La energía renovable está evitando que se desperdicien las cosechas y protege el trabajo de los agricultores.
Cuando troceamos verduras, casi nadie se detiene a pensar en los desafíos que han tenido que superar los agricultores para que esos alimentos lleguen a nuestra tabla de cortar: sequía, calor extremo, inundaciones, pobreza y combustibles por las nubes, por citar solo algunos. Si consiguen cultivar y cosechar productos sanos, hay que mantenerlos en frío para que lleguen a nuestras cocinas en el estado impecable al que nos hemos acostumbrado.
"Puedes hacerlo todo bien en la granja, pero si los productos no se almacenan correctamente, pierdes tanto la mercancía como los ingresos", explica la agricultora keniana Yvonne Anyonyi Mumiah mientras camina entre hileras de romero, albahaca y otros cultivos destinados a los supermercados europeos.
Aunque persisten otras amenazas, Yvonne ya no tiene que preocuparse de que los retrasos en el transporte o el calor extremo arruinen su cosecha, y todo gracias a las energías renovables.
El modelo de pago por uso cobra a los agricultores en función de los kilos almacenados, parte de una tendencia en África hacia el uso de cámaras frigoríficas solares para hacer frente a uno de los problemas más persistentes de la agricultura, el deterioro de los alimentos.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) calcula que hasta el 40 por ciento de los alimentos producidos en África se pierde entre la cosecha y el mercado, en gran medida por la falta de infraestructuras adecuadas de almacenamiento, transporte y procesado.
Los agricultores ya no tienen que depender de redes eléctricas caras y poco fiables
Cámaras frigoríficas, almacenes y centros de refrigeración solares y desconectados de la red permiten a agricultores y comerciantes conservar productos perecederos sin depender de unas redes eléctricas caras y poco fiables. Este cambio gana impulso en Kenia (fuente en inglés), Nigeria, Etiopía, Ruanda y Sudáfrica.
"El mayor desafío era conservar la calidad tras la cosecha", señala Mumiah, que, como muchos otros pequeños agricultores, no podía asumir el coste inicial de unos 30.000 dólares (25.000€) de una unidad propia de almacenamiento en frío alimentada con energía solar.
A medida que el cambio climático y el aumento de las temperaturas ponen bajo presión los sistemas de manipulación de alimentos y llegan en ocasiones a interrumpir las cadenas de suministro, la tecnología de refrigeración se vuelve cada vez más vital.
Los productos se conservan frescos semanas en lugar de días
En países como India, China, Japón, Países Bajos y Estados Unidos, sofisticadas redes de cadena de frío permiten que los productos frescos sigan siendo aptos para la venta durante semanas. En muchas zonas de África, sin embargo, los agricultores a menudo carecen de acceso a instalaciones de refrigeración y se ven obligados a vender sus cosechas inmediatamente después de la recolección, lo que se traduce en pérdidas importantes.
El problema se agrava a medida que suben las temperaturas, ya que el calor extremo acelera el deterioro de verduras, frutas, productos lácteos y pescado. Los suministros eléctricos poco fiables encarecen o hacen inviable la refrigeración convencional en muchas zonas rurales.
"El almacenamiento en frío sigue siendo uno de los eslabones perdidos en las cadenas de valor agrícolas de África", afirma Emmanuel Aziebor, director regional para África de CLASP, una organización sin ánimo de lucro que apoya la implantación de electrodomésticos eficientes y tecnologías para usos productivos.
"Cuando los agricultores pueden almacenar los productos durante más tiempo, acceden a mejores mercados, reducen el desperdicio y aumentan sus ingresos", añade.
La energía solar acelera las mejoras en las cadenas de suministro
El proveedor Soko Fresh afirma haber reducido las tasas de deterioro de sus clientes de hasta el 50 por ciento a menos del dos por ciento, al tiempo que ayuda a los agricultores a ganar hasta un 50 por ciento más por kilo.
En Nigeria (fuente en inglés), empresas como ColdHubs han instalado cámaras frigoríficas solares de acceso a pie en los principales mercados agrícolas, lo que permite a agricultores y comerciantes alquilar espacio por días en lugar de invertir en equipos costosos.
En Ruanda, la refrigeración solar se utiliza para apoyar a las cooperativas lecheras y mejorar la recogida de leche.
En Etiopía (fuente en inglés), las inversiones en cadena de frío se amplían para respaldar las exportaciones hortícolas, uno de los sectores agrícolas de más rápido crecimiento del país.
Los analistas señalan que innovaciones de este tipo adquieren una importancia creciente a medida que los países africanos buscan mejorar su seguridad alimentaria y, al mismo tiempo, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Los sistemas tradicionales de almacenamiento en frío dependen a menudo de generadores diésel, sobre todo en zonas con un suministro eléctrico poco fiable. Las alternativas solares pueden reducir el consumo de combustible y los costes de explotación, al tiempo que disminuyen las emisiones.
Sin embargo, los expertos sostienen que el beneficio más importante puede ser económico más que ambiental. Durante décadas, los esfuerzos de desarrollo se han centrado sobre todo en ampliar el acceso a la electricidad en África. Aunque millones de hogares han logrado conectarse, se ha prestado mucha menos atención a garantizar que esa electricidad sirva para generar ingresos.
"Hemos descuidado el debate sobre cómo la gente puede convertir la electricidad en oportunidades", apunta Aziebor. "Seguimos extendiendo las infraestructuras eléctricas, pero si la población no puede utilizar esa energía de manera productiva, los beneficios económicos nunca terminan de materializarse".
La energía solar impulsa algo más que frigoríficos
En toda África, los sistemas de riego alimentados con energía solar permiten cultivar durante todo el año. Los molinos y equipos de procesado solares ayudan a las comunidades rurales a añadir valor a los productos agrícolas cerca de donde se cultivan. La financiación sigue siendo un reto.
"El desafío hoy no es demostrar que estos sistemas funcionan", afirma Carol Koech, vicepresidenta para África de la Global Energy Alliance for People and Planet. "Es desarrollar suficientes proyectos viables bancariamente que atraigan grandes volúmenes de inversión y puedan escalarse de un país a otro".
Las subvenciones, los préstamos a bajo interés y el apoyo de donantes pueden ayudar a cubrir los costes iniciales. Según los expertos del sector, sigue siendo difícil atraer inversiones comerciales suficientes porque muchos mercados agrícolas están fragmentados y dominados por pequeños productores.
"Estos inversores consideran que las tecnologías emergentes son de alto riesgo porque todavía no contamos con suficientes modelos de negocio probados que ofrezcan retornos fiables", señala el director ejecutivo de SoKo Fresh, Denis Karema. "Eso encarece la financiación para proyectos como los nuestros".