En su balance demográfico de 2025, el Insee revela que bajan los nacimientos y aumentan los fallecimientos, lo que provoca el envejecimiento de la población.
Por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el saldo natural de Francia, es decir, la diferencia entre el número de nacimientos y el de defunciones registradas, es negativo. Así lo señala el balance demográfico del año 2025 publicado por el Instituto Nacional de Estadística y de Estudios Económicos (Insee), este martes 13 de enero.
El año pasado, los nacimientos en Francia se estiman en 645.000 y las defunciones rondan las 651.000. El saldo natural, "en descenso sostenido desde 2007", sigue disminuyendo. De 66.300 en 2020, bajó a 17.600 en 2024 y ahora se estima en -6.000 en 2025, un fenómeno que también se observa en numerosos países europeos.
El cruce de estas curvas es un fenómeno poco habitual. Al margen de las dos guerras mundiales, periodos particulares para estos datos, solo se han registrado tres casos antes de 2025, en 1907, en 1911 y en 1929. Momentos en los que el saldo natural fue negativo de forma muy puntual.
Primer saldo natural negativo en 96 años
En cambio, la situación que vive Francia ahora debería consolidarse en los próximos años, incluso décadas, explica, a 'Euronews', Sylvie Le Minez, responsable de la Unidad de Estudios Demográficos y Sociales en el Insee, que destaca dos tendencias. "Desde comienzos de la década de 2010, las defunciones aumentan y es una tendencia que continuará hasta las décadas de 2040/2050", con el fallecimiento de las personas nacidas durante el baby boom.
En 2025, las defunciones en Francia aumentan un 1,5% respecto al año anterior. Si la llegada a edades de alta mortalidad de las generaciones numerosas del baby boom es una explicación, otros factores también pueden entrar en juego. El estudio señala que este aumento está "vinculado en particular a la epidemia de gripe invernal, especialmente virulenta en enero, y, de manera local, a episodios de altas temperaturas durante el verano".
El número de defunciones seguirá aumentando en los próximos años. "A finales de la década de 2040, las defunciones anuales deberían situarse en torno a 800.000", explica la experta. Es un dato que crece "de forma mecánica", asegura.
El deseo de tener hijos, a la baja
Mientras las defunciones no dejan de aumentar, la curva de nacimientos toma la trayectoria opuesta. Desde 2010, año en que nacieron 832.394 bebés, el número de recién nacidos no ha dejado de disminuir. "Y la tendencia se ha acelerado en los últimos años", precisa Sylvie Le Minez, que señala que el indicador coyuntural de fecundidad (ICF) se situó en 1,56, tanto para hombres como para mujeres. "Hay que remontarse al final de la Primera Guerra Mundial para encontrar un ICF tan bajo (...). Y bajó hasta 1,23 en 1916", indica el estudio.
"Se observa una caída de la fecundidad en muchísimos países", continúa Sylvie Le Minez. "Incluso hay países donde ha disminuido de forma drástica, como Japón o Corea. (...) ¿Es algo definitivo o, con el paso de los años, aumentará el deseo de tener hijos? Es difícil saberlo. Por eso no sabemos si es coyuntural".
Un fenómeno en el que se ha detenido el Instituto Nacional de Estudios Demográficos (Ined). "La caída de las intenciones de fecundidad es mucho más marcada entre los adultos jóvenes de menos de 30 años: el número total de hijos deseados ha disminuido en 0,6 de media en 20 años", indica el estudio. Precisa que las personas que desean tener cero o un hijo superan ya a quienes quieren al menos tres.
"La proporción de adultos jóvenes que están indecisos sobre si quieren tener hijos es elevada", precisa el Ined, que intenta aportar explicaciones. "Más allá de la coyuntura económica, han aparecido nuevas fuentes de preocupación en la última década (...) sin que ese vínculo esté necesariamente presente en la mente de quienes respondieron a la encuesta", precisa el estudio. Cita entonces "el cambio climático, la crisis económica, el debilitamiento de la democracia y, de forma más general, las perspectivas para las generaciones futuras".
Una población estable gracias a la inmigración
Sylvie Le Minez subraya también el impacto de la inmigración, que tiene ahora un peso mayor en la evolución de la sociedad. En las últimas décadas, "como el saldo natural fue elevado durante mucho tiempo, el motor del crecimiento demográfico era sobre todo el saldo natural", explica. "Pero desde hace varios años, el motor del crecimiento es más el saldo migratorio. Y este año, solo el saldo migratorio tiene impacto, porque el saldo natural es negativo", asegura la experta.
En 2020, el saldo migratorio, es decir, el número de extranjeros o franceses que se instalan en Francia por al menos un año, fue de 140.000. En 2025 es de 176.000, lo que permite que la población aumente un 0,25%, pese a un saldo natural negativo.
"Estas entradas en el territorio son mayoritariamente de personas jóvenes. Y, por supuesto, estas migraciones son un factor de crecimiento de la población, y estas personas contribuyen a la economía", concluye Sylvie Le Minez.