Desde 2008, un grupo de vecinos entusiastas coge cada año azadas y herramientas de medición para levantar una de las mayores atracciones de la zona.
Unos niños deambulan por un maizal junto a la frontera rumana, pero sus padres están tranquilos. Los jóvenes amantes de la aventura no se han perdido, en realidad están explorando el mayor laberinto de maíz de Europa Central.
En la parcela de maíz de Kiszombor, que ocupa 4,5 hectáreas, los organizadores han recortado este año siluetas de personajes de cuentos, un castillo y un unicornio.
El diseño lo creó Nagy Dávid en su ordenador, en una cuadrícula, y las plantas de maíz se cortaron cuando apenas llegaban a la rodilla. Así era más fácil ver el conjunto, y en los últimos retoques también ayudaron los drones.
Los niños reciben un mapa para orientarse, aun así la tarea no es sencilla. En el laberinto de 2,5 kilómetros abundan los callejones sin salida y es fácil perderse.
El laberinto se creó por primera vez hace 18 años en la cercana localidad de Kukutyin, gracias a los voluntarios del círculo de historia local Kiss Mária Hortensia, que querían atraer visitantes a una zona cada vez más despoblada. Desde entonces llegan cada año entre 2.000 y 3.000 personas para probar los juegos tradicionales de destreza y extraviarse en el maizal.
Según el círculo de historia local y la directora del proyecto, Endrész Erzsébet, lo más importante siempre ha sido dar a conocer Kiszombor a aquellos húngaros y europeos a los que les gustan los retos. Al fin y al cabo, se trata de una gran sala de escape.
El laberinto de maíz se puede visitar hasta el 22 de agosto.