El aumento de la producción de misiles Patriot marca un cambio de paradigma en la seguridad occidental. Entre la OTAN, la UE y la industria de defensa surgen nuevas prioridades estratégicas, límites estructurales y una carrera contrarreloj para cerrar la brecha en defensa aérea.
Occidente ha descubierto que no está preparado para defender sus propios cielos. Tras casi cuatro años de guerra en Ucrania, la OTAN y la Unión Europea se enfrentan a una realidad que había permanecido en segundo plano hasta 2022: los stocks de defensa antiaérea son insuficientes, la producción industrial no da abasto y la disuasión corre el riesgo de saltar por los aires por falta de medios.
En este contexto, Lockheed Martin ha anunciado un acuerdo con el Departamento de Defensa estadounidense para acelerar drásticamente la producción de los interceptores Patriot PAC-3 Missile Segment Enhancement (Mse), uno de los pilares de la defensa antimisiles occidental.
El acuerdo -del que informa el portal de defensa 'RID'- pretende aumentar la capacidad de producción anual de unos 600 a 2.000 misiles para 2030, con el objetivo de apoyar no sólo a las Fuerzas Armadas estadounidenses, sino a toda la arquitectura de seguridad de la OTAN y los países aliados. El anuncio se produce en un momento en que su arsenal se está viendo mermado por el apoyo militar a Kiev, las crisis en Oriente Próximo y la aceleración de las capacidades misilísticas de Rusia, Irán y China.
Producción masiva para una disuasión creíble
Según Lockheed Martin, la empresa ya se ha embarcado en una fase de expansión industrial sin precedentes. En los dos últimos años, la producción de PAC-3 MSE ha crecido más de un 60% y se han entregado 620 interceptores para 2025, superando en más de un 20% el récord anual anterior. Alcanzar los nuevos objetivos exigirá aumentar significativamente la plantilla, invertir en nuevas líneas de producción e impulsar la automatización.
El Pentágono, consciente de las limitaciones estructurales de la industria occidental, coordinará directamente la cadena de suministro para garantizar una subcontratación, materias primas y capacidad de producción adecuadas. Según los analistas, se trata de un paso crucial para una OTAN que debe defender simultáneamente su flanco oriental, sus bases militares y las infraestructuras críticas europeas.
El nuevo modelo de financiación: el Estado asume el riesgo
El verdadero cambio de paradigma no es sólo industrial, sino financiero. El acuerdo se basa en la estrategia de transformación de adquisiciones del Departamento de Defensa, apoyada por el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth. Por primera vez, Washington garantiza una demanda estable y a largo plazo, lo que permite a las empresas invertir sin temor a encontrarse con instalaciones sin utilizar una vez pasada la emergencia.
En la práctica, el Pentágono comparte el riesgo industrial, estabilizando el flujo de caja inicial y permitiendo una rápida expansión del volumen. Es una admisión implícita: el mercado por sí solo no puede sostener la velocidad necesaria para una confrontación estratégica con potencias revisionistas.
Por qué los Patriots se han vuelto indispensables
El PAC-3 MSE no es sólo un misil, sino un potenciador de la disuasión. Diseñado para interceptar misiles balísticos tácticos, misiles de crucero y aviones, utiliza el principio 'hit-to-kill', alcanzando el objetivo por impacto directo.
La guerra de Ucrania ha dejado claro que la defensa aérea no sólo debe proteger a las fuerzas sobre el terreno, sino también a las ciudades, centrales eléctricas, puertos, aeropuertos y centros logísticos. Sin una cobertura eficaz de los cielos, cualquier estrategia militar e industrial se vuelve vulnerable. Por eso, en la OTAN y la UE, el Patriot ha pasado de ser un sistema especializado a una infraestructura estratégica.
Lockheed Martin, pilar de la defensa occidental
Lockheed Martin es uno de los principales pilares de la base industrial de defensa occidental, activa en los campos de la aeronáutica, los misiles, los sistemas de misión y el espacio. Sus sistemas equipan a gran parte de las fuerzas armadas de la OTAN y a numerosos socios en Asia y Oriente Medio.
Sólo en 2025, la empresa suministró más de 24.000 productos del segmento de Misiles y Control de Incendios a Estados Unidos y sus aliados, lo que confirma una centralidad que va más allá del programa único Patriot.
Italia y la UE: dependencia e interoperabilidad
Italia despliega el sistema Patriot a través del Ejército del Aire y forma parte de la arquitectura de defensa aérea integrada de la OTAN. A nivel industrial, la contribución italiana procede principalmente de Leonardo, que participa en programas sobre radares, sensores e integración de sistemas con Lockheed Martin.
Sin embargo, la producción de interceptores sigue concentrándose en Estados Unidos, lo que pone de manifiesto una dependencia estructural europea que Bruselas, sólo ahora, está intentando abordar. La defensa aérea se ha convertido en uno de los nudos centrales del debate sobre la autonomía estratégica de la UE.
Pero, ¿son realmente necesarios los interceptores o se trata sólo de un negocio?
Según el CSIS, el IISS y la RAND Corporation, el aumento de la producción de Patriot responde a una escasez concreta y mensurable. Las reservas occidentales se dimensionaron para conflictos regionales breves, no para guerras prolongadas de alta intensidad. En un escenario de confrontación directa, los stocks europeos podrían agotarse en cuestión de semanas.
El peso del lobby de defensa existe, pero los analistas coinciden en un punto: no fueron las empresas las que crearon la demanda. Fue la guerra la que puso de manifiesto una fragilidad sistémica. Como señalan RUSI y el Peterson Institute, durante años los gobiernos han dado prioridad a la eficiencia frente a la resistencia. Hoy están pagando el precio de esa elección.