladimir Putin, juega con un balón oficial de la Copa Confederaciones de la FIFA 2017, 25/11/2016, Moscú, Rusia
ARCHIVO - El presidente ruso Vladimir Putin, juega con un balón oficial de la Copa Confederaciones de la FIFA 2017, 25/11/2016, Moscú, Rusia   -   Derechos de autor  Alexei Druzhinin/AP

Poco a poco, Occidente está cortando a Rusia del resto del mundo, un castigo por la decisión de Vladimir Putin de invadir Ucrania bajo la pancarta de una “operación militar especial”. Una decisión que le está costando a todo un país, una buena parte de su soft power.

“_Soft power_” o “poder blando”, es el término que se utiliza para designar la capacidad de un Estado de influenciar u orientar las relaciones internacionales a su favor por medios económicos, culturales, ideológicos… Todo lo que corresponde a medios pacíficos. En oposición al “hard power”, que reúne medios coercitivos, mediante la amenaza o el uso de la fuerza. Estrategia que Putin está utilizando para imponerse actualmente en el territorio ucraniano.

Occidente está optando por la ofensiva blanda. En los días que han seguido la entrada de las fuerzas armadas rusas a Ucrania, Estados Unidos y gran parte de los países de la Unión Europea han condenado la invasión, imponiendo todo tipo de sanciones. Aquí los principales afectados son los habitantes de Rusia, que verán los efectos de estas sanciones a largo plazo.

El golpe a la cultura: una espada de doble filo

The Walt Disney Company inauguró el mes de marzo con el anuncio de que no estrenará sus nuevas películas en Rusia por la invasión de Ucrania.

"Dada la invasión no provocada de Ucrania y la trágica crisis humanitaria, pausaremos el estreno de nuestras películas en Rusia, incluida la próxima 'Turning Red' de Pixar", dijo la compañía en un comunicado. La empresa añadió que "tomará futuras decisiones comerciales" conforme evolucione la situación y aseguró que brindará asistencia humanitaria a través de otras ONG colaboradoras.

Este ha sido el último movimiento en el terreno cultural de parte del gigante estadounidense. Pero el rechazo hacia Rusia también se produce desde dentro, con varios artistas internacionales que han renunciado a sus puestos en algunos de los teatros más prestigiosos del país.

Elena Kovalskaya, directora del Teatro Estatal, publicó en Facebook que dejaba su cargo, diciendo: "Amigos, en protesta por la invasión rusa de Ucrania, dimito del cargo de directora del Teatro Estatal. No se puede seguir trabajando para un asesino y cobrar".

Por otro lado, también están los que pretenden aferrarse a sus posiciones, como el director de orquesta ruso Valery Gergiev, supuestamente cercano a Vladimir Putin.

Después de que La Scala de Milán le pidiera que aclarara su posición sobre la invasión de Ucrania, se retiró de una serie de actuaciones este fin de semana en el Carnegie Hall de Nueva York. La Filarmónica de Múnich, de la que es director musical, y la de Róterdam le han dado el mismo tipo de ultimátum.

La ausencia del deporte: otro capítulo en una amarga historia

Otro de los frentes en esta ofensiva del “_soft power_”, es el del deporte. Tras una serie de sanciones dirigidas a los eventos deportivos, Rusia tendrá que lidiar con grandes pérdidas a nivel económico y social.

Años de controversias de dopaje ya le habían costado a Rusia una mala reputación en el ámbito deportivo internacional. Pero fuera de la prohibición de participar en los Juegos Olímpicos de invierno de Pekín de este año, Rusia todavía podía esperar ser anfitrión de diferentes eventos, y ser representado ante el resto del mundo a través de sus atletas. Eso, hasta que la decisión de la invasión les arrebatara la posibilidad.

El mundo del fútbol fue uno de los primeros en cortar lazos, con la decisión de la UEFA de reemplazar el lugar de la final de la Liga de Campeones, que estaba prevista el 28 de mayo en San Petersburgo, por París, Francia.

Poco después la FIFA y la UEFA anunciaron la suspensión de los equipos y la selección nacional rusa de todas las competiciones de fútbol. La UEFA también rompió su asociación con la compañía energética rusa Gazprom, un patrocinio de 40 millones de euros al año.

Un golpe sin dudas más personal, fue el de la Federación Internacional de Hockey sobre Hielo (IIHF), uno de los deportes más populares en Rusia. Después de que el Consejo de la IIHF llevara a cabo una reunión extraordinaria el lunes 28 de febrero, anunciaron la “suspensión de todos los equipos nacionales y clubes rusos y bielorrusos de la participación en todas las categorías de edad y en todas las competiciones o eventos de la IIHF”, al igual que la “retirada de los derechos de organización del Campeonato Mundial Junior de la IIHF de 2023 a Rusia”.

A estas se suman más cancelaciones de diversos deportes: como el Gran Premio de Rusia de Fórmula 1 de 2022, o la Federación Internacional de Judo que suspendió al presidente ruso, Vladimir Putin, como presidente honorario y embajador del organismo.

Silenciar a los medios: un golpe a la desinformación

Entre las retiradas de ciertos permisos y la cancelación de eventos, otra de las sanciones fue la de silenciar a medios rusos en la Unión Europea.

En una entrevista exclusiva con Euronews, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, explicó la decisión de prohibir la transmisión de los medios Russia Today (RT) y Sputnik, así como sus filiales, clasificándolos de “aparato de propaganda de la guerra del Kremlin”.

En un comunicado publicado en Twitter, Google Europe declaró lo siguiente:

“Debido a la guerra en curso en Ucrania, estamos bloqueando los canales de YouTube conectados a RT y Sputnik en toda Europa, con efecto inmediato. Nuestros sistemas tardarán un tiempo en estar completamente preparados. Nuestros equipos siguen vigilando la situación las 24 horas del día para tomar medidas rápidas”

Sanciones puntuales, unas más permanentes que otras, son las armas elegidas por Occidente para frenar las intenciones de guerra de Rusia. Pero son también banderas de posición, un recordatorio para insistir en su apoyo hacia Ucrania, e inspirar a los demás a seguir el ejemplo.