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Se burlaron de nosotros, vecinos que no dejarán que Bonaire se hunda sin luchar

De izquierda a derecha: Angelo Vrolijk, Danique Martis, Judmar Emerenciana, Jackie Bernabela, Helen Angela, Onnie Emerenciana.
De izquierda a derecha, Angelo Vrolijk, Danique Martis, Judmar Emerenciana, Jackie Bernabela, Helen Angela y Onnie Emerenciana. Derechos de autor  Roëlton Thodé / Greenpeace
Derechos de autor Roëlton Thodé / Greenpeace
Por Liam Gilliver
Publicado
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Ante la devastadora furia del cambio climático, estos isleños libran una batalla y ya han logrado victorias, pero aún no se rinden.

Con su arena fina como el azúcar, sus aguas de un azul cobalto y un sol que casi nunca falla, la isla de Bonaire parece un destino de postal.

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Pero para sus 20.000 habitantes, vivir aquí resulta "mentalmente agotador".

Situada en el sur del Caribe, Bonaire, municipio especial de Países Bajos, lleva años lidiando con los estragos del cambio climático. El aumento de las temperaturas provocado por los gases de efecto invernadero está alimentando tormentas tropicales y lluvias extremas, lo que provoca inundaciones graves y daños irreversibles en sus famosos corales.

Esto repercute en todos los aspectos de la vida en Bonaire, afecta a la salud de los residentes, a su acceso a los alimentos y a la propia tierra que pisan. Incluso las previsiones más conservadoras apuntan a que parte de la isla estará bajo el agua en 2050, a medida que el calentamiento de las aguas sigue elevando el nivel del mar.

Sin embargo, en medio de este panorama sombrío, la población de Bonaire ha demostrado una resiliencia extraordinaria y deja claro que no piensa dejar que su isla se hunda sin luchar.

La victoria judicial de Bonaire

En enero, ocho demandantes, junto con la organización ecologista Greenpeace, llevaron al Gobierno neerlandés ante los tribunales, reclamando que se proteja a los residentes del aumento de las temperaturas y de la subida del nivel del mar.

En una victoria contundente para los habitantes de la isla, el Tribunal de Distrito de La Haya dictaminó que el Gobierno discriminó a la población de Bonaire por no haber adoptado "medidas oportunas y adecuadas" para protegerla del cambio climático antes de que sea demasiado tarde.

El tribunal ordenó al Gobierno neerlandés fijar, en un plazo de 18 meses desde la sentencia, objetivos jurídicamente vinculantes para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en línea con el Acuerdo de París, que compromete a los países a evitar que el aumento de la temperatura media global supere los 2ºC respecto a los niveles preindustriales.

Fue una victoria de David contra Goliat que recordó al histórico caso Urgenda de 2019, cuando el Tribunal Supremo neerlandés falló a favor de los activistas climáticos y ordenó al Gobierno recortar las emisiones de gases de efecto invernadero del país.

"La esperanza debe convertirse ahora en acción"

"La sentencia a favor de Bonaire es un hito importante, es histórica", explica a Euronews Earth Jackie Bernabela, una de las demandantes originales. "Pero que las cosas cambien de verdad depende de lo que ocurra ahora".

Movida por una profunda preocupación por el futuro de Bonaire, Jackie decidió colaborar con Greenpeace y se fue frustrando cada vez más con las promesas políticas incumplidas mientras veía sufrir a su país.

En Bonaire la sensación es que esta sentencia da esperanza, pero esa esperanza debe convertirse ahora en acción
Jackie Bernabela
Activista climática

"Para muchos residentes como nosotros, lo más doloroso es ver los cambios visibles en la naturaleza: arrecifes de coral, playas y paisajes que son fundamentales tanto para su identidad como para su sustento", afirma.

Aun así, Jackie se muestra optimista y recuerda que los tribunales rara vez fallan "a la ligera" en materia climática, y que este tipo de decisiones suele influir en las políticas más generales.

"Pero el cambio climático se acelera y el tiempo es limitado", dice.

"Se burlan de nosotros"

Para Onnie Emerenciana, agricultor de Bonaire, el cambio climático está convirtiendo su trabajo en casi imposible. Con problemas respiratorios por trabajar al aire libre en condiciones polvorientas y obligado a llevar manga larga para proteger la piel de las temperaturas abrasadoras, Onnie intenta adaptarse a la sequía persistente en la isla.

"Es muy difícil dedicarse a la agricultura si no tienes agua", explica. "Hace falta para cultivar y para dársela a los animales. Como no llueve, los campos están secos, la tierra está muy caliente y en ella no crece nada".

Onnie ha optado por cultivar en invernaderos para evitar que animales como lagartos e iguanas se coman los alimentos, y ha creado sus propios cajones de cultivo para producir verduras de hoja y otras hortalizas pequeñas.

"Mi mayor problema es el agua", señala. "Compro agua a la compañía local, pero solo pueden traerme seis metros cúbicos a la semana con su camión. Si el camión se estropea, no te traen agua y a veces pueden pasar dos semanas, y entonces pierdo toda mi inversión".

Onnie Emerenciana cultiva verduras en Bonaire.
Onnie Emerenciana cultiva verduras en Bonaire. Supplied by Onnie Emerenciana.

Con el amor por la naturaleza que le transmitió su abuela indígena americana, Onnie se sumó a la batalla judicial de Greenpeace tras ver cómo la "isla feliz" desaparecía ante sus ojos.

No fue una decisión fácil, muchos residentes se burlaban de los demandantes y de sus aparentemente escasas posibilidades de victoria.

"Algunos no nos creían y se reían de nosotros", recuerda Onnie. "Decían: '¿Cómo vais a ganar un caso judicial contra los Países Bajos?' Pero yo estaba decidido".

Mientras Onnie espera a que Países Bajos concrete su plan para proteger Bonaire del cambio climático, se centra en las cosas que los propios residentes pueden hacer para mejorar su vida diaria, como plantar árboles, separar los residuos y determinar qué zonas de la isla podrían beneficiarse de diques para recoger el agua de lluvia.

"Seguiré observando, adaptándome y manteniendo a todo el mundo al tanto de los cambios", añade. "Como ya he dicho, solo hay un planeta Tierra, tenemos que protegerlo o será nuestro fin".

"Vivir en Bonaire no es fácil"

Meralney Bomba, que no fue demandante en el proceso judicial pero trabaja para Greenpeace, asegura que le resulta mentalmente agotador recorrer la costa de Bonaire sabiendo que en el futuro puede que ya no exista.

"Nacer, crecer y vivir en Bonaire no es algo fácil de llevar", cuenta Meralney a Euronews Earth, y aun así se mantiene optimista.

"Espero que las cosas cambien", afirma Meralney. "Nunca perderé la esperanza, pero como sabemos desde hace años en Bonaire, los cambios no llegan fácilmente y la adaptación tiene que implicar a todo el mundo".

Meralney solo quiere que se escuche y se respete a los residentes. Asegura que están cansados de que organizaciones visiten la isla para hacer estudios e investigaciones que nunca se traducen en acciones concretas.

"La sentencia ya ha contribuido y contribuirá sin duda a dar un empujón a todo esto", añade. "Esto no es el final, es literalmente solo el principio; el trabajo continúa cada día hacia un mundo más justo para todos".

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