«Todo el mundo se ha vuelto loco después de la tormenta, es una especie de estrés postraumático colectivo», afirma un vecino griego obligado a reubicarse.
Si hay algo grabado en la memoria de Vaios Giatropoulos de la peor noche de su vida es la impotencia en los ojos de su hijo. "¿Y ahora qué, papá? Lo hemos perdido todo", le preguntó entre lágrimas.
Estuvieron de pie sobre el techo de su camión durante nueve horas mientras las aguas de la riada subían peligrosamente cerca de sus pies, hasta que fueron rescatados. La tormenta Daniel, que azotó el centro de Grecia en septiembre de 2023, devastó su ciudad natal, Palamas, y dejó tras de sí una caótica mezcla de barro, escombros, ganado muerto y vidas rotas.
Con el tiempo, Giatropoulos se trasladó con su familia a una aldea donde su casa está en una cota más alta. Volver es impensable. "No quiero sentir ese temor con cada gota de lluvia. Durante varios meses temimos que volviera a inundarse. Incluso pensé en acudir a un psicólogo", recuerda.
Aun así, considera que su familia ha tenido suerte porque encontraron pronto un nuevo hogar cerca. Muchos vecinos de Palamas, explica, se vieron obligados a mudarse a ciudades próximas, a Atenas o incluso al extranjero en busca de una vida mejor y de tierras más secas.
Cientos de miles de europeos se han visto desplazados por fenómenos extremos
Giotopoulos forma parte de un grupo de europeos en constante expansión, los primeros migrantes climáticos del continente. El desplazamiento dentro de las fronteras nacionales ha dejado de ser un asunto teórico, ya que cada vez más personas se ven afectadas por tormentas, inundaciones, incendios forestales y sequías.
La ONG con sede en Ginebra Internal Displacement Monitoring Centre (IDMC) (fuente en inglés) calcula que aproximadamente 413.000 personas han sido desplazadas (fuente en inglés) en la UE entre 2008 y 2023. Hasta ahora, 2023 ha sido el peor año del que se tiene registro, con más de 200.000 europeos desplazados internamente, sobre todo a causa de incendios forestales y tormentas.
Sin embargo, para los afectados la experiencia varía enormemente de un país a otro.
Alemania afronta incendios forestales e inundaciones devastadores
En Alemania, el tipo de fenómeno extremo que más preocupa depende mucho de la región.
En el noreste, una tendencia creciente a la sequía ha hecho que los incendios forestales sean más frecuentes y más graves. El año pasado fue el peor año de Alemania en cuanto a superficie quemada por incendios forestales. Aunque la mayoría de la población de esta región no tiene por qué temer que un incendio alcance su vivienda, algunos agricultores ya empiezan a notar los efectos de la disminución de las lluvias.
Mientras tanto, en gran parte del sur y el oeste de Alemania, el peligro más inmediato no procede de la falta de agua, sino de que caiga demasiada de golpe.
El IDMC registró 84.000 desplazamientos internos en Alemania entre 2008 y 2024. La gran mayoría de ellos, 78.000, se debieron a inundaciones.
Las devastadoras inundaciones del valle del Ahr en 2021 figuran entre los desastres naturales más graves de la historia reciente del país, causaron la muerte de 134 personas y afectaron a unas 40.000 más.
Martin von Langenthal, que participó en la respuesta a la catástrofe como subjefe de la Unidad de Protección Civil y Gestión de Recursos de la UE de la Cruz Roja, calcula que 3.500 personas se vieron al menos temporalmente desplazadas por aquel episodio, con viviendas que requerían reparaciones importantes o una reconstrucción completa.
Más allá de la destrucción física inmediata, los supervivientes se enfrentaron a una prolongada escasez de recursos, tuvieron que vivir con infraestructuras dañadas, entre ellas puentes arrasados y depuradoras inutilizadas, y sufrieron una grave falta de atención médica esencial, médicos y medicamentos.
"Hubo muchas personas que pudieron volver a vivir en sus casas relativamente pronto, pero había un grupo numeroso que ya no podía porque sus viviendas habían desaparecido por completo o estaban demasiado dañadas como para entrar", explica Langenthal. "Para esas personas se instalaron inicialmente contenedores y una especie de alojamientos para refugiados como solución temporal, pero los contenedores siguieron utilizándose más de dos años después".
Un pueblo griego arrasado por las inundaciones, partido en dos
Por su ubicación mediterránea, Grecia es especialmente vulnerable a las catástrofes relacionadas con el clima. El IDMC estima que cerca de 300.000 griegos (fuente en inglés) han sido desplazados desde 2008, en su mayoría por incendios forestales, tormentas e inundaciones.
Un ejemplo es el pueblo de Vlochos, en Tesalia, en el centro de Grecia. Situado en el punto más bajo de la región, el pueblo ha sido históricamente propenso a las inundaciones. Los vecinos de más edad recuerdan aún con temor las riadas de 1953 y 1994, cuando partes del pueblo quedaron arrasadas.
Pero cuando la tormenta Daniel golpeó la zona en 2023, la magnitud de la destrucción fue inédita. En muchas casas, el nivel del agua alcanzó hasta dos metros, las dejó inhabitables y destruyó todos los muebles.
