Aunque el suelo es uno de los mayores sumideros naturales de carbono, la mayoría de los países lo deja fuera de sus planes climáticos.
La clave para cumplir los objetivos climáticos mundiales podría haber estado todo este tiempo justo bajo nuestros pies.
A medida que la COP30 entra en su última semana de negociaciones, la presión para dejar atrás los combustibles fósiles, reforzar las energías renovables e incluso suprimir la carne de nuestra dieta alcanza niveles sin precedentes.
La Comisión Europea asegura que utiliza este encuentro anual para instar a la comunidad internacional a "aspirar a una acción más audaz" que reduzca las emisiones y permita adaptarse al impacto de la crisis climática.
Pero, para cumplir el Acuerdo de París y evitar que la temperatura global supere los 2ºC, y preferiblemente se limite a 1,5ºC, se exhorta a los dirigentes a fijarse en la "infraestructura silenciosa" del planeta: el suelo.
Cómo puede ayudar el suelo a afrontar la crisis climática
Durante años, la acción medioambiental ha ignorado la importancia del suelo, hasta el punto de que ha quedado casi invisible en la política global. Muy pocos países lo mencionan en sus planes climáticos nacionales.
A medida que la comunidad científica empieza a profundizar, el poder del suelo empieza por fin a recibir la atención que merece.
En 2015, el suelo saltó a primer plano en la cumbre climática de la ONU cuando Francia presentó en la COP21 su iniciativa "4 por 1000". Sostiene que si los suelos agrícolas del planeta aumentaran sus reservas de carbono tan solo un 0,4 por ciento al año, podrían compensar prácticamente todas las emisiones anuales de gases de efecto invernadero.
El suelo, del que depende la alimentación de casi toda la población mundial y que regula ciclos del agua capaces de mitigar tanto las sequías como las inundaciones, es el mayor sumidero de carbono natural del planeta.
De hecho, en los suelos se almacena el doble de carbono que en toda la vegetación del planeta, incluidos árboles y pastos.
Sin embargo, solo los suelos sanos secuestran carbono, mientras que los degradados liberan gases de efecto invernadero a la atmósfera.
El suelo podría reducir las emisiones un 27 por ciento
Un informe publicado hoy concluye que los suelos almacenan más de 2.800 gigatoneladas de carbono en su primer metro de profundidad.
Se trata de un fuerte aumento frente a las estimaciones anteriores, de 1.500 gigatoneladas, lo que implica que los suelos almacenan un 45 por ciento más de carbono de lo que se pensaba.
El informe, elaborado por el laboratorio de ideas Aroura Soil Security, la Comisión Mundial de Derecho Ambiental de la UICN (WCEL) y la campaña Save Soil, concluye además que el 27 por ciento de las emisiones de carbono que deben evitarse para mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC podría secuestrarse en los suelos, siempre que estén en buen estado.
Esto equivale a unas 3,38 gigatoneladas de CO₂ al año. Para ponerlo en contexto, las emisiones anuales mundiales procedentes de los combustibles fósiles alcanzaron en 2022 las 36,8 gigatoneladas.
Aun así, un abrumador 70 por ciento de los países pasa por alto la restauración de los suelos como solución de mitigación climática en sus planes nacionales para 2035, las llamadas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés).
Los expertos reclaman ahora que los Estados se comprometan a aumentar de forma deliberada el carbono almacenado en los suelos como parte de la acción climática internacional, y sostienen que existe una "responsabilidad generacional" de evitar su degradación.
'Un ser vivo'
"Si queremos cumplir nuestros objetivos de emisiones, debemos considerar el suelo como un ser vivo", afirma Praveena Sridhar, directora de tecnología del movimiento Save Soil y coautora del informe.
"Durante demasiado tiempo, el suelo se ha tratado como simple tierra. Sin embargo, es la piel viva del planeta. Cada puñado de suelo sano y vivo es un microcosmos de vida y un almacén de carbono y agua".
Sridhar sostiene que garantizar la salud del suelo no es solo un deber medioambiental, sino una 'responsabilidad generacional' imprescindible para mitigar el cambio climático.
El coste del suelo degradado
Con los actuales ritmos de degradación existe el riesgo de que se liberen a la atmósfera enormes reservas de carbono almacenadas en los suelos, del orden de 4,81 mil millones de toneladas de CO₂ al año, aproximadamente las mismas emisiones anuales que Estados Unidos.
Aunque ya está degradado el 40 por ciento de la superficie terrestre, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura prevé que la cifra podría llegar al 90 por ciento en 2050.
El informe advierte de que las emisiones actuales de CO₂ solo de los suelos de Estados Unidos equivalen a unos 75 millones de coches. Si se liberara apenas el uno por ciento del carbono almacenado en los suelos europeos, sería equivalente a las emisiones anuales de mil millones de coches.
Cómo frenar la degradación del suelo
La degradación del suelo suele deberse a prácticas agrícolas insostenibles, a la deforestación, al sobrepastoreo y a la agricultura intensiva. También puede provocarla factores naturales como la erosión causada por el viento y la lluvia.
La adopción de prácticas agrícolas sostenibles , como la rotación de cultivos y los cultivos de cobertura, que aportan materia orgánica al suelo y mejoran su estructura, ayuda a mantenerlo sano. A menor escala, añadir compost en los jardines y evitar los productos químicos también contribuye a prevenir su degradación.
Por qué la seguridad del suelo requiere 'una acción concertada'
"Sin objetivos específicos de protección y restauración de los suelos, los países rara vez lo priorizan en sus leyes climáticas", afirma la doctora Irene Heuser, de la WCEL de la UICN y del grupo sobre Derecho de la Agricultura Sostenible.
"No existe ningún tratado internacional específico y completo ni otro instrumento jurídico vinculante sobre la seguridad del suelo. La seguridad del suelo exige una acción concertada de los responsables políticos, los agricultores, las empresas, los consumidores, etcétera, para promoverla, incluida la salud de los suelos".
Heuser añade que, por ello, es "esencial" cambiar el actual estatus jurídico del suelo para preservarlo para las generaciones futuras.