Las lluvias torrenciales que golpean el norte de Chile desde hace más de una semana han arrasado cultivos, carreteras y miles de viviendas. Las autoridades mantienen la alerta pese a la mejora de las previsiones meteorológicas.
La tormenta que azota Chile desde hace más de una semana ha dejado un panorama de destrucción en el norte del país. Los cultivos han quedado arrasados, las carreteras han desaparecido bajo las inundaciones y las lluvias torrenciales han causado al menos 13 muertos. Además, unas 60.000 personas permanecen aisladas, según las autoridades.
El temporal, que comenzó la semana pasada, ha golpeado con especial dureza las regiones de Coquimbo y Atacama, dos zonas habitualmente marcadas por un clima árido. El Gobierno cifra en unas 2.800 las viviendas destruidas por las precipitaciones, las crecidas de los ríos y los deslizamientos de tierra.
Aunque el ministro del Interior ha señalado que las lluvias comenzarán a remitir en las próximas horas, ha advertido de que el riesgo sigue siendo muy elevado por los "cauces de ríos y quebradas desbordados", que mantienen la amenaza de nuevas inundaciones.
Ante la magnitud de la emergencia, el presidente José Antonio Kast declaró el lunes el estado de emergencia en las zonas afectadas, una medida que permite desplegar al Ejército, restringir la movilidad y agilizar la distribución de ayuda humanitaria.
Las previsiones meteorológicas apuntan a una mejora progresiva durante los próximos días, pero las autoridades mantienen el llamamiento a extremar las precauciones y evitar desplazamientos innecesarios mientras persista el riesgo.
Los meteorólogos atribuyen este episodio de lluvias excepcionales al regreso de El Niño, el fenómeno climático originado en el océano Pacífico que altera los patrones meteorológicos a escala global. La ONU ya advirtió el pasado mayo de que su reaparición podría intensificar los fenómenos meteorológicos extremos y favorecer nuevos récords de temperatura en los próximos años.