En las primeras semanas tras la tormenta se impuso un fuerte sentimiento de unidad. Los vecinos más jóvenes ayudaban a los mayores y las familias compartían los recursos de que disponían, recuerda Vassilis Kalogiannis, presidente del pueblo, con una mezcla agridulce de orgullo y melancolía.
Sin embargo, aquella cohesión se fue resquebrajando cuando quedó claro que trasladar la comunidad a una zona más elevada podría ser la mejor forma de evitar futuros desastres. El Gobierno ha ofrecido esa posibilidad, siempre que la acepte una mayoría clara de los residentes.
"¿Adónde vamos a ir? Esta es nuestra casa"
En la cercana localidad de Metamorfosis, alrededor del 95 % de los hogares votaron a favor del traslado en un referéndum, en parte porque el pueblo se había inundado varias veces en los últimos años.
"La mayoría está deseando irse, vieron cómo el agua llegaba hasta los tejados. Cuando llueve, mucha gente se marcha aunque no haya un peligro real", explica Petros Kontogiannis, presidente de Metamorfosis.
A pocos kilómetros, en Vlochos, la situación es distinta y la población está dividida, una realidad dura que probablemente tendrán que afrontar muchas comunidades en Europa a medida que el cambio climático siga causando estragos.
El debate se ha vuelto muy tenso, y en ocasiones ha derivado en discusiones serias e incluso en enfrentamientos físicos. "Desde la tormenta todo el mundo se ha vuelto loco. Es una forma de trastorno de estrés postraumático colectivo", afirma un vecino que prefiere permanecer en el anonimato.
Muchos vecinos se han mudado a otros pueblos o ciudades, pero siguen considerando Vlochos su hogar y quieren que el pueblo se traslade a un lugar menos expuesto a las inundaciones. "Nuestro pueblo está en el lugar equivocado. Se encuentra en el punto más bajo de Tesalia, así que desde 1953 ha estado una y otra vez en riesgo", señala Panagiotis Panagiotopolos, un vecino que ahora vive en una ciudad cercana. "En Metamorfosis han decidido trasladarse aunque está dos metros más alta que Vlochos", añade.
No todo el mundo está convencido de que el traslado sea la solución. "¿Adónde vamos a ir? Esta es nuestra casa", sostiene Apostolos Markis, un exagente de Policía que quiere que el pueblo permanezca donde está.
El norte de Francia, bajo el agua
Vincent Maquignon, de 54 años, no volverá a ver la cara de su madre. Las últimas fotos que tenía de ella fueron arrastradas por las corrientes de barro que inundaron su casa. El 2 de enero de 2024, este padre de dos hijos apenas tuvo unas horas para salvar lo que pudo de su vivienda, sobre todo documentos administrativos y algunas pertenencias personales que recogió a toda prisa.
Llevaba 23 años viviendo en esa casa de Blendecques, en el norte de Francia. "Esa casa plasmaba la historia de nuestra familia: primeros pasos, primeras lágrimas", recuerda con dolor. "Tuvimos que dejarlo todo atrás en un abrir y cerrar de ojos. Había 1,4 metros de agua en la planta baja".
No era la primera vez que su localidad se inundaba, pero cada año las condiciones empeoraban. Su clasificación como zona de alto riesgo de inundación hacía casi imposible vender la casa. "Estábamos atrapados", recuerda.
Aquel día invernal marcó la salida de casi 800 personas de Blendecques.
"Somos las primeras personas desplazadas por el clima en Francia. Mi familia y yo nos mudamos a una casa en una zona más elevada de una localidad vecina. Tardamos más de un año en volver a sentirnos seguros, pero en cuanto llueve la gente se pone nerviosa", explica Vincent.
Mientras el norte de Francia se enfrenta a inundaciones cada vez más graves, el sur arde, la línea de costa se erosiona y los glaciares alpinos se derriten. En todo el país, la mayoría de los municipios se enfrenta al menos a un gran riesgo natural.
Casi una cuarta parte de la población francesa afirma que se plantearía mudarse debido a los riesgos climáticos en su municipio, según una encuesta reciente de Odoxa (fuente en inglés). En 2022, unas 45.000 personas fueron desplazadas por desastres ambientales, lo que convierte a Francia en uno de los países europeos más afectados por el cambio climático. El debate ya no se centra en si la gente se moverá, sino en la magnitud de ese desplazamiento.
Un continente en movimiento
Si se materializan algunos de los peores escenarios que manejan los científicos del clima, para 2050 se espera que Europa sea 2,5ºC más cálida que en la era preindustrial, lo que significa que el sur afrontará sequías más prolongadas y olas de calor extremas más frecuentes, mientras que el centro y el oeste del continente sufrirán lluvias más intensas y un mayor riesgo de inundaciones.
Como Giatropoulos en Grecia y Maquignon en Francia, millones de personas tendrán que desplazarse dentro de sus países en busca de trabajo y de un mejor acceso a los servicios públicos, o simplemente de un entorno más seguro en el que vivir.
"En los próximos años tendremos cada vez más migrantes climáticos internos", afirma Pavlos Baltas, demógrafo del Centro Nacional de Investigación Social de Grecia. "Si la gente no puede vivir en un lugar, se irá".