El tráfico ilegal de carburante desde Libia alcanza un récord con cerca de un millón de toneladas; la misión europea Irini ajusta su mandato ante nuevas prioridades y límites del embargo de la ONU
El tráfico ilícito de carburantes desde la Libia ha alcanzado niveles calificados de "sin precedentes" por los expertos de la ONU, con alrededor de un millón de toneladas de gasóleo exportadas ilegalmente entre finales de 2024 y comienzos de 2026 a través de redes marítimas que parten sobre todo de los puertos de Bengasi, Tobruk y Ras Lanuf.
Es en este contexto cuando la misión naval de la Unión Europea, Eunavfor Med Irini, entra en una fase de reposicionamiento operativo, tras la reciente evolución del marco jurídico de la ONU que regula las inspecciones en el mar vinculadas al embargo de armas sobre Libia.
El dato clave: crecen las exportaciones ilegales
Según un panel de expertos de la ONU, el sistema de contrabando se ha consolidado en los últimos años hasta adoptar una estructura ya estable.
- Unas 50 petroleras implicadas en operaciones ilegales
- Cargas de carburante refinado detraídas del mercado interno libio
- Exportaciones mediante transbordos de barco a barco en aguas internacionales
- Uso de documentación comercial falsificada
Las rutas no se limitan al Mediterráneo central, los cargamentos llegan también a Grecia, Malta, España, Alemania y Bélgica, además de a nodos extracomunitarios como Turquía y Emiratos Árabes Unidos.
El punto de partida, carburante subvencionado que acaba desviado
En la base del sistema no está el crudo, sino el carburante refinado. La National Oil Corporation sigue exportando con normalidad petróleo crudo, mientras que el problema afecta a la cadena interna de los productos refinados.
El mecanismo es bien conocido por los analistas de la ONU: Libia importa enormes cantidades de carburantes a precios subvencionados para el mercado doméstico, pero una parte significativa se desvía y se revende en el extranjero a precios de mercado, lo que genera beneficios enormes para redes híbridas que combinan actores locales, intermediarios y operadores logísticos internacionales.
Las estimaciones más recientes indican que el fenómeno del contrabando de carburante puede provocar pérdidas de hasta varios miles de millones de dólares al año para el Estado libio, con un impacto directo en las finanzas públicas y en la estabilidad de la moneda.
Un reciente dosier de investigación habla de entre seis y siete mil millones de dólares anuales de pérdida económica total, entre exportaciones ilegales y distorsiones del sistema de subvenciones.
El papel de los puertos del este de Libia
El epicentro del tráfico sigue siendo el este de Libia. Los informes de la ONU señalan los puertos de Bengasi, Tobruk y Ras Lanuf como los principales puntos de salida. Desde allí zarpan buques que cargan carburante destinado a operaciones en alta mar, a menudo con posteriores triangulaciones hacia terceros mercados.
En algunos casos, según los expertos de la ONU, el sistema se alimenta también de excedentes de gasóleo generados por ineficiencias en la gestión de la demanda interna y de la distribución.
Irini avanza hacia una reconfiguración
La misión Eunavfor Med Irini, creada en 2020 para respaldar el embargo de armas de la ONU, se enfrenta ahora a una redefinición de su ámbito de actuación.
A medida que se debilita el marco de autorización para las inspecciones relacionadas con el armamento, aumenta el impulso europeo para reforzar las tareas vinculadas al seguimiento de los tráficos ilícitos por mar, la lucha contra los flujos energéticos ilegales y la cooperación con las autoridades libias en materia de seguridad portuaria.
En la práctica, supone pasar de una misión centrada en el embargo militar a una plataforma más amplia de seguridad marítima en el Mediterráneo central.
El contexto libio sigue siendo muy fragmentado, con redes armadas e intereses económicos estrechamente ligados a los flujos energéticos. En este escenario, el tráfico ilícito de carburantes no aparece como un fenómeno marginal, sino como una de las principales economías paralelas del país.
Y es precisamente esta dinámica la que impulsa a la Unión Europea a recalibrar instrumentos, objetivos y prioridades operativas en el Mediterráneo central.