El MIM-104 Patriot es el principal sistema de defensa antimisiles de los Ejércitos occidentales. Desde su creación en los años 60 hasta sus versiones más avanzadas, este complejo entramado de radares, lanzadores y misiles ha evolucionado hasta convertirse en un escudo imprescindible contra amenazas.
El desarrollo del Patriot empezó hace más de 60 años, en plena Guerra Fría. Estados Unidos necesitaba un sistema capaz de defender sus bases y territorio de ataques aéreos masivos, y el resultado fue un proyecto que comenzó su fabricación en 1976 y entró en servicio operativo en 1984.
Su nombre no es casual: Patriot significa "Phased Array Tracking Radar to Intercept on Target", es decir, radar de seguimiento de matriz en fase para interceptar el objetivo. El corazón del sistema es precisamente ese radar. El AN/MPQ-53 (o su versión mejorada AN/MPQ-65) puede detectar amenazas a más de 150 kilómetros de distancia y seguir múltiples objetivos simultáneamente. Esto permite que una sola batería Patriot coordine el lanzamiento de varios misiles contra diferentes blancos al mismo tiempo, algo revolucionario cuando el sistema se concibió.
Una batería completa incluye varios componentes interconectados: lanzadores móviles montados sobre semirremolques, una estación de control MSQ-104 desde donde operadores humanos supervisan el sistema, el radar de largo alcance, plantas de energía y sistemas de antenas. Todo montado sobre vehículos que permiten mover el sistema completo en pocas horas. Cada batería requiere entre 90 y 100 personas para su operación, desde técnicos de radar hasta operadores de lanzamiento.
Los misiles originales del Patriot medían 5,31 metros de largo, pesaban alrededor de 900 kilogramos y alcanzaban velocidades de Mach 5 (cinco veces la velocidad del sonido). Llevaban una cabeza de fragmentación de 91 kilogramos que estallaba cerca del objetivo, destruyéndolo con la onda expansiva y la metralla. El alcance efectivo rondaba los 70 kilómetros, suficiente para crear una burbuja defensiva considerable sobre una base militar o una ciudad.
El sistema usa guía 'Track-via-Missile': el radar en tierra ilumina continuamente el objetivo y envía correcciones al misil durante todo su vuelo. En los tres segundos posteriores al lanzamiento, el misil ya está viajando a velocidades supersónicas rumbo a su blanco. Esta tecnología permitió al Patriot ser uno de los primeros sistemas del Pentágono con autonomía letal en combate, es decir, capaz de detectar, identificar y neutralizar amenazas con mínima intervención humana.
La evolución: del PAC-1 al más actual PAC-3 MSE
El Patriot ha experimentado varias actualizaciones importantes. En 1988 llegó la adaptación más significativa: el sistema pasó de ser puramente antiaéreo a convertirse también en interceptor de misiles balísticos. Esta versión se denominó PAC (Patriot Advanced Capability) y marcó el inicio de una familia de variantes cada vez más sofisticadas.
El PAC-2, introducido tras la experiencia en la Guerra del Golfo, mejoró la capacidad de explosión cerca del objetivo y corrigió los graves errores de software que habían causado fallos durante ese conflicto. El PAC-2 GEM (Guidance Enhanced Missile) añadió la capacidad de que el misil corrija su rumbo en vuelo de manera más autónoma, reduciendo la dependencia de las correcciones desde tierra.
Pero la verdadera revolución llegó con el PAC-3. Este misil es más pequeño, no lleva explosivos y destruye su objetivo mediante impacto directo usando la tecnología "hit-to-kill". La energía cinética del choque a velocidades hipersónicas es suficiente para pulverizar cualquier amenaza. Mide solo 2,25 metros (menos de la mitad que el PAC-2), lo que permite que cada lanzador transporte 16 misiles PAC-3 frente a los 4 misiles de versiones anteriores.
El PAC-3 incorpora un radar propio, el llamado buscador activo, que le permite detectar e ir hacia el objetivo de forma completamente autónoma una vez lanzado. Esto multiplica su precisión y reduce la carga de trabajo del radar principal. La versión más reciente, el PAC-3 MSE (Missile Segment Enhancement), aumenta el alcance hasta 100-120 kilómetros y mejora el rendimiento en condiciones climáticas adversas.
