El conflicto con Irán impulsa la adopción de bombas de calor en el Reino Unido, aunque persisten las dudas sobre si la inversión realmente compensa.
Las bombas de calor están liberando a los europeos de la volatilidad de los precios del gas, a pesar de haber quedado atrapadas en la guerra cultural en torno al objetivo de emisiones netas cero.
Según datos de Eurostat de 2023, casi el 50% de toda la energía que se consume en la UE se destina a calefacción y refrigeración, aunque la mayor parte sigue procediendo de combustibles fósiles, especialmente gas natural. La Comisión Europea sostiene que la tecnología de las bombas de calor es ya "clave" para impulsar la transición hacia energías limpias y alcanzar el objetivo de neutralidad climática en 2050.
En 2022 se instalaron en la UE alrededor de 2,8 millones de bombas de calor. La cifra se redujo a 2,7 millones en 2023 y a 2,11 millones en 2024. Sin embargo, datos preliminares de 13 Estados miembros indican que el mercado repuntó en 2025, con un crecimiento del 11% y unas ventas de 2,34 millones de unidades en esos países.
Diversas encuestas muestran que los malentendidos sobre el ruido, la estética y la eficacia han frenado la adopción de esta tecnología, pese a que existen pruebas de que los hogares pueden ahorrar hasta 270€ al año.
No obstante, a medida que el conflicto con Irán vuelve a poner de relieve los riesgos de depender de los combustibles fósiles, las bombas de calor han regresado al centro del debate. En el Reino Unido, históricamente uno de los países con menor tasa de adopción en Europa, las ventas en las tres primeras semanas de marzo, cuando comenzó el conflicto entre Estados Unidos e Israel en Oriente Medio, aumentaron un 51% respecto al mes anterior, según la empresa energética Octopus Energy.
¿Merece la pena el coste de las bombas de calor?
Dominic King, un británico de 43 años residente en Bath (Inglaterra), es uno de los beneficiarios del programa gubernamental Boiler Upgrade Scheme. Esta iniciativa, dirigida a los residentes en Inglaterra y Gales, concede ayudas de hasta 7.500 libras (unos 8.658€) para la instalación de bombas de calor de aire o geotérmicas.
En su caso, la instalación costó 3.500 libras (unos 4.040€), incluyendo tres radiadores nuevos en la planta baja de su vivienda adosada de los años 50. Además, invirtió otras 3.000 libras (3.463€) en una batería de 10 kWh para evitar los precios máximos de la electricidad.
En febrero de 2026, el primer mes completo de funcionamiento del sistema, su factura de gas y electricidad ascendió a 180 libras (207€), frente a las 255 libras (294€) del mismo periodo de 2025, lo que supone un ahorro de 78 libras (90€). "Si esto se mantiene, habremos amortizado la inversión en unos siete años", explica Dominic a 'Euronews Earth'.
Menos exposición a la volatilidad energética
Más allá del ahorro mensual, Dominic destaca que la bomba de calor le proporciona "mucha más certidumbre" en sus facturas energéticas. "Me da pena la gente que tiene que lidiar con precios del gas tan volátiles, sobre todo cuando la geopolítica los dispara. Yo, en cambio, estoy muy tranquilo por no tener que preocuparme ya por eso", señala.
Su sistema mantiene la vivienda a unos 20ºC durante todo el día, con independencia de la temperatura exterior. Uno de los principales mitos sobre estas instalaciones es que no funcionan bien en climas fríos, pese a que algunos de los países más fríos de Europa presentan las mayores tasas de adopción.
Las bombas de calor funcionan eficazmente en regiones donde las temperaturas invernales rara vez bajan de −10ºC, lo que incluye a gran parte del continente. Incluso en condiciones extremas, de hasta −30ºC, pueden seguir siendo más eficientes que la calefacción eléctrica convencional.
Esto se debe a que, incluso por debajo de cero, el aire y el agua exteriores contienen energía aprovechable. "Mi mujer no se ha quejado", comenta entre risas. "Antes discutíamos mucho por el termostato; ahora vivimos en una especie de armonía conyugal, al menos en lo que respecta a la temperatura de la casa".
"Mis hijos tampoco protestan. Les encantan las duchas muy calientes, casi como un baño de vapor, y hasta ahora no ha habido quejas sobre el agua caliente". "Ya no tengo que llevar gorro de lana cuando trabajo desde casa. Así evito parecer raro en las videollamadas y, además, me siento más productivo cuando no tengo la nariz fría".
En respuesta a quienes critican su impacto visual, el instalador, también de Octopus Energy, recuerda que muchas fachadas ya están llenas de tuberías o cubos de basura sin que eso genere polémica. "Aun así, pregunté a mi vecino qué le parecía la instalación", concluye Dominic. "Me dijo que no cree que acabemos peleándonos por esto, lo cual es un alivio".