Los ataques estadounidenses e israelíes a yacimientos de gas, instalaciones nucleares y desalinizadoras liberan tóxicos en aire, suelo y agua, que según expertos dañarán la salud de los iraníes durante décadas.
Los depósitos de petróleo expulsan humo negro; los restos se hunden en el golfo Pérsico; los misiles golpean instalaciones militares. La guerra de Irán ha desatado una mezcla tóxica de productos químicos, metales pesados y otros contaminantes que amenaza desde la agricultura hasta el agua potable y la salud de la población y que, según los expertos, dejará tras de sí daños ambientales y riesgos sanitarios que podrían persistir durante décadas.
"Toda la quema de yacimientos de petróleo y gas en las zonas costeras, todos los barcos que hay allí, los petroleros que están siendo incendiados o hundidos: todo eso significa contaminación", señala Kaveh Madani, científico iraní y director del Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas. "Para alguien como yo, que ha luchado por la sostenibilidad y la protección del medio ambiente en la región, esto es como retroceder muchos años".
Documentar los daños se ha revelado como una tarea titánica y, por ahora, resulta imposible hacer un balance completo según explica Doug Weir, director del 'Conflict and Environment Observatory', una organización sin ánimo de lucro con sede en el Reino Unido que vigila los daños ambientales causados por los conflictos armados.
El grupo utiliza teledetección por satélite e información de fuentes abiertas para identificar los daños y evaluar los riesgos ambientales para la población, los ecosistemas y las tierras agrícolas. Por el momento ha registrado más de 400 incidentes preocupantes para el medio ambiente relacionados con la guerra, aunque todavía se desconoce mucho debido a los retrasos en las imágenes por satélite y al corte de internet en Irán, explicó Weir.
La contaminación del aire desatada por la guerra puede causar numerosos problemas de salud
Quizá las imágenes más duraderas de la guerra sean los cielos oscurecidos por las infraestructuras petrolíferas incendiadas en los bombardeos, como ocurrió hace dos semanas cuando cayó lluvia negra cerca de Teherán, la capital iraní.
El hollín microscópico aumenta el riesgo de afecciones pulmonares y cardíacas, mientras que los productos químicos tóxicos suponen riesgos de cáncer a largo plazo y los metales pesados procedentes de la caída de residuos pueden contaminar los suelos y las reservas de agua, según los expertos.
El hollín, las cenizas y los productos químicos tóxicos procedentes de los ataques contra depósitos de combustible y una refinería se mezclaron con las gotas de agua de la atmósfera y regresaron a la superficie en forma de lluvia aceitosa y ácida, lo que llevó a las autoridades a recomendar que la población permaneciera en casa.
Los restos y la contaminación de los misiles, así como posibles ataques contra plantas industriales y otras infraestructuras, también podrían desencadenar una contaminación peligrosa en toda la región, advierten los expertos.
"Si se alcanza una planta que produce amoniaco para fertilizantes o para la producción de alimentos, se liberan sustancias absolutamente tóxicas y peligrosas si se dispersan", explica Mohammed Mahmoud, responsable de política de clima y agua para Oriente Medio en el Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas y fundador de la 'Climate and Water Initiative'.
El acceso continuado a agua limpia es una de las grandes preocupaciones
Los países de la región del golfo Pérsico dependen de cientos de plantas desalinizadoras para el agua de consumo, lo que entraña riesgos para la salud y la seguridad si estas instalaciones resultan dañadas o si el agua se contamina, señalan los expertos. Las poblaciones de la región "ya tienen dificultades para acceder a agua potable limpia, incluso en tiempos de paz", recuerda Madani, el científico iraní y alto cargo de la ONU. "Cualquier daño a las infraestructuras hídricas puede tener impactos duraderos".
Irán ha asegurado que un ataque aéreo estadounidense dañó una de sus plantas desalinizadoras, mientras que el vecino Baréin ha acusado a Irán de haber dañado una de las suyas. Los expertos temen que se ataquen más instalaciones cuanto más se prolongue la guerra.
La reparación de los daños ambientales puede llevar décadas
Tras la guerra, cuando Irán y otros países emprendan la reconstrucción, los daños ambientales podrían quedar en un segundo plano, advierten los expertos. Según Mahmoud, la atención se centrará en las infraestructuras energéticas e hídricas, las plantas industriales y las instalaciones de producción de alimentos. Parte de la contaminación, especialmente la que afecta al golfo u otros cursos de agua, "dudo que se aborde pronto y, en algunos casos, no se abordará nunca".
En Teherán, una ciudad densamente poblada, por ejemplo, un gran número de ataques ha alcanzado no solo infraestructuras petrolíferas, sino también edificios y zonas residenciales, lo que genera una contaminación nociva procedente de materiales de construcción pulverizados. La población está expuesta al polvo y a los productos químicos, una situación que puede prolongarse mucho tiempo después de que la guerra termine y comience la reconstrucción.