Una red promete a los sudasiáticos trabajos corrientes en Rusia, pero a su llegada a este país son obligados a participar en la guerra contra Ucrania, a punto de cumplir cuatro años de duración.
A finales de 2024, unos intermediarios que prometían trabajos estables en Rusia -en roles de limpieza, cocina u hostelería- anunciaron sus ofertas en algunas zonas pobres de Bangladesh. La oportunidad de ganar hasta 1.500 dólares (1.257 euros) y obtener un permiso de residencia parecía real: varios pidieron préstamos y vendieron tierras y propiedades para costearse el traslado. Sin embargo, los que llegaron a Rusia descubrieron que, en lugar de trabajo civil, en realidad se les obligaba a realizar el servicio militar.
Un equipo de 'Associated Press' habló con tres hombres que consiguieron escapar y con los familiares de otros tres. Sus documentos -visados, contratos militares o insignias- corroboran las historias. Estos periodistas afincados en Daca, la capital bangladesí, especulan con la posibilidad de que hayan muerto unos 40 ciudadanos de este país. Las autoridades rusas y bangladesíes no han hecho declaraciones acerca de esta investigación.
Según los hombres, a su llegada a Moscú les obligaron a firmar documentos en ruso, asegurándoles que se trataba de una mera formalidad. Solo más tarde se enteraron de que lo que habían firmado era un contrato para servir en el Ejército. Después, los enviaron a un campamento militar donde, durante varios días, les enseñaron a utilizar armas, drones, evacuar a los heridos y cómo actuar bajo fuego enemigo. Si intentaban oponerse, eran amenazados con palizas, ir a la cárcel o ser ejecutados.
Uno de los fugados relató las palabras que un oficial ruso le dijo a través de un intérprete: "Tu agente te ha enviado aquí. Te hemos comprado". Algunos afirman haber sido utilizados como escudos humanos en el frente, distribuidos por delante de las unidades rusas.
La historia de Maqsudur Rahman
A Rahman, que había regresado de Malasia y buscaba un nuevo trabajo, un intermediario le ofreció ser vigilante en una base rusa. Para pagar la comisión, pidió un préstamo de 1,2 millones de taka (unos 10.000 euros) y voló a Moscú en diciembre de 2024.
A su llegada le obligaron a firmar un documento que confundió con un contrato de trabajo. Pronto se encontró en una instalación militar remota, donde le entregaron armas y comenzó a recibir formación en tiro, conducción bajo fuego y manejo de equipos pesados. Después lo enviaron a la frontera ucraniana.
Los bangladeshíes eran utilizados como peones humanos prescindibles. Rahman recuerda que les pegaban por desobedecer. "Nos decían: '¿Por qué no trabajas? ¿Por qué lloráis?' y nos daban patadas".
Rahman sólo escapó tras resultar herido en una pierna durante un ataque con drones. Su comandante huyó advirtiéndole de que había minas por todas partes. El secuestrado consiguió escapar de un hospital de Moscú y se refugió en la embajada de Bangladesh.
Incluso los que viajaron voluntariamente fueron engañados
Algunos hombres aceptaron el servicio militar, esperando puestos técnicos seguros. Por ejemplo Mohan Miaji, que fue electricista en el extremo oriental ruso, mantuvo correspondencia con un reclutador. Este le aseguró que sus conocimientos serían útiles en unidades de aviones no tripulados o de guerra electrónica, "sin entrar en combate".
Sin embargo, tras tramitar los papeles en enero de 2025, el técnico fue enviado al campo militar de Avdeevka. Aunque mostró sus papeles a su nuevo comandante, repitiendo que tenía que hacer el trabajo de electricista, este fue asertivo: "Te obligaron a firmar un contrato para entrar en el batallón. Aquí no puedes hacer ningún otro trabajo. Te han engañado".
Miaggi declara que le golpeaban con palas y le esposaban en el sótano ante el más mínimo error, pese a no poder hablar o entender ruso. "Si nos decían que fuéramos a la derecha y nos íbamos a la izquierda, nos daban una paliza tremenda". También lo utilizaban para transportar suministros y recoger los cuerpos de los muertos.
Los desaparecidos tras ser enviados al frente
En Lakshmipur, las familias conservan los documentos que sus parientes consiguieron enviar antes de desaparecer: copias de contratos, visados, insignias... Ajar Hussain, de 40 años, se fue a Rusia pensando en trabajar como lavandero. Antes de desaparecer, le escribió a su esposa: "Me han vendido al Ejército ruso. Por favor, reza por mí". Su mujer dice que le amenazaron: "Le dijeron que si no se iba, le detendrían, le dispararían y dejarían de darle de comer".
Sajjad Siraj fue a Rusia esperando trabajar como cocinero. Al principio intentó entender a un agente por qué le obligaban a someterse a entrenamiento militar. Más tarde, le dijo a su padre que les enviaban al frente. Este intuyó que sería el último mensaje que recibiría de su hijo. Siraj senior enteró por otro bangladesí de que Sajjad murió tras un ataque de un avión no tripulado. Su madre también falleció sin creer las palabras de su marido.
Cómo la investigación condujo a esta red de intermediarios
A finales de 2024, las familias se pusieron en contacto con la organización de derechos humanos BRAC. El director del programa de migración, Shariful Islam, dijo: "Hay dos o tres niveles de personas que se están beneficiando de esto".
En enero de 2025, uno de los hombres regresó a casa y contó a la Policía que le habían engañado para ir a la guerra. Los investigadores descubrieron que muchos fueron reclutados a través de una red vinculada a SP Global, empresa que cesó sus actividades en 2025. Uno de los intermediarios, de nacionalidad bangladesí y rusa, ha sido acusado formalmente.
Es probable que hayan muerto unas 40 personas, según la Policía. Algunos viajaron voluntariamente atraídos por los elevados pagos. Las familias de los desaparecidos afirman que no han recibido dinero alguno. Miaji también dice que no le han pagado.
Salma Akdar lleva meses sin saber nada de su marido, Ajgar Hussain, que se ha ido a 'trabajar' a Rusia. La mujer no alberga esperanzas: "No quiero dinero ni nada más. Solo quiero que vuelva el padre de mis hijos".