El presidente electo levantó su movimiento hace apenas 11 meses y ha calcado el modelo que triunfa en Argentina o El Salvador: discurso patriótico, mano dura contra el crimen y desprecio a la política tradicional.
Hace un año, el nombre de Abelardo de la Espriella no figuraba en ninguna quiniela presidencial. Nadie ni dentro ni fuera de Colombia conocía su nombre y hoy, tras la segunda vuelta de elecciones y a la espera del escrutinio final, se ha convertido en el próximo presidente de Colombia.
Abogado de profesión, De la Espriella fundó su movimiento 'Defensores por la Patria' hace menos de un año. En julio de 2025 inscribió su partido con un propósito declarado: cerrar el paso a la izquierda de Gustavo Petro y a su sucesor, el senador izquierdista Iván Cepeda, que se ha quedado a menos de dos puntos de su rival.
Su biografía no es la de un político de carrera, y precisamente de eso ha hecho bandera. De la Espriella, de 47 años, se hizo millonario al frente de su despacho penalista, donde defendió a clientes tan controvertidos como el empresario colombo-venezolano Alex Saab (hoy detenido en Estados Unidos), o David Murcia Guzmán, autor de la mayor estafa piramidal del país.
Abogado y empresario
Pero De la Espriella no solo es abogado; también es empresario. 'De La Espriella Style' es su negocio personal. En su página web vende desde bebidas alcohólicas, como ron y vino, hasta libros, café o prendas de vestir para hombre.
'Sempre Avanti' es su marca de ropa. Se presenta como "un homenaje al arte y al estilo, a la virtud de los hombres que entendieron que te tratan como te ven, que todo comunica y que vestirse bien es hacerlo bien; es atraer el triunfo y la plenitud". En la web comercializa prendas de inspiración italiana y, según asegura la propia firma, de "altísima calidad".
A quienes le reprochan no haber ocupado jamás un cargo público, les responde que esa es precisamente su virtud. La ausencia de una trayectoria política conocida ha sido el mejor aval de este desconocido candidato, que ha conseguido capitalizar el descontento de millones de colombianos presentándose como un 'outsider' alejado de la casta que representa la política.
Un viejo modelo
El modelo, aunque nuevo en Colombia, ya es un viejo conocido. De la Espriella bebe del mismo manual que Nayib Bukele en El Salvador, Javier Milei en Argentina o Donald Trump en Estados Unidos, a quien admira sin disimulo. Saludo militar, invocaciones a Dios, mensajes patrióticos y la promesa de combatir "con mano de hierro" a delincuentes y corruptos. Una receta que ha calado entre los electores católicos y evangélicos y que ha sobrevivido a las críticas por comentarios machistas y homófobos que le han perseguido durante toda la campaña.
Nacido en Bogotá en 1978, De la Espriella mantiene a la vez tres nacionalidades: la colombiana, la estadounidense y la italiana. Ese ha sido el punto más débil del candidato, que ha tenido que sortear las críticas que durante toda la campaña han sembrado dudas sobre si era compatible tener tantas nacionalidades y presentarse a la presidencia del país.
La eliminación en la primera vuelta de la única candidata mujer, la conservadora Paloma Valencia, también le ha beneficiado. Ella ha pedido el voto para el, igual que el expresidente Álvaro Uribe, que públicamente ha defendido al candidato frente a la continuación del 'petrismo'.
Casado y padre de cuatro hijos, llega a la Casa de Nariño con un reto mayúsculo: intentar reducir el crimen organizado dentro del país, que sitúa a Colombia como la segunda nación del mundo con mayor nivel de criminalidad.