La ciudad ucraniana de Jersón, liberada hace tres años del Ejército ruso, sigue siendo blanco de miles de drones y bombardeos. Sus vecinos sobreviven entre el miedo y la esperanza.
El 11 de noviembre de 2022, miles de personas se echaron a las calles y a la plaza principal de Jersón, ondeando banderas azul y amarilla mientras saludaban a los soldados ucranianos que habían liberado la ciudad tras ocho meses de ocupación rusa.
Mientras las autoridades locales se apresuraban a restablecer las comunicaciones móviles y los equipos de desminado trabajaban sin descanso, los vecinos celebraban, por fin, su libertad. Envueltos en banderas nacionales, abrazaron a los soldados, firmaron autógrafos y se hicieron selfies con las tropas de Kiev, pese a la falta de agua y electricidad.
Antes de la guerra, Jersón tenía casi 300.000 habitantes y fue la única capital regional ocupada por Rusia desde el inicio de la invasión a gran escala. Durante los primeros meses de 2022, sus residentes protagonizaron protestas multitudinarias contra la ocupación, exigiendo la retirada de las tropas rusas.
La ciudad fue finalmente liberada por el Ejército ucraniano, aunque no toda la región de Jersón logró ser recuperada. Tres años después, sus habitantes son libres, pero viven bajo una amenaza constante.
Una libertad bajo drones
La región de Jersón sigue parcialmente ocupada por las fuerzas rusas, que controlan la orilla izquierda del río Dniéper. La propia ciudad, situada en la orilla opuesta, se ha convertido en un objetivo constante debido a su proximidad al frente y a las limitaciones de las defensas aéreas ucranianas.
Las tropas de Moscú atacan la ciudad con regularidad, mientras los drones merodean sobre los cielos de barrios llenos de ventanas rotas y patios vacíos. Los bombardeos son tan frecuentes que los habitantes han bautizado la estrategia rusa como un "safari humano", por el uso sistemático de drones contra la población civil.
Para intentar proteger a los ciudadanos y las infraestructuras básicas, las principales carreteras que conducen al centro están ahora cubiertas con redes y lonas improvisadas que dificultan la visión desde el aire.
La actriz estadounidense Angelina Jolie visitó recientemente Jersón, donde se reunió con personal médico, familias y voluntarios en una de las regiones más peligrosas de Ucrania. En su cuenta de Instagram, describió la tensión constante que se vive en la ciudad: "La amenaza de los drones era una presencia constante y pesada. Se oye un zumbido bajo en el cielo".
"Se ha llegado a conocer localmente como un 'safari humano', con drones utilizados para rastrear, cazar y aterrorizar a la gente, constantemente. Hubo un momento en que tuvimos que hacer una pausa y esperar mientras un dron sobrevolaba".
"Yo llevaba equipo de protección, y para mí sólo fueron un par de días. Las familias de aquí viven con esto todos los días", escribió la actriz. Jolie relató que los habitantes compartieron con ella historias sobre el desgaste psicológico de vivir bajo una amenaza incesante y el miedo a ser olvidados por el mundo.
"Han trasladado sus escuelas, clínicas y guarderías a sótanos reforzados, decididos a que la vida continúe. Fue duro, pero inspirador presenciarlo", añadió.
Zelenski promete reforzar la defensa aérea
Con motivo del tercer aniversario de la liberación de Jersón, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, visitó la ciudad y destacó el trabajo de los hospitales locales, que "salvan a diario a los heridos por los ataques rusos con drones y artillería".
"Once instalaciones cuentan ya con hospitales subterráneos. Esto es importante cuando se están salvando vidas, incluso cuando el enemigo intenta llevárselas". Zelenski subrayó que el objetivo prioritario del Gobierno es reforzar las defensas de la ciudad.
"Miles de ataques de drones rusos tienen como objetivo esta ciudad cada mes; de hecho, esa amenaza es constante". Kiev intenta fortalecer la defensa aérea de Jersón mediante estrategias antidrones y sistemas no tripulados, mientras las tropas rusas continúan atrincheradas al otro lado del Dniéper, frente a una ciudad que, aunque libre, vive cada día bajo la sombra del miedo.