Desde la publicación de las primeras cifras de víctimas en las protestas en Irán, especialmente tras las marchas del 18 y 19 de enero, ha quedado al descubierto la magnitud del desastre humanitario, con decenas de miles de muertos, según organizaciones pro derechos humanos.
Tras la interrupción de las comunicaciones telefónicas e internet en Irán, la información dispersa que llegaba del país a través de Starlink reseñaba asesinatos violentos y generalizados. Sin embargo, desde el principio, las estadísticas publicadas diferían considerablemente entre sí.
A falta de estadísticas oficiales y fiables, fueron las organizaciones de derechos humanos, las cuentas de usuarios conocidas en las redes sociales y, lo que es más importante, los testigos presenciales (especialmente las personas que tenían acceso al personal del hospital o a fuentes médicas acreditadas) quienes asumieron la responsabilidad principal de proporcionar información sobre el número de muertos y heridos.
Narrativas oficiales y mediáticas
Desde el principio, la República Islámica reconoció la muerte de un gran número de personas durante las protestas y los enfrentamientos en Teherán y las provincias, pero al mismo tiempo, en su narrativa propagandística, afirmaba repetidamente que los "terroristas" habían matado a un gran número de miembros de las fuerzas de seguridad y "civiles".
Sin embargo, los funcionarios nunca explicaron por dónde habían ingresado al país estos miles de "terroristas", cómo habrían llevado a cabo operaciones de tal escala y por qué nunca atacaron las manifestaciones de simpatizantes del Gobierno en Teherán.
El 27 de diciembre, el líder de la República Islámica, Ali Jamenei, confirmó personalmente el asesinato de "varios miles de personas", pero lo atribuyó a "delincuentes nacionales e internacionales".
Varios días después del inicio de las protestas, el 2 de febrero, la agencia iraní Sadovseima informó por primera vez, según cita la Fundación Shahid, de que el número de muertos ascendía a 3.117, una cifra misteriosa que se había repetido anteriormente en otros desastres humanos.
El 5 de febrero, la revista 'Time' citó a dos altos funcionarios del Ministerio de Salud iraní diciendo que al menos 30.000 personas habían muerto en enfrentamientos en las calles de ciudades iraníes. El periódico británico 'The Guardian' también informó de la muerte de unas 30.000 personas el 7 de febrero, citando sus fuentes, añadiendo que un gran número de personas habían desaparecido y podrían haber perdido la vida.
Recursos de derechos humanos
La Agencia de Noticias de Derechos Humanos Hrana, que publica las cifras de víctimas de forma más cuidadosa y sistemática -y que es una referencia para muchos medios de comunicación internacionales- reportó en su última actualización del martes, que había investigado y confirmado la muerte de 6.126 personas.
De estas personas, 5.777 eran manifestantes, 86 eran menores de 18 años, 214 pertenecían a fuerzas afiliadas al Gobierno y 49 eran civiles o no manifestantes, según el informe de Hrana. La agencia de noticias también calculó el número de casos investigados en 17.91, el número total de arrestos en 41.880 y el número de heridos con lesiones graves en 11.000.
Mai Sato, relatora especial de la ONU sobre los derechos humanos en Irán, ha comentado que, si bien las cifras oficiales del Gobierno iraní sitúan el número de muertos en "poco más de 3.000", los informes que recibió indican que el número real de víctimas podría llegar a decenas de miles. Según la relatora, los cortes de internet y la falta de acceso independiente han hecho que la verdadera dimensión de las víctimas siga siendo incierta.
Los heridos que murieron
Las imágenes publicadas de los cuerpos, en las que se ven parches cutáneos, pegamento, agujas, tubos de suero, jeringas o hisopos, muestran que algunos de los heridos fueron tratados mientras estaban en camas de hospital, para luego ser asesinados de otras formas y trasladados a morgues o prisiones forenses.
En algunas de estas imágenes, el equipo médico sigue pegado al cuerpo de la víctima, mientras que se pueden ver claramente rastros de disparos, incluido un disparo en la frente. Esta evidencia refuerza la posibilidad de que la persona estuviera viva en el momento de la hospitalización y luego fuera asesinada deliberadamente.
La mayoría de las personas muertas y heridas han sufrido disparos, mientras que en la época en que se suprimieron las sublevaciones anteriores, era más común que se hiciera uso de las porras. En esta ronda de represión, se ha hecho menos uso de porras y los disparos directos han sido mucho más generalizados. Muchas víctimas también han sido atacadas por la espalda.
Los forenses han registrado 22.000 muertes en protestas
El doctor Hashim Moazenzadeh, cirujano francés y director del sitio de noticias 'Palena', que está en contacto regular con fuentes médicas y hospitalarias, y especialmente con algunos miembros del personal forense de Irán, declaró a 'Euronews' que las pruebas demostraban que los agentes habían disparado incluso a personas que huían o salían de las instalaciones.
Refiriéndose a dos imágenes de víctimas con la frente destrozada, añade que estas imágenes muestran que la bala entró y salió por la parte posterior de la cabeza. Según Moazenzadeh, tras los días más sangrientos de represión, a mediados de enero, solo en la primera fase, el sábado, más de 900 cuerpos fueron transportados en un lapso de 36 horas. La recogida y el transporte de una cantidad tan grande de cadáveres requieren una amplia operación logística, y hace hincapié en que el Gobierno estaba preparado y planificado con antelación para tal situación.
El experto afirma que, según las estadísticas generales confirmadas que ha recibido hasta ahora de diversas fuentes hospitalarias, hasta la fecha se han registrado al menos 22.000 casos solo en el ámbito forense.
En los últimos días, varios médicos y miembros del personal médico han sido detenidos en Teherán y en algunos condados por tratar a los heridos de las protestas y por negarse a cooperar con los agentes de seguridad. En este sentido, Mouzenzadeh afirma que los médicos, las enfermeras y el personal médico se encuentran entre los pocos testigos fiables de estos acontecimientos, y por eso se ha incluido en el orden del día su "eliminación sistemática".