Raytheon y Lockheed Martin han trabajado también en perfeccionar el software del sistema. Las versiones actuales pueden gestionar ataques múltiples simultáneos, una capacidad desarrollada pensando en escenarios como Corea del Norte, donde adversarios podrían lanzar docenas de misiles de forma coordinada. Los algoritmos de identificación de amenazas son ahora mucho más refinados, reduciendo la posibilidad de derribar aviones aliados por error.
El coste de estos avances es elevado. Un misil interceptor PAC-3 MSE cuesta alrededor de 5 millones de euros, y una batería completa con todos sus equipos supera los 1.000 millones. El precio refleja la complejidad tecnológica: cada misil lleva dentro un ordenador, sensores, sistemas de propulsión de precisión y mecanismos de guiado que deben funcionar perfectamente a velocidades extremas y bajo condiciones de combate.
España y el Patriot: tres baterías actuales y cuatro más en camino
El Ejército de Tierra español opera actualmente tres baterías Patriot en la versión PAC-2 Plus, todas adquiridas de segunda mano a Alemania. La primera llegó en 2005 por 54,2 millones de euros, tras un compromiso asumido en la cumbre de la OTAN de 2002. Esta batería incluye un radar AN/MPQ-53 capaz de detectar amenazas a 150 kilómetros y misiles capaces de interceptar objetivos a 120 kilómetros de distancia y más de 20.000 metros de altura.
En 2014 llegaron otras dos baterías, también procedentes de Alemania, por 41,1 millones de euros. El acuerdo incluyó una central de coordinación, 40 misiles, lanzadores, equipos de comunicaciones y elementos logísticos. Estas tres baterías suman 18 lanzadores en total (seis por batería), todos adscritos al Regimiento de Artillería Antiaérea nº 73 con base en Marines (Valencia).
Una de estas tres baterías lleva más de una década desplegada en Turquía, protegiendo la ciudad de Adana en el marco de la misión Active Fence de la OTAN contra posibles ataques con misiles desde Siria. Este despliegue permanente genera un desgaste notable del material, que está activo 24 horas al día, siete días a la semana.
En 2023, Estados Unidos autorizó la venta a España de cuatro nuevas baterías Patriot en la configuración PAC-3 Plus. El programa, aprobado con un presupuesto de 2.400 millones de euros, incluye 51 misiles PAC-3 MSE de última generación, 24 estaciones de lanzamiento M903, cuatro radares AN/MPQ-65, cuatro estaciones de control, dos centrales de coordinación y cuatro plantas de energía.
Raytheon formalizó el contrato en diciembre de 2024 por 1.445 millones de euros para suministrar las baterías completas. Lockheed Martin proporcionará los misiles interceptores PAC-3 MSE. Sin embargo, las entregas no comenzarán hasta 2030, según ha confirmado el Ministerio de Defensa. La demora se debe al enorme volumen de pedidos acumulados por la guerra en Ucrania y la escalada de tensiones globales.
El retraso ha generado frustración en Defensa, que esperaba recibir el material en 2027. Lo más problemático es que las baterías llegarán sin misiles, cuya entrega está en el aire debido a las limitaciones de producción de Lockheed Martin. La compañía ha anunciado planes para triplicar su capacidad de fabricación de PAC-3 MSE de 600 a 2.000 unidades anuales para 2030, pero mientras tanto los países compradores deben esperar.
Para mantener operativas las baterías PAC-2 actuales hasta la llegada de las PAC-3, España ha adquirido lotes importantes de repuestos y nuevos misiles PAC-2 GEM-T. En 2024, el Gobierno firmó junto a Alemania, Países Bajos y Rumanía un contrato de 5.200 millones de euros para comprar un millar de misiles GEM-T. España recibirá alrededor de un centenar por unos 400 millones.
La industria española participa en el programa Patriot. Sener colabora con Raytheon y Lockheed Martin en el diseño y fabricación de componentes del sistema de actuación y control de los misiles. Grupo Oesía, a través de su filial Tecnobit en Valdepeñas (Ciudad Real), produce componentes del PAC-3 MSE. Esta participación industrial permite que parte de la inversión revierta en capacidades nacionales.
Cuando lleguen las cuatro nuevas baterías, España pasará de tres a siete sistemas Patriot operativos (o posiblemente solo cuatro si se retiran las versiones PAC-2 más antiguas). Esto permitirá una defensa aérea más robusta del territorio nacional y cumplir mejor con los compromisos de la OTAN.